Alfonso De la Vega

La Garita de Herbeira

Artículos, solfas y epistolarios

El horror de Alcasser. In memoriam

 

Quien controla la información y la ley adapta el criterio colectivo a su necesidad”  (duquesa de Medina Sidonia, La Ilustre degeneración)

 

Un famoso programa milenario de TV acaba de recordar el horror del crimen de las desgraciadas niñas de Alcasser. Un asunto tremendo que conmovió y horrorizó la opinión pública hace un cuarto de siglo. Una época en que la que yo era, quizá todos éramos, más ingenuo en la que aún no había internet, y por tanto menos posibilidades para el ciudadano común de investigar y contrastar diversas informaciones para formar la propia opinión.

La versión oficial, que apenas ya cree nadie salvo los que la montaron, consideraba el terrible crimen como un caso aislado, obra de un par de delincuentes solitarios, degenerado lumpen  de baja estofa. Uno de ellos desapareció u oportunamente se le hizo desaparecer. Otro fue juzgado y cumpliría algunos años de condena. Pero en la opinión pública queda la convicción de que se despreciaron y manipularon pruebas, otras desaparecieron. Se estorbó o impidió la posibilidad de realizar una investigación forense independiente y solvente.

Algunos de los que intentaron buscar la verdad, como el recientemente fallecido periodista Juan Ignacio Blanco que llegó a escribir un libro con sus investigaciones e hipótesis que fue secuestrado, o Fernando, el padre de una de las infortunadas víctimas, fueron desacreditados e incluso sometidos a juicio.

Hoy sabemos que desaparecen decenas de miles de niños cada año. Una terrible plaga mundial. Algo verdaderamente tremendo. Unos son utilizados para el tráfico de órganos. Otros para solaz criminal de homosexuales pederastas. O para rituales satánicos, incluido en ocasiones el canibalismo de las víctimas sacrificadas. O para explotación de mendicidad. Los más afortunados para adopción ilegal o alegal.

El caso Esptein, un famoso sionista presunto agente del Mossad y responsable de una red globalista de pederastas muy poderosos, dueño de una isla privada donde se perpetraban los crímenes, ha puesto de relieve la gravedad y extensión de estas prácticas diabólicas. Es una de las formas más terribles del Mal, y normalmente impunes porque tiene que ver con grupos plutocráticos muy poderosos e influyentes. Tanto el caso de Espstein, como en otros tales como los de NXIVM o la presunta red de pederastia conocida como Pizzagate del jefe de la campaña de la Hilaria Clinton, John Podesta, están muy relacionados con los líderes actuales del tenebroso y degenerado Partido Demócrata americano, del que es amigo y colaborador nuestro amoral doctor falsario.

Según los estudiosos y especialistas en estos temas las “razones” últimas de estas aberraciones aparentemente tan absurdas e increíbles son varias:

El poder chantajear a los próceres de todas las actividades políticas, económicas, financieras o sociales a los que se quiere encumbrar y que así quedan atrapados por la conservación de un secreto criminal en poder de los chantajistas.

Investigadores con conocimientos de medicina interna aseguran que las personas sacrificadas o en trance inmediato de morir segregan una hormona que prepara para la muerte que una vez recogida de los cadáveres se prepara como siniestro elixir cuya ingesta tiene un carácter embriagante y espectacularmente alucinógeno para los degenerados que la toman como diversión o como manifestación de exclusividad y pertenencia a la elite globalista criminal impune.

Otras hipótesis, de carácter más metafísico en la línea de lo indicado por San Pablo en su Epístola a los Efesios 6, 12: “Vestíos de toda la armadura de Dios para que podáis resistir las insidias del diablo, que no es nuestra lucha contra la carne y la sangre, sino contra los principados, contra las potestades, contra los dominadores de este mundo tenebroso, contra los espíritus malos de los aires…”, ligarían estos odiosos sacrificios a una suerte de alimentación vibratoria de entidades espirituales malignas. El sufrimiento, el dolor físico, el miedo, el odio, la angustia producirían vibraciones muy “nutritivas” para tales entidades astrales degradadas.

¿El Mal está en la conciencia del hombre o es servido por criaturas maléficas que no tienen porqué ser necesariamente todas humanas? Por ejemplo ¿Qué, o quiénes estaban detrás de Hitler o del siniestro fundador de las SS? ¿Detrás de los torturadores y asesinos de las pobres niñas hay algo más?

El investigador inquieto se vuelve a plantear ahora la pregunta que se han hecho muchos autores y estudiosos a lo largo del tiempo. El universo del Mal, ¿acaso tiene existencia propia? ¿Existen criaturas no humanas que lo forman y sirven? ¿Se alimentan con el sufrimiento, el miedo, la angustia que nos provocan? ¿Existe, en consecuencia, también un lenguaje de los ángeles?

Ciertos importantes textos más o menos históricos o legendarios así lo sostienen. Entre ellos, por ejemplo: La Biblia, el Libro de Toth, el Libro de Enoch, las Estancias de Dzyan, el manuscrito de Mathers base de la Golden Dawn, la Esteganografía del abad Tritemo, los escritos de John Dee, las obras de Pico de la Mirándola basadas en antiguos textos de Orígenes, la Cábala, o las de Nicolás de Cusa, Santo Tomás de Aquino…

Modernamente, cabe resaltar entre los investigadores españoles las obras del antiguo jesuita Salvador Freixedo, y en especial su importante libro Teovniología, que debiera servir de reflexión y debate por la gravedad de las cosas que dice.

También aquí en España la fallecida duquesa de Medina Sidonia dedicó un tremendo texto mitad ficción, mitad crónica reportaje, a estas cuestiones. Se trata de su obra La Ilustre degeneración. Una obra cuya lectura pone los pelos de punta. Lo peor ya no son los odiosos crímenes, que también, sino la capacidad de tergiversación, ocultamiento y manipulación del Poder. La sensación de impunidad con la que se perpetran. La sensación de que tienen tanto poder como para conseguir permanecer impunes doblando el brazo de la Justicia.

El caso de las desgraciadas niñas de Alcasser parece indicar que los errores y anomalías denunciados en la investigación no se deben únicamente actuaciones más o menos chapuceras propias del impredecible factor humano, sino muy probablemente también a la actuación de grandes poderes fácticos que han tratado y hasta ahora han conseguido, que los verdaderos autores de este odioso crimen permanezcan ignorados e impunes.

Debemos exigir se haga verdadera Justicia con las víctimas. Mientras tanto pido al amable lector una oración al Dios de su corazón por el alma de estas pobres niñas y por la paz y el consuelo de sus allegados…

 

 

 

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