Alfonso De la Vega

La Garita de Herbeira

Artículos, solfas y epistolarios

Brazos cerrados y motocarro abierto

La cosa ya aburre además de enfadar al más templado. El blanqueo de las mafias negreras por parte de los embrutecedores media del progretariado, que son casi todos. El intento de linchamiento de quienes aún mantienen algo de cordura o vivo el instinto de conservación, el impune despilfarro de recursos públicos, la demagogia hasta sus niveles más obscenos y descarados del doctor falsario y su coro de plañideras y ministras objeto, la desvergüenza de los mafiosos golpistas catalanes… suma y sigue.

Pero, mucho de lo que estamos viendo, de toda esa hipocresía progre, de esa memez buenista, ya fue denunciada por grandes artistas de cuando la oprobiosa del malvadísimo general Franco, el tenebroso creador de la clase media española, la Seguridad social, y maligno constructor de pantanos para que los insaciables chicos de Iberdrola presuman ahora de energías renovables.

Me refiero, ya lo he recordado en anteriores ocasiones, a dos obras maestras de nuestro cine: Plácido y Viridiana.

Tiemble después de haber reído. La subasta de pobres de Plácido, un sacrificado autónomo con motocarro que se las ve y se las desea para pagar deudas y llegar a fin de mes es copiada ahora por nuestros más encumbrados próceres europeos. A ti te tocan quince, los más salvajes (que para eso sois los más gilipollas o los más envilecidos), yo me llevo veinte. Yo dos, que para eso soy la locomotora europea.  Claro que ahora en vez de motocarro el doctor falsario humilla a la Armada mandando a uno de nuestros más modernos buques de guerra a recoger a tan preciosa carga. Los italianos lo dejan en alta mar hasta que el falsario ordena a la bizarra sor almiranta Margarita de pitiminí que les haga regresar a la base de Cartagena, cientos de miles de euros despilfarrados y con nuestra Armada reciclada como eficaces buques taxi condenada al ridículo.

Y ahora viene lo siguiente. Viridiana. La monja bienintencionada, trasunto de nuestra progrez enmucetada que acoge a los invasores, mendigos y maleantes que sin respeto ni compasión para quienes generosamente les acoge, se emborrachan, destrozan la casa de acogida y la violan.

Decididamente, la Realidad imita al Arte.

(Continuará)

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