Alfonso De la Vega

La Garita de Herbeira

Artículos, solfas y epistolarios

Rebelión feudal por los diezmos

Los señores feudales de los feudos monipódicos en manos de las facciones socialistas se han “cabreado” y protestan airadamente, no por el escándalo de la criminal entrega de Navarra a los filoetarras  perpetrada por su falsario jefe, sino por la audaz e insólita promesa de la flamante nueva presidente de la Comunidad de Madrid de hacer bajar impuestos. Impuestos que ahora no son precisamente los modositos diezmos de la Edad Media. Es de suponer, tal para cual, que los señores feudales de los feudos monipódicos en manos populares lo estarán igualmente pero lo callan para no dar pistas a sus enemigos compañeros mientras afilan la navaja cachicuerna a la espera de su propia ocasión. Ambos son vendedores de telas invisibles para el sufrido pueblo engañado y traicionado que las paga a precio de hilo de oro.

Más allá o acá de distingos de matiz entre unos y otros, el trinque es para quien se lo trabaja viene a ser el lema oculto común del tinglado o tenderete autonómico desplegado por los Borbones. Autonomías en su forma infecciosa más benigna significa despilfarros, tenderetes superfluos, incompetencia, obstáculos a las libertades y en las más nocivas y terminales, crimen, traición, felonía, saqueo y destrucción del patrimonio nacional común a todos los españoles empezando por el tesoro de su lengua milenaria hablada o conocida hoy en todo el mundo. Pero siempre engorde de la gusanera financiera plutocrática internacional que se nutre de deuda descontrolada creada por políticos irresponsables o corruptos a su servicio.

Es competencia desleal brama el jayán de popa de cierta cofradía y lo denuncia a los corchetes de su cuerda y los de las bandas colegas. La promesa de santiguar menos los bolsillos de los madrileños que los de los sufridos aragoneses constituiría competencia desleal entre bandas y monipodios rivales. Una ruptura del santo consenso de la no menos santa Transición.

No creemos que llegue la sangre al río. Mariano el sobrecogedor  prometió bajar los impuestos y una vez  apoltronado los subió sin misericordia dejando a sus súbditos sobrecogidos. Las promesas de Ayuso aún pueden durar menos.

Pero, la cuestión ya no es que facciones políticas abusan o roban menos que otras en el oneroso tenderete feudal autonómico, sino en eliminar este lamentable bastión de la servidumbre voluntaria. Y base de la corrupción estructural o endémica que padecemos.

NOTA:

En la imagen una morena y una rubia acompañan a don Hilarión en la verbena de la Paloma.

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