Alfonso De la Vega

La Garita de Herbeira

Artículos, solfas y epistolarios

Blas Infante y el multiculturalismo a la andaluza

Las chicas de Unidas Podemos siguen en franca rebelión contra el sentido común, la dignidad y la propia lengua española. A la pobre María Moliner le daría un patatús de vivir ahora y observar tanta estulticia entre tanta miembra y tanta membrilla. La última memez conocida procedente de la inquieta banda ha sido la de llamar “matria” andaluza a la fementida patria con chilaba moruna imaginada por el orate Blas Infante en algunos de sus peores delirios. La cosa en principio no tendría mayor importancia pero la cuestión del Islam y su utilización torticera para promover el nacionalismo regional en Andalucía sí que la tiene.

La verdad es que no se entiende muy bien, salvo porque las paguen los mismos «filántropos», que ellas, tan progres de género, sean tan aficionadas al Islam que legal, teórica y prácticamente relega y desprecia a la mujer, a la que considera un ser inferior que debe estar sometido al hombre. Un ejemplo de esto es, frente al derecho constitucional, la entronización de la sharia o ley islámica o la misma poligamia. Pero no se trata aquí de los conversos y conversas españoles u occidentales, una cuestión verdaderamente interesante por su rareza que mueve a perplejidad, sobre todo en el caso de las mujeres españolas o europeas, sino de la absurda y sectaria presente asociación entre Andalucía e Islam. No obstante lo anterior, debe quedar claro que en estas líneas no se pretende ofender las creencias de ninguna confesión ni menos el derecho a la libertad religiosa, sino criticar notorias falsedades históricas o las consecuencias políticas indeseables derivadas de la manipulación de algunos aspectos supuestamente religiosos en el ámbito de la sociedad, no en el íntimo de las conciencias. Y desde luego la terrible lacra del fanatismo religioso, aliado tantas veces al político.

El escocés Ian Dallas, quien al parecer fue durante un tiempo manager de Los Beatles, es el fundador de una especie de secta islámica conocida como movimiento morabito, de conversos autóctonos, europeos o americanos, diferente y enfrentado al Islam invasor o inmigrante que pretendía controlar. El nombre hace referencia los primitivos guerreros almorávides. A los antiguos combatientes por Alá, de resonancias que no parecen muy oportunas ni convenientes. Según investigadores que lo han estudiado en profundidad como Rosa María Rodríguez Magda, se trataría de una rama del Islam que aboga por la destrucción de los Estados actuales y la emancipación de las comunidades naturales a aquellos sometidas. En España el movimiento morabito empezó en Córdoba y se ha hecho fuerte en Granada donde han conseguido edificar una mezquita financiada por un sultán, el emir de Sharjah y se mantiene una comunidad islámica de vida más o menos autárquica.

Oficialmente, los musulmanes residentes en España son unos dos millones, y están en continuo aumento. Es decir, son muchas veces más que los moriscos expulsados en el siglo XVII. De mantenerse las actuales tendencias demográficas en el plazo de unas pocas décadas constituirían mayoría y podrían imponer su sharia, como ya empieza a suceder en algunos pocos barrios incluso de la Península. Tanto en la Cañada de Hidum o Cañada de la Muerte de Melilla como en la Barriada de El Príncipe de Ceuta es peligroso entrar para los no musulmanes. Son zonas controladas por los imanes donde ya apenas rige la ley española.

Los conversos españoles son minoría, acaso unos cuarenta mil. Algo menos de la mitad del total de musulmanes tienen pasaporte español, el resto son extranjeros. Donde más españoles musulmanes hay es en Ceuta y Melilla seguidos de Canarias, Extremadura, Madrid y Andalucía, donde superan o están muy próximos a la mitad del total de musulmanes.

En la Cataluña golpista, motivada por el proceso promovido oficialmente de desestabilización de España, existe una importante doble militancia islámica fomentada por las instituciones autonómicas borbónicas regionales, aunque vinculada mayoritariamente a la incentivada invasión procedente del norte de África más que a personal indígena catalán.

En cuanto a los yihadistas detenidos o muertos en España la mayoría, en torno a la mitad del total, son marroquíes de nacimiento y nacionalidad, seguidos de españoles especialmente nacionalizados.

Actualmente, el crecimiento publicado de las agresiones sexuales contra la mujer y en general contra la propiedad por parte de bandas criminales de musulmanes menores de edad está causando especial preocupación entre los ciudadanos conscientes, tanto por la violencia cobarde con la que perpetran sus crímenes cuanto por la impunidad con la que actúan, debido a la inoperancia de las leyes e instituciones españolas. Nuestras hembristas todo a cien tampoco parece que se dignen molestarse en defender a sus compatriotas cuando las agresiones son realizadas por la morisma.

La cuestión de la Andalucía política y el Islam no es nueva. En 1978 el ex seminarista y ex miembro del PCE Antonio Medina, converso con el nombre de Abderrahman, fue impulsor del llamado Frente para la Liberación de Andalucía (FLA) y luego con fondos marroquíes de la Yama ´a Islámica y la Universidad Averroes en Córdoba. Habsawi, imán de Sevilla de origen melillense, trata de recrear un Islam deísta, más relacionado con la tradición mística heterodoxa del sufismo y acaso con ciertas tendencias de la New Age.

Ya en 1986, un tal Muhammad al Mu´tamid funda el Frente Andaluz de Liberación para recuperar el mito del Islam tolerante como base ideológica de una futura Andalucía independiente de la malvada España integrista y destructora.

País Andaluz es un curioso documento no muy profético ni científico, paradójicamente publicado en Cádiz por el Consejo Superior de Investigaciones Científicas también en ese mismo año 1978, durante el periodo preautonómico, cuyo autor es Manuel Ruiz Lagos. El documento citado, muy interesante para comprender ciertos anhelos y esperanzas depositadas en el entonces futuro y hoy fracasado régimen autonómico andaluz, presenta una serie de “ideas” fuerza relacionadas con la configuración de la “nacionalidad” andaluza. Así, contra la sabiduría popular basada en la experiencia y expresada en el clásico “del jefe, del político y del mulo, cuanto más lejos más seguro”, se denuncia lo intrínsicamente perverso que es el centralismo y lo bueno que sería una Andalucía autonómica para curar sus males endémicos. O la validez del fisiocratismo para Andalucía. O la “devolución” de poderes al país andaluz. O la glosa del pionero Blas Infante, nacionalista andaluz fusilado durante la guerra civil, incluso con fotos en las que aparece disfrazado de pintoresco moro fantasmón, y de sus planteamientos políticos: el “liberalantismo”.

En el fondo adaptaciones o recreaciones lugareñas del mito rousseauniano: el hombre salvaje, en este caso el andaluz, es bueno y el Estado, España (o Madrid), le hace malo. En realidad es un hecho falsamente diferencial. En otras regiones españolas también se adorna la cosa nacionalista regional con clericalismo antiliberal. Tal así en Vascongadas con el pío orate Arana, o Cataluña con el meapilas Prat de la Riba. O de racismo, al que hay que añadir, además de los dos autores anteriores citados, al audaz teórico del nacionalismo galleguista, Vicente Risco.

El texto va desgranando los tópicos más singulares o románticos: la Andalucía idílica de Fernán Caballero, el programa de vertebración de Borrego, la creación del andalucismo, la ofensiva contra el general Prim de su ex colaborador contra isabelino Paul y Angulo, la autonomía municipal de Ángel Ganivet, el folclore como cultura popular de Alejandro Guichot, los aguafuertes andaluces de Eugenio Noel, las críticas a Ortega, el patriotismo de lo vulgar azoriniano, la rebelión machadiana…

Y los anhelos irredentos; la educación para la Libertad de Blanco White para superar las dos Españas, las actuaciones de la Sociedad Económica de Amigos del País andaluz…

Pero volviendo a Blas Infante, el ensayo de Ruiz Lagos glosa de modo detallado su figura y su obra a favor del nacionalismo andaluz. Su defensa de la “dictadura pedagógica” que ha de promover el comunitarismo social y conducir a la felicidad de los hombres, aumentar las riquezas del espíritu y el poder para liberarlas ¿Un probable antecedente de la zapateresca educación para la ciudadanía? Su intento de promocionar un alma colectiva de la liberación, su apoyo al programa colectivista de Joaquín Costa si bien matizado con una visión fisiocrática a la andaluza. Una contradicción porque el cacique medra especialmente entre los lugareños. Y Ruiz Lagos nos habla de la nostalgia de Infante por la Andalucía islámica expresada en su obra teatral Motamid: “Andalucía se presenta en la historia como un dorado exilio pacífico ante las fuerzas de la barbarie norteafricana, demoledora y dictatorial y el empuje fanático intransigente de los reyes cristianos de León y Castilla”.  El tal Motamid es un islámico trasunto del propio Infante, convertido al Islam en 1924 con el nombre de Ahmad.

En efecto, para Infante, Andalucía sería el ejemplo de la liberalidad y de la tolerancia, el punto más distante de los extremismos y del fanatismo. Cosa que de ser cierta también podría achacarse, y con mayor propiedad, a la Castilla originaria de Fernán González y los jueces Nuño Rasura o Calvo Laín, o de las behetrías y fueros de libre albedrío. La calificada por el  historiador republicano don Claudio Sánchez Albornoz como “un islote de hombres libres en la Europa feudal”.

Curioso modo de comprender nuestra historia común, agravado hoy con las rebatiñas pseudo ideológicas por el poder y el dinero público entre CCAA, el de achacar de modo mágico a las diferentes regiones españoles valores que en todo caso serían de la gente, de la clase dirigente o del pueblo, que hace (y deshace) instituciones a lo largo de los diferentes avatares históricos.

Desde la publicación del esperanzado y tan poco profético texto comentado han pasado ya cuarenta años y de algún modo los viejos problemas persisten aunque transformados. La Andalucía autonómica, hasta hace pocas semanas siempre en manos socialistas, lejos de haber mejorado en términos relativos, y por mucha nacionalidad que sea, sigue a la cola de España y como gran campeona de magnitudes negativas, incluidas las lacras de la incultura, del paro endémico y de la falta de movilidad social. Así, pues, el problema se ha revelado que no era la autonomía del pueblo andaluz más o menos desligado de la suerte del resto del pueblo español. Ni el que los andaluces fuesen mejores que el resto del pueblo español y bastaría librarse de la servidumbre de Madrid para alcanzar una anhelada edad de oro a la andaluza. La corrupción andaluza, tan bien retratada ya por Cervantes durante el Siglo de Oro en su magistral Rinconete y Cortadillo, se ha reforzado porque la oligarquía necesita ahora atraer y sobornar a los nuevos y abundantes agentes políticos del régimen, que ya no son exactamente los manijeros del voto del caciquismo tradicional. El Monipodio sevillano clásico se ha adaptado a los modernos tiempos autonómicos. Las organizaciones supuestamente populares y de izquierda están profundamente corrompidas por la impunidad propia del barroco sistema autonómico que dificulta e incluso casi impide en la práctica el juego de alternancia política, promocionando a los más ineptos y corruptos en detrimento de los mejores, de la verdadera aristocracia popular del mérito.

Acaso porque en España persiste el doble sistema político denunciado hace ya más de un siglo por el citado y mal comprendido Joaquín Costa, entre otros: El ropaje legal de Monarquía parlamentaria que encubre un sistema real de oligarquía reforzada ahora por el nuevo caciquismo, la usurpación de la representación popular por un degradado casi duopolio partitocrático, ahora ampliado, junto a la acción desestabilizadora de la economía real, la que satisface necesidades reales de la gente, por parte del globalizado gran capital financiero internacional.

Es preciso estar atentos a las justificaciones para el medro caciquil en las autonomías. El Euzkadi o la Catalunya hacia Dios de los píos beatos Arana o Prat de la Riba, encubridores de los intereses de la oligarquía regional más ventajista y retrógrada. El nacionalismo gallego comparte el racismo de los anteriores. Los Pujol han declarado que prefieren a los moros antes que a los andaluces. Paradójicamente sus aliados progres del PSC les proporcionan coartada.

Pero es curioso como la degradación intelectual, política y moral del corrupto y sectario socialismo andaluz le hace tener cada vez más puntos en común o de sinergia con los morabitos y, en general, con el Islam. Desde luego tiene que ver con cómo el impostado multiculturalismo propio del neomarxismo cultural al hilo de Gramsci o Alinsky busca la creación y “empoderamientro”, según su tenebrosa jerga, de grupos o sectas de diferencias reales o impostadas que tratan de burlar la igualdad jurídica, la libertad de investigación, conciencia, opinión, prensa o imprenta, amén de otros derechos civiles, característicos de la civilización europea y generalmente vulnerados por el Islam actual e histórico. Un potente instrumento de combate y desestabilización de las sociedades y Estados nacionales europeos. Esta cuestión de ataque cultural tiene importantes consecuencias.  Como una copia de la famosa Liga Antidifamación sionista y su persecución a lo que llama de modo genérico e impropio «antisemitismo», también su colega islámica exige un trato de favor para el Islam y coartar la libertad de investigación, opinión, imprenta y cátedra para evitar críticas.

En esta misma línea totalitaria represiva los socialistas han presentado y conseguido aprobar la admisión a trámite en el Congreso de la pintorescamente llamada Proposición de Ley de memoria histórica y democrática con sus neurosis y chiringuitos pilla pilla correspondientes para facilitar nuevos despilfarros y desfalcos presupuestarios. Pero lo que es peor, que supone otra vuelta de tuerca en la vulneración de los derechos civiles y constitucionales y permite cerrar las asociaciones que el socialismo considere adversarias o que se opongan a sus propósitos. Dada la literalidad del texto propuesto, incluso la propia Monarquía entronizada por el general Franco. Y aquí también cabría recordar que paradójicamente la actual PSOE, consolidada tras el golpe de mano de Suresnes, fue fundada y protegida por los servicios secretos de Franco y de los EEUU. Constituye por tanto una herencia, probablemente la peor, del franquismo.

Pero cuando falla la represión ideológica quedan otras posibilidades. Es conocido que movimientos como los famosos Hermanos Musulmanes han sido creados o manipulados por servicios secretos occidentales, así como de modo más reciente el terrorismo de Isis o del llamado califato o Estado Islámico.  Organizaciones que son empleadas para destruir derechos civiles, desestabilizar países europeos mediante actos terroristas o creando guettos ajenos a la legalidad constitucional, o bien para tratar de aniquilar los Estados laicos supervivientes en el mundo musulmán mediante terribles y sanguinarias agresiones bélicas.

Las intrépidas chicas de la inventada «matria» andaluza acaso no sepan lo que dicen. Pero, cuidado, ¿y si otros sí?

 

 

 

 

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