Alfonso De la Vega

La Garita de Herbeira

Artículos, solfas y epistolarios

$ociali$mo, sobre memoria histórica reciente y recuperada

Antes de que se apruebe la nueva y totalitaria Ley de Memoria histórica socialista que intenta suprimir los derechos a la libre investigación, cátedra, opinión, expresión o libertad religiosa, y representa un ataque contra la Monarquía, conviene ir recuperando algunos textos críticos contra el corrupto socialismo a la española. El que reproducimos a continuación se publicó hace un lustro en este mismo medio. Creo que es oportuno recordarlo cuando los hechos recientes indicarían que el socialismo de Pedro Sánchez ha decidido romper su alianza con los Borbones e ir, como ya hiciera en el 34 y en el 36,  hacía la destrucción del sistema constitucional español vigente. Para colmo, estas maniobras se producen cuando el fantasma de una nueva recesión internacional se materializa cada vez de modo más claro.

UNO

“Socialismo es lo que hacemos los socialistas”. O bien, “somos socialistas porque hacemos socialismo”.

El debate, más de características meramente personales que ideológicas o programáticas, entre los tres candidatos a dirigir el llamado PSOE, no ha dado para mucho más que para el arabesco demagógico, mohatrero o tautológico, no exento de algún que otro golpe bajo cuando el árbitro se hacía el distraído. Bien es verdad que el PSOE se comporta como marca de una conocida fábrica de empleos y comisionistas, hoy muy desacreditada por su escasa calidad y publicidad engañosa y por el “me lo llevo” indistinguible de los colegas de la escuadra de Bárcenas.

Sin embargo, hay que reconocer que en el aspecto de los métodos de elección de su secretario general, el PSOE ha ofrecido un ejemplo que no parece vaya a ser seguido por los súbditos de Mariano al menos hasta que se lleven su merecido revolcón electoral. La elección del candidato más agraciado y mejor visto por la derecha sociológica frente al candidato del aparato, que también parecía ser el de una facción importante de la oligarquía más reaccionaria, tradicional apoyo de la Monarquía, tampoco ofrece grandes pistas de por dónde van a ir las cosas. Un candidato sin apenas pasado, lo que en el Partido Socialista después de todo quizás no sea demasiado malo, pero del que sería difícil saber qué opina sobre nada, acaso porque él tampoco lo sabe.

Pero hubo un tiempo ¡tan lejano! en que el Partido Socialista tenía militantes incluso como don Miguel de Unamuno. Gentes con la cabeza bien puesta, con cultura y  con las ideas muy claras sobre muchos aspectos de la realidad de España: así, el socialismo como ideología y concepción del mundo opuesta a la carcundia clerical de los bizcaitarras, antiguo nombre de peneuvistas y su criminal escisión etarra. Unamuno era una de esas gentes que, junto a los liberales, antes preferían reunirse bajo las cosmopolitas ramas del majestuoso tilo del Arenal bilbaíno que las del rústico roble indígena bizcaitarra.  Y que no estaban por promover ningún hecho diferencial, ni federalismos asimétricos, ni menos compincharse con las reaccionarias oligarquías regionales contra los intereses generales de España y de los españoles. Entre ellos los del progreso y la igualdad de todos los españoles ante la ley.

Sí. Hubo un tiempo en que el PSOE no era monárquico, no estaba reducido a comportarse como un partido dinástico al servicio de la oligarquía, apenas pastaba en las descomunales praderas presupuestarias, ni sus más encumbrados gerifaltes pillaban consejos de Administración monopolísticos, paraísos prometidos para agradecer los servicios prestados por sus temporeros a nuestros próceres permanentes.

Y en tal lejano momento histórico y psicológico sí era un partido socialista e incluso quería hacer la revolución. Eran tiempos, esos de los años treinta, con aspectos muy parecidos a los actuales porque tanto entonces, como ahora, el sistema financiero internacional había desestabilizado en profundidad los sistemas políticos liberales, de modo que buena parte de la población europea, en sus ambiciosos deseos de comer caliente todos los días, desesperadamente buscaba otras alternativas. Fascismo, nazismo, comunismo estalinista eran soluciones desesperadas para una sociedad de mercado que se negaba a funcionar. En el caso español, también la originalidad del anarcosindicalismo y el comunismo libertario. La CNT, el hegemónico sindicato libertario, llegó a tener tres millones de militantes y eso que entonces, a diferencia de los de los subvencionados sindicatos oficiales de ahora, eran de verdad.

Luego, tras el desastre  de la guerra civil, el PSOE desapareció hasta su refundación como partido dinástico al servicio del poder económico tradicional, por el gran capital alemán y la protección de los servicios secretos norteamericanos. Disfrutar de un poder concedido para sus funcionarios con sus prebendas oportunas por la oligarquía tradicional española a la que legitima. Una versión no clerical actualizada de la vieja y obsoleta Alianza entre el Trono y el Altar.

Buena parte de su éxito electoral se debió a su comportamiento mohatrero apuntalando al rey impuesto por el caudillo con su sistema oligárquico factual recubierto de ropaje democrático, y a las reconocidas habilidades de cierto vendedor andaluz de alfombras falsas, con tanta labia como desvergüenza. Ambos conectaron con los anhelos de libertades democráticas y progreso en paz de buena parte de la clase media española, hoy arruinada por el régimen monárquico y su famoso comité de competitividad monopolística.

Una cosa que llama la atención de los actuales socialistas es su abandono de caracteres de identidad clásicos: La reivindicación de la españolidad como base de la solidaridad e igualdad ante la Ley de todos los ciudadanos españoles. Su oposición al caciquismo y la oligarquía financiera. Y un cierto sentido internacionalista, filantrópico y cosmopolita del ideal político.

El actual PSOE dinástico va a rebufo de los nacionalistas periféricos, la carcundia más caciquil, clerical e insolidaria. Mantiene relaciones de comensalismo parasitario con lo más granado de la plutocracia abusona tradicional. Y, al parecer, carece de análisis sobre los condicionantes del N.O.M. con sus nuevas amenazas, el pangermanismo político y financiero que está empleando las instituciones de la UE a su servicio, o el Tratado comercial con EEUU que se pretende perpetrar.

DOS

Cuando se va a cumplir un cuarto de siglo desde la caída del muro de Berlín, cabe preguntarse qué está pasando con el socialismo europeo y en concreto con el español. Aquí en España, salvo que se pretenda que lo único vigente es la tautología ya citada del “socialismo es lo que hacen los socialistas”, sería muy difícil definir qué cosa sea eso del socialismo a la española. Bien porque según parece carece de discurso o bien porque los diversos discursos de sus líderes públicos no son compatibles entre sí ni muchos de ellos con las diferentes tradiciones históricas. Y a falta de identidad propia viene la imitación de posturas o señas de identidad diferentes e incluso opuestas pues también lo son los intereses que sirven.

Explicaba Juan Eduardo Cirlot en uno de sus más conocidos libros que el manierismo es el estilo resultante de la petrificación de una manera, más allá de sus límites significativos. En el manierismo la fuerza de los moldes exteriores ha quedado endurecida y ya no sirve para contener el torrente vital de la evolución artística. Sería resultado de una incertidumbre derivada de la duda y la indecisión provocadas por la conciencia de que el presente se haya preso de un pasado no utilizable. Desde ese punto de vista la cacareada Transición española y los partidos políticos dinásticos que la han venido sosteniendo, y de modo fundamental el PSOE se encuentran en plena fase manierista.

Pero, visto desde otra perspectiva, las cosas en teoría no debieran ir tan mal para el socialismo cuando la economía de mercado no funciona bien hasta el punto que un mercado que se regula a sí mismo parezca una visión utópica y aumentan así sus oportunidades estratégicas. En un escenario en que el presente y el futuro muestran el apogeo del chantaje económico y la deuda descontrolada que usan a la sociedad como rehén. En el momento presente Europa cuenta con decenas de millones de parados, aumentan la inseguridad social o las desigualdades entre clases y regiones. Las transnacionales imponen su ley a los gobiernos que cada vez se muestran más impotentes para encarar el dilema: conceder más privilegios al gran capital a costa de la devaluación interna, la precarización en el empleo e incluso la depauperación de los más desfavorecidos, es decir, la “tercermundialización” de sus países, o, por el contrario, mantener los derechos sociales y dejar de ser así un aliciente para el capital que busca trabajo barato y domesticado.  El Tratado de libre comercio con EEUU que se pretende perpetrar ahora, negociado en secreto burlando las ya de por sí escasas garantías democráticas europeas, puede terminar siendo el remate para los saqueados países del Sur de Europa, entre ellos España.

Resulta necesario reconstruir la soberanía del Estado y la racionalidad y competencia técnica de su aparato o instituciones nacionales para hacer frente a las amenazas del gran capital internacional y los crecientes desajustes del sistema financiero con sus indeseables consecuencias ya vividas durante los pasados años treinta para los sistemas liberales. Esto parece imposible con el actual desastre autonómico. Ni puede abordarse con un sistema federal monárquico sin poder ejecutivo directamente elegido. Otro engendro en ciernes.

En ausencia o ante la dificultad causada por el desastroso liberticida sistema autonómico para promover e instrumentar políticas redistributivas clásicas en Educación o Sanidad, con carácter sucedáneo hoy se intentan vender mercancías alternativas. Así se adoptan como genuinas políticas socialistas la promoción de ciertos aspectos sociales marginales por su propia razón de ser. Así, por ejemplo, el fomento del movimiento gay o un feminismo mal entendido de carácter sectario.  Una desvirtuación del concepto común de progreso.

Aunque ya a mediados de los años treinta Juan de Mairena, heterónimo prosista de Antonio Machado, pensaba que el concepto de progreso estaba en entredicho: “Contra los progresistas y su ingenua fe en un mañana mejor descubrió Carnot el segundo principio de la termodinámica. O acaso fueron los progresistas quienes para consolarnos de ella decidieron hacernos creer que todo será para bien, como si el universo entero caminase hacia una inevitable edad de oro”

Y es que la opción socialdemócrata pilar de la construcción europea está ya en retirada en la nueva Europa del BCE y la Merkel. Parece incompatible con el nuevo pangermanismo financiero, hoy instrumentado mejor con deuda más o menos odiosa que con panzers, que está arrasando Europa, desnaturalizando el viejo ideal de reconstrucción e integración europeas. No sabemos cómo sobrevivir dentro del euro, ni tampoco parece viable hacerlo fuera. Para colmo, se cierne la amenaza del nuevo Tratado Comercial con EEUU que puede enterrar definitivamente el antiguo ideal europeo, reconvertir la UE en un coto privado de caza de las multinacionales que incluso podrán demandar a los Estados que legislasen contra sus intereses.

Un escenario de creciente desestabilización parecido al de los años treinta.

Si es preciso recuperar la soberanía nacional amenazada en España desde fuera por el nuevo colonialismo financiero y desde dentro por la carcundia separatista subvencionada por el actual tinglado borbónico, también lo es recuperar la economía real, la que satisface verdaderas necesidades humanas, de modo que el sistema financiero esté al servicio de la economía y de la sociedad y no al revés como hasta ahora. Hay un aspecto ideológico a tener en cuenta: El fin principal de la actividad económica en general y de modo especial los grandes monopolios es satisfacer necesidades reales de la gente y no tanto “crear valor para el accionista” como dice la falaz propaganda ideológica hoy comúnmente asumida y que, como consecuencia, los consejos de administración “se lo lleven”, como el escándalo reciente de los ochenta millones de Iberdrola, mientras saquean al consumidor indefenso.

Pero para eso es necesario que el dinero vuelva a recuperar sus antiguas funciones y, muy en especial, volver a ser la contrapartida del mundo de la producción real. Restablecer instrumentos como la famosa Ley Glass Stegall o Banking Act de Roosevelt para tratar de frenar la especulación financiera mediante la separación entre la banca de depósitos y la especulativa de inversión.

TRES

El vendaval de las últimas elecciones europeas con la inesperada aparición de Podemos ha puesto en evidencia la tramoya del viejo régimen Juancarlista. Un tinglado devenido en liberticida, de corrupción impune, amenaza y humillación de la Nación que está arruinando a la sociedad española. El gran varapalo experimentado por los partidos dinásticos junto con otras consideraciones nacionales e internacionales no confesadas, y acaso no confesables, han hecho tomar las de Villadiego al deteriorado jayán de popa del Monipodio español.

Su edecán para la mohatra socialista también ha decidido acompañar a su Señor en la espantada.

De las viejas caras visibles del Régimen sólo queda la tan ajada del déspota compostelano criado en Pontevedra. Un tipo experimentado en las mañas caciquiles y oscurantistas tan habituales en su Galicia natal. Un reaccionario, cobarde, al que de mayor le hubiera gustado más disfrutar del permanente Palacio del Pardo que del provisional y algo más azaroso de la Moncloa.

De modo que, salvo en el hegemónico partido de Bárcenas, se está produciendo un relevo generacional. Que no se sabe aún si es de carácter lampedusiano, rejuvenecer las caras para salvar los intereses del viejo y caduco tinglado borbónico, o por el contrario ha de tener un mayor alcance. En principio parece que es lo primero. El amo de la finca buscaría un nuevo manijero. Se ha sabido que Su Católica Majestad antes de irse habría pedido a la nueva gerifalte de la taifa andaluza que se hiciera cargo de la PSOE nacional a fin de seguir manteniendo su apoyo al Régimen como partido dinástico, mohatrero y corrupto. Botín, verdadero capo intocable de la oligarquía que “controla policías, jueces y periodistas”, también habría dado su bendición a la lozana andaluza. La escenificación del vasallaje que el nuevo secretario general electo del PSOE ha rendido a su oronda y redonda lideresa podría ser un indicio de tal relación de subordinación a los intereses oligárquico-monárquicos que darían al traste con cualquier intento de reforma en profundidad desde dentro.  O quizás no.

Pero ¿qué reformas? Dependen de varios factores, entre ellos el de disponer de alguna idea de lo que se quiere sea la España futura.  De constatar si la emergente Podemos, convertida en la tercera potencia política es una verdadera fuerza extramuros del Régimen o un mero señuelo de distracción oportunamente engordado por los servicios secretos y los media adictos. Un tenderete de falsa bandera organizado desde el poder para que Mariano pueda amenazar con un “nosotros o el caos”, que han demostrado ser también el caos. O, aunque de momento fuese una fuerza descontrolada, se podrá sembrar la discordia entre sus principales líderes, sobornarlos o neutralizarlos de algún modo.

Pero la actual crisis de funcionamiento y legitimidad de la economía de mercado con sus indeseables secuelas para la juventud española de incapacidad de integración social, paro o subempleo humillante, obliga a hacer algo al Régimen antes que la situación le desborde hasta un punto de no retorno.  Cada vez hay más jóvenes y no tan jóvenes desclasados, desubicados, incapaces de instalarse y consumir, emigrantes forzosos o con una existencia precaria que les impide formar una familia o llevar una vida razonablemente digna. Y todo ello mientras los monopolios y la inmoral casta política que los sirven se mantienen incapaces de poner remedio al problema, ni siquiera intentarlo y continúan con su habitual orgía de codicia y estulticia suicida.

Hasta ahora, acaso para tratar de disimular sus propias responsabilidades tripartitas con el desenvolvimiento subvencionado del golpismo separatista catalán, el PSOE propugna un vaporoso federalismo sin definir. Que más que un sistema moderno de organización del Estado en su territorio, dirigido a unir lo que antes estaba separado para reforzar el ejercicio equitativo de los derechos civiles y el desarrollo político y económico del conjunto de la nación, parece inspirarse en lacras reaccionarias históricas del pasado como el carlismo o la estulticia cantonal.  Y que tampoco define cuál sería el último átomo de indivisible soberanía.  ¿La comunidad autónoma? ¿la provincia? ¿el municipio? ¿el barrio?…

Sin embargo, en todo caso, un sistema federal digno de tal nombre debería ir unido a instituciones republicanas presidencialistas, de iure y de facto incompatibles con el régimen borbónico actual.

CUATRO

(O Corrupsoe sin propósito de enmienda)

Dentro de la nutrida saga de bandoleros españoles no podemos olvidar otra tierra clásica, además de Cataluña, donde se crían en abundancia. Sin tenerse que recurrir a los más toscos y majos bandoleros de Sierra Morena, gente del bronce, de calabrés y trabuco en ristre, ya nuestro gran Cervantes explicaba magistralmente las mañas del Monipodio sevillano. Y la tradición sigue: Sevilla, la tierra de María Santísima, bajo cuya advocación y amoroso manto se acoge la pía cleptocracia es ciudad irredenta de pícaros y golfos, donde el robo y la mohatra son un arte. Un Monipodio perfecto donde corchetes, escribanos, plumillas y golillas impunemente intercambian mañas, cohechos y botines con los más bragados jaques del hampa.

Mas en estos católicos reinos siempre puede haber un escribano o puñetero no avisado ni cohechado que pretenda hacer Justicia, olvidando que se administra en nombre del rey, y estropear a todos el negocio. Porque, aunque parezca mentira, aún quedan jueces y policías insobornables en el reino que no se prostituyen y se juegan un permanente dolor de cabeza cuando no la cabeza misma por hacer bien lo que exige su noble oficio.

Así tal, cierta juez valiente desafía la cleptocracia hecha régimen e, inasequible a las asechanzas oficiales ni a las amenazas, ha dado por concluido el de suyo casi infinito inventario de la delincuencia socialista, ugetera autonómica andaluza.

Si “socialismo es lo que hacen los socialistas”, la PSOE debiera ser erradicada cuanto antes por carecer del más mínimo propósito de enmienda. Es cierto que conocidos poderes fácticos internacionales han obligado a irse a algunos de nuestros próceres más corruptos o desgastados y existe una cierta renovación en los jayanes de popa de las diferentes bandas que constituyen el monipodio real, en un intento de salvarlo de la debacle total.

Pero los sucesores, más allá de los discursos regeneracionistas impostados para burla o distracción del sufrido público, hasta ahora no parecen dar la talla. La entronizada joven esperanza del socialismo patrio made in USA, una manola de nombre Susana pero sin baño, ha sido alabanciosamente recibida y jaleada con todos los honores por Su Abdicada Majestad y sobre todo por Botín, el gran jayán de popa de la oligarquía financiera. ¡Qué harían ambos sin la PSOE para mantener la pertinaz mohatra y santiguar los bolsillos de los trabajadores!

Y un tal Sánchez, galán de gran éxito femenino, poco después de prometer el oro y el moro en lo que a renovación y respeto al bolsillo ajeno se refiere, parece que se comporta como pipiolo o gorgolino incapaz de hacer otra cosa que la vista gorda ante los evidentes desmanes de sus antiguos jefes y jaques compañeros. Y compañeras. Una duda, ¿se creerá sus propios discursos? Si se los cree, malo porque demuestra pipiolez o inocencia para mandar en una banda de ese jaez. Y si no se los cree, casi peor, porque muestra su cinismo.

Pero el tiempo se acaba, aprieta Podemos tal como huestes bárbaras extramuros de la cleptocracia patria y los muros pueden caer a poco se les empujen porque se ha descubierto que algún patriótico prócer había robado el cemento.

Al cabo, nada nuevo en nuestra sufrida historia. Otro de nuestros grandes, Miguel Espinosa, explicaba en su famosa doctrina de los mandarines, que nunca me canso de recordar: “la idea sueña con el talante, deseosa de venir a la Tierra pero el talante es la corrupción de la idealidad. Ni la doncella ni el concepto producen descendencia, la primera debe ser desflorada, y el segundo corrompido”. Bien porque según parece el socialismo a la andaluza carece de verdadero discurso o bien porque sea tautológico, o porque los diversos discursos de sus líderes públicos no son compatibles entre sí, ni menos aún con los hechos observables.

Y a falta de identidad propia viene la imitación de posturas o señas de identidad diferentes según lo son los intereses de menudeo que sirven. Pero queda intacta la vocación por la poltrona y el famoso pilla pilla.

“Los colaboracionistas habitan la tierra como servidores de la casta dominante.

Cuando enmucetamos al necio, afrentamos la razón y su orgullosa pretensión de dar cuenta del mundo, misión reservada a la Gobernación.

Nuestros falsos sabios son la pella que arrojamos a la Inteligencia. La memez aislada y abandonada nada genera sino sandeces, pero enmucetada y condecorada, produce colaboracionistas.

La más alta forma de Corrupción es pudrir el Entendimiento”.

Esto seguramente es lo peor. El régimen ha podrido el entendimiento de los españoles. Las palabras ahora tienen significado equívoco, falaz, engañoso, variable a mayor conveniencia de oligarcas y sus colaboracionistas.

Así la tal doña Susana había demostrado con ocasión de la adjudicación prevaricadora de viviendas a sus correligionarios por parte de su banda asociada en la Junta, maneras de grácil jaca jerezana en el brioso arranque, pero luego de tosco rucio manchego en la inmediata parada. Regeneracionista de boquilla y bizarra lideresa contra corrupción, en pleno escándalo por el ordeño y saqueo de los parados andaluces, arriba parias de la tierra, ha declarado solemnemente que defiende la decencia y honestidad de sus puros antecesores. Puede que sean honestos y no le pongan los cuernos a sus respectivas, pero eso no significa que sean honrados, cosa muy diferente en lengua española. No sabemos quién, aparte de Su Abdicada Majestad o Botín que tanto deben a su banda, puede responder también por ella.

Y es que si se ha perdido la identidad se debería hacer un esfuerzo por no perder también la vergüenza.

Amén.

 

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