Alfonso De la Vega

La Garita de Herbeira

Artículos, solfas y epistolarios

Memoria histórica. Aniversario de un genocidio

El 6 y el 9 de agosto de 1945 el presidente Truman mandó arrojar sendas bombas atómicas sobre la población civil indefensa de dos ciudades japonesas, Hiroshima y Nagasaki causando cientos de miles de muertos entre ancianos, mujeres y niños. Uno de los mayores y cobardes genocidios de la Historia.  Era una nueva dimensión del terror, del espanto desatado, que superaba la destrucción mediante bombardeos convencionales de Tokio u otras grandes ciudades del Japón. O los también practicados contra las poblaciones civiles de Dresde o Hamburgo entre otras ciudades alemanas no objetivos militares por parte de Churchill.

Contra lo que luego sostendría la propaganda norteamericana a fin de tapar el verdadero alcance y naturaleza de su crimen, los ataques atómicos eran innecesarios porque Japón, completamente desarbolado, estaba sometido a un bloqueo naval que le hubiera obligado a rendirse pronto por hambre. No hubiera podido resistir mucho tiempo.

El genocidio de Hiroshima y Nagasaki supone un caso de crueldad gratuita. No exento del indisimulado racismo y supremacismo inherentes a la sociedad norteamericana. Una sociedad poco culta, prepotente, fanatizada por una oligarquía hipócrita, corrupta y criminal que le ha hecho creer que Dios les ha dado una misión que cumplir e imponer sobre la Humanidad sin importar los medios. Que siempre tienen razón para sus agresiones. Y que tantas veces ha demostrado carecer de filantropía y sentido de la compasión.

También un ejemplo tremendo de lo que puede dar de sí la naturaleza humana cuando caen las leyes y el hombre se convierte en un lobo para el hombre. Entre los huérfanos causados por la masacre mientras casi todos los niños murieron de hambre, penalidades o por la radiación, sin embargo las niñas fueron captadas por la criminal mafia japonesa para su explotación sexual. Tampoco los mandos superiores del ejército imperial japonés con el fanatismo de preferir al emperador a su propio pueblo se encuentran libres de responsabilidades en el trato que inflingieron a la población civil que se supone debieran defender.

Hay otros aspectos relativamente secundarios que completan la infamia o que ilustran su naturaleza. La censura para evitar que se supiera la magnitud del desastre lo que contribuiría a que aumentase el número de víctimas.  La consigna orwelliana de llamar artefactos a las bombas. El papel de la Ciencia y de los científicos. La premeditación organizada en la base de Los Álamos, Nuevo Méjico, no tan lejana en lo moral de las aventuras armamentísticas nazis. Claro que en este caso ellos eran «los buenos».

Después del bombardeo, EEUU creó un instituto de investigación (Atomic Bomb Casualty Commission) en Hiroshima y luego otro en Nagasaki pero no para tratar de curar a los enfermos con atención hospitalaria sino para investigar sobre las consecuencias de la radiación sobre el cuerpo humano. Algo parecido, en cierto modo, a lo de los siniestros médicos nazis. Usando a las víctimas y supervivientes como cobayas humanas.

Es de suponer que muchos norteamericanos aún siguen orgullosos del crimen o lo siguen justificando. Aunque el genocidio atómico en Japón desde luego supone un antes y un después.

 

La diosa de la Misericordia o de la Compasión conocida en Japón como Kwan-on es una forma femenina del buda de la compasión. En la talla medieval que ilustra el texto Kwan- on derrama hacia la Humanidad doliente el bálsamo celestial que sostiene en la vasija de su mano izquierda y recoge con el mudra de su mano derecha.

La divinidad Kwan-on  es auxiliadora de las gentes en peligro o devastadas espiritualmente. Invito al anónimo lector a una oración al Dios de su corazón en memoria de las víctimas y en auxilio espiritual de sus allegados y compatriotas en general.

Y a escuchar este homenaje en forma musical: Kohachiro Miyata toca Honshirabe al shakuhachi o flauta japonesa. (Pinchando aquí)

El Tao que puede ser expresado con palabras no es el verdadero Tao.

 

Otro sí digo

Sobre el ataque japonés a Pearl Harbour y el papel de los servicios secretos norteamericanos puede consultarse el esclarecedor documento del contralmirante norteamericano Robert A. Theobald donde explicaba sus investigaciones (Aquí).

 

 

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