Alfonso De la Vega

La Garita de Herbeira

Artículos, solfas y epistolarios

Calores y palabras al viento

Están siendo muy comentadas sendas recientes declaraciones, una del presidente de la llamada Sociedad Civil Catalana, Fernando Sánchez Costa, desde la zona cero del golpismo catalán y otra del Rey en funciones desde su plácido retiro veraniego en Palma entre regata y regata.

El primero abogaba por un nuevo diálogo para la reconciliación con los golpistas. Por tirar la toalla, expresado en términos más vulgares. Se comprende esa posición de hastío y desesperanza porque si hay algo claro a estas alturas y visto lo visto es que la Monarquía ha abandonado a los ciudadanos españoles tanto en Cataluña como en País Vasco, Navarra o con algún retardo o menor virulencia en Galicia, Baleares, Valencia…

Bien es verdad que incluso en la SCC la opinión de su presidente dista de ser unánime. Su vicepresidente, Xavier Marín, mantiene la defensa numantina y sostiene por el contrario que es preciso ilegalizar a los partidos golpistas.  El caso es que a los españoles en Cataluña les han abandonado. Les han dejado solos. Incluso Ciudadanos, el partido franco catalán supuestamente nacido para combatir los desmanes nacionalistas, ha huido en busca de valles más amenos y apacibles. La cobardía y la falta de solidaridad con las víctimas del nacionalismo corrupto y sus cómplices socialistas siguen siendo las notas dominantes de gran parte de las instituciones y sus ocupantes.

En efecto, parte considerable de la gravedad actual del problema catalán es que utiliza las instituciones de la Monarquía contra la Nación y los derechos civiles de los españoles allí residentes sin que hasta ahora haya habido un intento serio de hacer propósito de enmienda para corregir la situación. La Monarquía no debiera consentir que en ciertas regiones del territorio nacional no se cumplan las leyes. Sus leyes. Sus instituciones hostiguen la idea de España, persigan a la lengua oficial común y a sus hablantes… Todos los elementos, en suma, de la traición y el crimen.

Si hemos llegado a esta situación es por los tremendos defectos técnicos de la Constitución, en especial del Título VIII, agravados por la corrupción del entendimiento y de las costumbres. Otros factores históricos e histéricos aparte, entendemos que no se puede obviar la responsabilidad en este desorden de cosas de la alianza de civilizaciones entre dos dinastías, los Borbones y los Pujolones, para repartirse el botín. Dos de las mayores fortunas emergentes españolas obtenidas gracias a la Política.

Por su parte, el actual rey parece no resignarse a ser una figura meramente decorativa, al que poner impunemente cabeza abajo, para mayor befa y jolgorio de golpistas, traidores y ladrones de todos los monipodios y ganaderías. De vez en cuando dice algo, aunque demasiado poco dada la gravedad de lo que sucede. Sus palabras pueden interpretarse de modo muy diferente e incluso opuesto. Si su antecesor en el cargo jugó la baza de la UTE con los corrompidos socialistas por la que ambas partes se ofrecían legitimidad mohatrera mientras medraban e iban al negocio y al descuido, ahora tal complicidad no parece que pueda mantenerse con un socialismo asilvestrado, cómplice de la plutocracia financiera globalista a la que parece que ya no interesa mantener la España nación.

El socialismo ya no es un socio de fiar para los Borbones. Tampoco lo es ya la mafia catalana que ha decidido tirar su lucrativo tenderete de trileros para pasar al asalto a mano armada. Ya no vale lo que venía sirviendo hasta ahora. No es de extrañar que se le vea muy desmejorado, avejentado. No lo tiene fácil. Con unas instituciones en fallo multiorgánico. Un presidente en funciones cómplice del enemigo, con el peligro en retaguardia del fuego familiar amigo, va creciendo, ahora también la Navarra socioetarra, la superficie del Reino en permanente impune vacatio legis. Para colmo, tampoco se puede fiar de algunos de los pretendidos constitucionalistas que aguardan instrucciones desde el extranjero para promover una nueva Constitución confederal que enterraría definitivamente a la Nación. Y que de decidir mantener a a la Monarquía sería en el repugnante papel de Celestina o tratoconventos para legitimar el crimen cara a la galería.

De modo que la negra sombra amenazante de una nueva huida real a Cartagena cada vez se va haciendo más clara. Ironías de la Historia, la Dinastía de los Austrias empezó y terminó con un Carlos y con tres Felipes por medio. Capicúa. Ahora pudiera ser que la de los Borbones con varios Carlos por medio empiece y termine con un Felipe. Una Dinastía extranjera cuya entronización primero y mantenimiento guerras carlistas mediante, ha provocado cientos de miles de muertos y la pérdida de nuestra integridad territorial.  Pérdida que ahora pudiera terminar siendo definitiva como fin de fiestas de la Dinastía.

 

 

 

 

 

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