Alfonso De la Vega

La Garita de Herbeira

Artículos, solfas y epistolarios

Polémicas judiciales y costumbres sociales

Aún no se ha publicado la sentencia del Supremo que rectifica la anterior del Tribunal Superior de Justicia de Navarra sobre el polémico y lamentable asunto de la llamada manada, sin embargo el resumen conocido ha llenado de indisimulado alborozo a las hordas hembristas y sus abducidos satélites así como de correspondiente preocupación a los partidarios del Estado de Derecho. El juez Serrano ha criticado con razonamientos de carácter técnico jurídico el adelanto conocido. Naturalmente ha sido linchado.

Al observador no ducho en técnica jurídica, y que además para formar su propia opinión no ha podido ver el vídeo en que se basó la sentencia ahora revocada, siempre le quedarán legítimas dudas sobre lo acertado o no de las decisiones judiciales. Pero hay cosas que parecen fuera de duda. Y es el comportamiento de la chusma tras cuarenta años de educación en una democracia ejemplar como la que disfrutamos.

Chusma es chusma y al parecer, a diferencia de otras etapas históricas en que trataba de pasar más desapercibida, ahora fija costumbres, genera negocio y cohecha adhesiones. Chusma es la gentuza de uno u otro sexo que va a «divertirse» follando en grupo como bestias irracionales, cosa jaleada por la progresía socialista degenerada y por la derecha amorfa. No recuerdo bien qué miembra del harén gubernamental ha pontificado sobre la necesidad de acabar con el amor romántico. Quizás una obtusa tía de rompe y rasga, una Carmen, no la de Mérimée sino la de Cabra. Pocas cosas puede haber más odiosas que una violación. Pero, aquí y ahora, ¿qué puede considerarse como una verdadera violación?

En este momento, acaso sería especular demasiado el pretender que la Sala del Supremo ha sucumbido heroicamente a las presiones del populacho, de las hordas jaleadas por los media. Habrá que ver cómo explica que no habido consentimiento explícito o tácito. Pero tras el lamentable asunto de la manada hay todo una cuestión sociológica del cambio de costumbres así como la injusticia de tratar de modo distinto lo que es semejante o igual. Cuestiones ambas que confluyen de modo sinérgico en el proceso de destrucción de la civilización en el que nos encontramos incursos. Una cuestión de destrucción del amor tradicional entre el hombre y la mujer. Una cuestión también de vacatio legis constitucional. Gracias a las presiones de las hordas de hembristas fanatizadas y a leyes inicuas, principios fundamentales tales como la igualdad ante la Ley o de presunción de inocencia son violados sistemáticamente incluso por los que tienen a su cargo la protección constitucional de los derechos civiles. La cosa, ya digo, es selectiva.

Hordas de moros secuestran, torturan y violan a chicas y tal cosa no mueve a escándalo ni se montan manifestaciones hembristas de protesta por aquello del filantrópico multiculturalismo sorosiano. Al parecer, la morisma tiene sus propias normas que hay que respetar, según dictan las mafias hembrista y progre.

Muchos hombres son despojados de su honor, ejercicio de la paternidad o de su patrimonio, asesinados o empujados al suicidio por sus criminales parejas pero la cosa se oculta o no importa.

Mafias de hembristas organizadas con lucrativas subvenciones oficiales drogan, secuestran y desescolarizan a niños y acusan en falso a sus padres de abusos sexuales, pero la cosa parece que se tapa con una leve reprimenda.

Como decían los cobardes y degradados vascos y vascas acerca de las víctimas de su terrorismo etarra: “algo habrán hecho”. Desde luego, gozan de presunción de culpabilidad por ser hombres.

Veremos cómo justifica la Sala del Supremo su decisión.

Epílogo

¿Se vislumbra en el tenebroso horizonte alguna suerte de Justicia asamblearia? ¿Podrá votar el populacho, como en Gran Hermano u otros espectáculos del higadillo, el resultado de las sentencias?

 

 

 

 

 

 

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