Alfonso De la Vega

La Garita de Herbeira

Artículos, solfas y epistolarios

Votaciones y dasein nacional y europeo

A las incertidumbres más o menos habituales en cualquier proceso electoral hay que añadir esta vez la de si habrá o no pucherazo y con qué mañas. En el amenazado Reino de España hay varias nuevas votaciones preparadas para el domingo.  Según en qué sitios hasta tres. Con la actual disposición política son votaciones para cubrir todas las bazas de espadas que conspiran y atentan o pueden atentar contra la soberanía nacional española.  A nivel municipal, autonómico y europeo. Una especie de pinza destructiva bien aprovechada por globalistas, comunistas, socialistas, peperistas, buscones y oportunistas carroñeros de todas las clases. Es decir, las onerosas instituciones que engordan con nuestro dinero y actúan contra la Nación y contra la sociedad.

En el ámbito municipal las principales ciudades españolas han caído bajo la tiranía devastadora de las hordas comunistas, podemitas, socialistas y vomitonas varias.  Chusma del jaez de una Purita Colau, la jueza Vieja Trotapresupuestos, el Ferreiro, el Kichi, etc… todos ellos patrocinados o apoyados por los corruptos socialistas. Conscientes o no de la gravedad de sus fechorías, la  labor de demolición de estos robolucionarios al servicio de sus amos ocultos resulta imprescindible para la destrucción del orden social y de la convivencia, arruinando a la clase media y destruyendo sus modos de vida y sus hábitos culturales.

El ámbito autonómico constituye un importante, voraz, insaciable y monstruoso eslabón de destrucción de la soberanía nacional española, el Estado de Derecho, la igualdad de todos los españoles ante la Ley y de las posibilidades reales de lograr prosperidad y paz.

Pero hay otro eslabón para terminar de rematar el presente desastre español. La cosa esa europea. Sin embargo, pese a su evidente y contrastada peligrosidad, suele tener mejor fama. O al menos suele considerarse menos dañina que las anteriores, quizás por aquello que dice el sabio refrán de que del jefe y del mulo, cuanto más lejos, más seguro.  Pero ¿se está seguro? No. Porque tampoco se está “lejos”. Las imposiciones despóticas de Bruselas llegan a todas partes. La cosa europea procura coartadas para las mayores fechorías. Cualquier crimen o melonada es avalado por un hipócrita nos lo exige Bruselas.  La tal Bruselas, refugio hoy de traidores y golpistas como siempre lo fue de asesinos etarras, es una entidad magmática, misteriosa, surrealista, no democrática, sometida de facto a los poderes globalistas más inconfesables. Y a la que son sacrificados como nuevo Moloch progre los restos de la soberanía nacional de los pueblos. Una soberanía en el caso español doblemente amenazada por la acción simultánea devastadora de las instituciones autonómicas y de la UE. Regionalistas e internacionalistas que a veces actúan con sinergia devastadora. Un ejemplo. En lugares como la archi-burocratizada Extremadura los socialistas utilizan la a veces absurda o inadecuada normativa europea para obstaculizar la creación de empresas e impedir consolidar un entramado de pequeña y mediana empresa contrario a su objetivo de criar y apuntalar pobres, ignorantes y dependientes de los que se nutre su poder de dominación social. La defensa de la pequeña y mediana propiedad nos previene contra los excesos del Estado Providencia y el sometimiento a los políticos demagogos.

El caso de los golpistas catalanes fugados también es paradigmático. Usan las instituciones europeas como burladero para humillar y escarnecer impunemente a España y a los españoles. Claro que la Monarquía tampoco parece que haga mucho por defendernos. No actúa con contundencia, como si reconociera carecer de legitimidad para acabar con los golpistas por las buenas o por las malas exigiendo a los demás respeto a nuestras instituciones así como colaboración activa en la persecución de los criminales. Para eso se supone que debiera servir pertenecer a la UE. Pero no. Incluso se consienten baladronadas y humillaciones por si acaso Estrasburgo nos critica. En cuestiones graves sobre la unidad de España no podemos hacer dejación de nuestra soberanía nacional para complacer a terceros cuando no directamente al enemigo. Pero se hace.

Sin embargo, pese a todos estos crímenes o fechorías antidemocráticas y antinacionales, muchos se proclaman europeístas. Pero, ¿qué Europa? ¿La actual dictadura plutocrática globalista de la llamada UE contra las naciones y sus pueblos y culturas que utiliza votaciones como las del domingo para procurarse una coartada? ¿O bien otra Europa?

Los prostituidos media globalistas, que por desgracia hoy son casi todos con influencia sobre la masa, calumnian a quienes no les hacen el juego o se oponen al despotismo uniformador calificándoles de populistas, extrema derecha, totalitarios. ¡Como si la UE fuese democrática! Sin embargo jalean a los que pretenden diluir la propia soberanía de las diferentes naciones así como sus entidades culturales en el magma antidemocrático al servicio de la plutocracia internacional de la UE.

De este modo, si te opones a la destrucción de tu país por la invasión incontrolada al estilo Plan Kalergi, no eres un patriota preocupado por el Bien común sino un fascista. Lo mismo si estás en contra de los programas de destrucción de la familia, el aborto subvencionado, el nazi-feminismo progre, la dictadura LGTBI, la impunidad delictiva o el engorde de la gusanera de la Deuda por políticos demagogos, prostituidos, viciosos chantajeables o corruptos al servicio del amo además de su propia codicia o ambición.

La cosa recuerda a procesos en la Naturaleza tales como el de invasión y posterior destrucción de una bacteria por un virus. Éste controla y modifica el anillo cromosómico de la bacteria para que genere proteínas del virus invasor en vez de las de la bacteria. Una vez utilizada queda exánime y muere mientras la invasión viral crece atacando a otras bacterias.

En este proceso que vivimos, la plutocracia de la UE, oculta tras sus instituciones globalistas, y la socialdemocracia europea son cómplices y actúan con sinergia. Los unos consuman la diarrea legislativa o normativa arruinando entramados empresariales, generando miles de normativas y subvenciones y con ellas confusión, arbitrariedad y corrupción asociada. El engorde y cebo de la gusanera socialista. Más déficit. Más impuestos, más ruina. O más deuda “soberana” para engordar el beneficio y el poder real de los financieros globalistas, los verdaderos amos de los socialistas. Los otros, desde la sombra impune y no sometida a desgaste electoral, promueven su labor de destrucción y protegen sus fechorías. Blanquean actuaciones y delitos. Y embrutecen la opinión pública para que trague con todo. Y es que, por esa u otras razones de tipo psicológico, aunque la mayoría no lo reconoce o no quiere aceptarlo, la Izquierda actual está degradada por su complicidad con el NOM. Y forma parte del sistema, es una Izquierda de falsa bandera.

El igualitarismo que preconiza el marxismo, hoy fundamentalmente cultural y no al estilo clásico, es una trampa del Capital. En las comunidades hay jerarquías y diferencias. Es decir, orden en vez de entropía o incapacidad de diferenciar un estado o una cosa de otras. Otra cosa diferente es el de los valores establecidos en la jerarquización. El Estado asistencial, más o menos despótico, se ve reforzado al fomentar la dependencia y obstaculizar la autonomía e independencia de las personas. El igualitarismo supone dominación y dependencia y es compartido por el economicismo reductor o el internacionalismo.

El ser humano es un animal con raíces, con patria, con tradición.  El marxismo multicultural, y su tiranía de lo políticamente correcto, inoculado por los media e instrumentos de ocio es una forma de atomizar al hombre, de laminar sus defensas y cortar sus raíces en beneficio del gran Capital. Que prefiere no ciudadanos sino entes sin pasado, sin memoria, sin patria, degradados a mercancía o a productores consumidores de mercancías.

Aunque esto pueda escandalizar a la nueva y poderosa casta sacerdotal conocedora de la teología de abstractos econométricos o dogmas de curvas de oferta y demandas, la Economía no es una ciencia en sentido estricto y debe estar subordinada a la Política y no a las Finanzas como lo está ahora, con instituciones como el BCE, el FMI, o el BM fuera de todo control democrático.

Lo económico no es una realidad autónoma, abstracta, no hay un homo economicus de carácter abstracto, independiente de las relaciones culturales, históricas o de poder. Un ente calculador en lo económico antes que racional. De hecho, en la sabia tradición económica española de la Escuela de Salamanca, la Economía se consideraba una rama de la Moral, tratada por teólogos, no como una “ciencia” independiente. La Política debe emerger de nuevo sobre la Economía, ejercer la soberanía. No enmucetar ni deificar la Economía como simple número, PIB, macromagnitudes abstractas, como algo a-histórico y asocial en vez de cómo satisfacción de necesidades reales. Las cosas se estropean cuando la misión de las empresas se convierte en crear valor para el accionista en vez de satisfacer las necesidades reales de la sociedad. La pequeña y mediana empresa suele entender mejor las necesidades reales del ámbito social y cultural en el que se mueve. De modo que la defensa de la pequeña y mediana propiedad nos previene contra los excesos del Estado Providencia y de la globalización.

El internacionalismo que se nos vende encubre formas diversas de imperialismo, especialmente de una potencia real que absorbe nacionalidades y soberanías inferiores. Aliado con el economicismo impone un final de la Historia único para todos los pueblos y para cuyo logro es necesario la destrucción de los actuales Estado Nación. Un proceso de desbaratamiento del Orden internacional basado en diferentes naciones más o menos independientes o soberanas que se conoce como globalización.  Un gran totalitarismo camuflado por instituciones mohatreras que es el proyecto real de la UE actual contra el que hay que enfrentarse.

Y es que el Capital necesitaba a las Naciones Estado, ahora no le sirven. Al revés, sus culturas diferenciadas su Orden social, sus clases medias, resultan más un obstáculo que una palanca. Son focos ideológicos y emocionales de la resistencia a la globalización que se está perpetrando. De ahí que los nuevos movimientos políticos contra la presente organización de la UE, de control de las invasiones o del déficit y la Deuda, sean calificados hipócrita o cínicamente como de extrema derecha, porque la defensa de la nación es incompatible con el internacionalismo tal como se practica.

El Capital requiere un mundo unipolar o multipolar, pero de grandes áreas o continentes.

Y con tal panorama, ¿Qué hacer?

Desde cada dasein heideggeriano o “estar ahí” propio de cada ser y de cada nación soberana europea y contra la actual UE, se trataría de intentar desarrollar un nuevo federalismo digno de tal nombre, con control democrático a escala europea de abajo a arriba y en una jerarquía de subsidiariedad a escala de Estado Nación, de arraigo y de construcción europea, capaz de resistir las invasiones o colonizaciones, la americanización, islamización o africanización, socialización, que sufre la actual UE. Es decir, respetando la Cultura y Tradición de cada nación.

A los europeos, especialmente a los del Sur, no nos conviene la actual UE tan fuertemente influida por los países no mediterráneos. Ni  tan anglosajonizada. Con tan grande subordinación al imperio anglosajón como se está demostrando ahora con los ridículos intentos de evitar el Brexit. Al revés, para favorecer los intereses europeos, no solo económicos y energéticos, sino también culturales, deberían construirse puentes de colaboración con Rusia en vez de hostigarla por imposiciones de la NATO.

Estamos inmersos en un proceso revolucionario, robolucionario según muchos. La batalla Cultural es decisiva y la estamos perdiendo. En parte porque quizás ahora la experiencia de la generación anterior ya no sirve a las nuevas.

Pero no hay que rendirse. Hay que aprovechar los resquicios del tinglado para intentar revertir lo que pasa. Y, de momento, votar el domingo en consecuencia. A favor de la Nación y contra el globalismo e internacionalismo que nos imponen.

 

 

 

 

 

 

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