Alfonso De la Vega

La Garita de Herbeira

Artículos, solfas y epistolarios

Obituarios: «Freddy, el Químico»

La muerte de Alfredo Pérez Rubalcaba está siendo ocasión para dar otra muestra más del grado de abyecta impostura que ha alcanzado el Régimen borbónico.  Un coro de inconsolables plañideras de una y otra banda rival llora hoy desconsolado por la desaparición del que fuera encumbrado prócer y jayán de popa interino ya retirado de la PSOE.  Un ejemplo más de que la casta es la casta y defiende sus intereses de modo conjunto contra el de los engañados y traicionados súbditos. Y no solo su propia banda, incluso sus más acérrimos enemigos y rivales en el escalafón del Monipodio monárquico alaban las virtudes, más falsas que oro de alquimistas, del finado. Tenebroso personaje que tras años de espía y chanchullos, según confesaba: “sabía todo de todos”, pero que se ha llevado en su definitivamente destruido disco duro muchos secretos a la tumba.

Oportunamente, porque en los mentideros de la Corte se especulaba acerca de las próximas revelaciones del compañero y heroico filántropo Villarejo acerca de su portentosa vida y milagros. Un abogado del diablo con nutrida munición.

Y es que Rubalcaba, buen conocedor de las cloacas, estaba en casi todos los saraos. Fue ministro cuando los del felipista GAL pero luego participó en los trapicheos para blanquear la banda asesina nacionalista vasca por parte de ZP. Su intervención para espantar a los etarras del Faisán y evitar su detención fue decisiva. Con la ayuda del entonces juez Marlasca y ahora jefe de los corchetes, “que es maricón”, según da fe de ello la Notaria Mayor del Reino, y ante tan preclaro y encumbrado testimonio notarial no podemos oponernos.

Sin embargo, no parece que será recordado por sus funestas acciones contra  Fórum Filatélico y Afinsa. Es sabido que de vez en cuando, como ahora con los accionistas del Banco Popular, el Régimen santigua los bolsillos de ahorradores e incautos que confían en sus instituciones. De la primera sociedad era presidente honorario nada más y nada menos que su Emérita Majestad. El yate con su nombre y patronazgo sufrió mejor suerte, pues era patroneado por el abdicado deportista regio a toda vela por las aguas de la bahía de Palma o de Vigo y las más procelosas de la impune corrupción patria de monipodios y alcantarillas.

 

El gran Valle nos caló muy bien (*)

«UN SEPULTURERO:  Los papeles lo ponen como hombre de mérito.

OTRO SEPULTURERO:  En España el mérito no se premia. Se premia el robar y el ser un sinvergüenza. En España se premia todo lo malo.»   

 

Descanse en paz Rubalcaba y que disfrute de la Paz que deja ¡Qué Dios se apiade de su alma! Y de la nuestra de infelices ovejitas llevadas al degolladero por pastores degradados e impostores que no necesitan lobos pero fingen desconsuelo por los males que nos provocan.

 

(*) Texto tomado de las obras completas de Valle Inclán, tomo II. Luces de Bohemia. Esperpento. Página 943, Editorial Espasa.

 

 

 

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