Alfonso De la Vega

La Garita de Herbeira

Artículos, solfas y epistolarios

Primus circundedisti me

Se cumplen quinientos años de la primera circunvalación al mundo iniciada por el navegante de origen portugués al servicio de España Fernando de Magallanes y tras su asesinato por una tribu indígena hostil terminada por Juan Sebastián Elcano.

Hasta hace unas pocas fechas la celebración de esta gloriosa gesta española estaba pasando con más pena que gloria en este desquiciado Reino. Pero hete aquí que la sublime pareja científica formada por miss Carmen la de Cabra y un señor contratado para la ocasión han dictaminado que se trata de una gesta ibérica y que la cosa no es para nacionalismos ni leches ¡Toma ya! Lástima que los ingleses sigan diciendo que la gran hazaña de la navegación mundial se debe a su héroe nacional, el pirata Drake.

Y es que aprovechando la presente incompetencia oficial española entretenida en otros sí digo y pilla pilla varios, los portugueses la intentan hacer pasar por suya cuando tanto la titularidad de la expedición como el navegante que finalmente la llevaría a término fueron españoles.

Triste sino el de muchas de nuestras gestas históricas más grandiosas o gloriosas. Si los héroes de ellas fuesen ingleses tendrían sus descomunales columnas conmemorativas con sus leones y todo como en Trafalgar square. En cambio, son compatriotas. Dignos, por lo que se ve, de calumnias, insultos y olvido. Genios militares a los que España tanto les debe, como don Blas de Lezo que contra toda probabilidad de éxito heroicamente defendió la plaza de Cartagena de Indias contra la agresión de una enorme escuadra bajo el mando del almirante Vernon, son aquí motivos de reciente befa entre nuestra canalla titiritera y la bien cebada tropilla de buscones, fulanillas y picaflores. Por lo menos, algo es algo, el gran Jorge Juan mantiene una calle en Madrid si no es retirada por el fanatismo ignaro de la mal llamada memoria histórica.

En 1836, Darwin, tras su expedición científica en el Beagle fue colmado de honores y tiene una estatua preeminente en la escalera principal del museo de Historia Natural de Londres. En cambio, cuando el almirante Alejandro Malaspina arribara a España en 1794 con sus dos corbetas “Descubierta” y “Atrevida” tras un periplo de un lustro, extraordinario desde el punto de vista científico, su premio borbónico fue ser encarcelado en el castillo de San Antón de La Coruña y su la ingente documentación, colecciones y herbarios secuestrados. Triste colofón a una gran aventura ilustrada tanto de carácter geoestratégico así como científica desde el punto de vista de la Astronomía, Geografía, Hidrografía, Botánica, Zoología, Mineralogía, Farmacopea, Historia prehispánica…

Pero, valga el desahogo y volvamos a la aventura de circunvalación de Elcano.

¡Hay otro mar! A finales de 1513, durante expedición por tierra, Núñez de Balboa había descubierto el Mar del Sur, el luego llamado océano Pacífico, pero sería vilmente asesinado por su suegro un tal Pedroarias, traidor y corrupto gobernador de Panamá. Tal descubrimiento desvaneció por completo la creencia de que nuestros descubridores habían llegado a la India, si bien posibilitaría la conquista del Perú y Chile.

Por su parte, en 1515, Díez de Solís había llegado con su expedición hacia el Sur hasta el estuario del Río de la Plata.

El caso es que el continente americano suponía una barrera que era preciso salvar para continuar las expediciones navales hacia el deseado Oriente de las especias. Hacia el mítico y dorado Catay asiento de tantas riquezas y ensueños. Ya en 1494, el Tratado de Tordesillas había repartido el mundo pagano por conocer entre los reinos católicos de España y Portugal. El oeste era la parte española que debiera ser descubierta por nuestra Marina y colonizada por la Corona de Castilla. Era necesidad geoestratégica, pues, buscar una ruta propia española, es decir navegando hacía occidente, hasta las Molucas o islas de las especies. Con sus joyas botánicas descritas por Gomara en su Historia General de las Indias treinta años después de la epopeya.

Tales fueran los orígenes de la expedición española a las Molucas formada inicialmente por cinco naos, “Trinidad”, “San Antonio”, “Concepción”, “Victoria” y “Santiago”, con 237 hombres al mando del recién nombrado para la ocasión capitán general Fernando de Magallanes, quien como navegante experimentado se había ofrecido a la Corona española para el realizar el proyecto. Magallanes había presentado al emperador Carlos y nuestras autoridades una carta de cierto pariente, escrita en las Molucas, en la que animaba a ir a su encuentro en ese centro paradisíaco del mundo. Tras varias peripecias en la Corte en la que al parecer no faltó siquiera un intento de atentado contra Magallanes por parte del rey de Portugal, se firman las correspondientes capitulaciones. Bajo el patrocinio del emperador, la expedición salió de Sevilla el 10 de agosto de 1519 y de Sanlúcar el 10 de setiembre.

Portugal intentó sabotear el viaje en varias ocasiones. Pero pese a los hostigamientos, en abril del año siguiente, ya en la Patagonia, comenzaron diversas disputas internas, insubordinaciones y contratiempos. La nao “Santiago” se perdió. Juan de Cartagena al mando de la nao “San Antonio”, la segunda por tonelaje, se insubordinó y se hizo provisionalmente con la “Concepción” y la “Victoria”, aunque fue reducido por los leales. El portugués Esteban Gómez, que había sustituido al rebelde Juan de Cartagena en el mando de la “San Antonio”, una vez descubierto el Estrecho de Magallanes se volvió a España desobedeciendo a su compatriota. Cruzado el Estrecho, las tres naos restantes entraron en el Pacífico a finales de noviembre de 1520.

Tras una penosa singladura de tres meses cruzando el Pacífico sin comer nada fresco avistaron unas islas que llamaron de los Ladrones y de las Velas latinas. Luego de reponerse en lo posible llegan a las Filipinas y a Cebú.

En una de esas islas, Mactán, en abril de 1521 Magallanes es asesinado por los indígenas durante una emboscada. Perecen también Mendoza, el capitán de la Victoria y otros más expedicionarios. Tres días más tarde mueren otros veintisiete miembros de la expedición y entre ellos el gran piloto y científico Andrés de San Martín, una gran pérdida por su extraordinaria valía. Muerto también Barbosa, sucesor de Magallanes, fue nombrado un tal Carballo y luego depuesto este piloto por falta de lealtad. Tras él fue nombrado González Gómez de Espinosa como capitán de la “Trinidad”. Entre tanto hubo que tomar una decisión drástica. Con una tripulación en cuadro tras tantas bajas no quedó más remedio que abandonar la nao “Concepción” de la que se aprovecharía pertrechos e impedimenta antes de ser destruida.

En setiembre de 1521 Juan Sebastián Elcano, antiguo maestre de la sacrificada nao “Concepción”, fue nombrado capitán de la nao “Victoria”. Por fin, el 8 de noviembre ambas naves supervivientes arriban en las ansiadas Molucas. No terminan aquí las peripecias de tan azarosa y agitada singladura. La “Trinidad”, nao capitana, comienza a hacer agua y precisa una larga reparación.

Y aquí viene otra importante decisión que daría lugar a la extraordinaria gesta que hoy hacemos mérito. Los capitanes acuerdan que la “Trinidad” permaneciese en el puerto de Tidore hasta ser completamente reparada y que luego regresara con rumbo Este a Panamá. En cambio, la “Victoria” al mando de Juan Sebastián Elcano iniciaría su viaje de regreso a España con rumbo Oeste por la derrota africana de El Cabo.  Parte el 21 de diciembre de 1521 con sesenta hombres, algunos pocos nativos de las Molucas y el barco cargado de especias.

Tras una penosa travesía y con mucho esfuerzo, luchando con vientos contrarios, logran doblar el cabo de Buena Esperanza el 18 de mayo de 1522.

En Cabo Verde, donde llega Elcano con la tripulación muy diezmada, sufren un nuevo hostigamiento portugués. Por fin, un 14 de julio, parten los veintidós supervivientes rumbo a España. Tras avistar el cabo de San Vicente, el 6 de setiembre arriban en Sanlúcar su puerto inicial de partida.

Los héroes al borde último de sus fuerzas remontan el Guadalquivir hasta Sevilla y ofrecen la prodigiosa y admirable gesta a la Virgen trianera de Nuestra Señora de la Victoria.

 

Hasta aquí el resumen sumario de esta extraordinaria gesta española, orgullo de Castilla y de España como nación, gloria de la Hispanidad y de la propia Humanidad en su conjunto.

Gesta quijotesca que, sin embargo, por su misma grandeza se explica pueda atragantar a sus enemigos como el traidor impostor doctor falsario, el intrépido astronauta, necio inquisidor de terapias alternativas, que a lo más arriesgado y heroico que ha dado la vuelta es a Hacienda, junto al resto de su siniestra, amén de felona, ridícula y liberticida tropilla gubernamental.

Y es que mucha “memoria histórica” y mucha impostura, memez y felonía propia de las corruptas e ignaras zurdas españolas, pero luego se ningunea lo mejor de nuestra memoria. La de nuestras mayores gestas, orgullo de España.

Pero, pese a quien pese, ¡Honor y gloria a nuestros antepasados, los grandes navegantes!

 

 

 

 

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