Alfonso De la Vega

La Garita de Herbeira

Artículos, solfas y epistolarios

El extraño caso del obispo torero

Su Ilustrísima y Ordinario de Granada, el mitinero monseñor Martínez, se ha echado al monte adehesado, solo o en compañía de otros, a torear a la luz de la luna y en calidad de espontáneo porque no parece que pertenezca como titular a ninguna de las cuadrillas que se disponen a lidiar la peligrosa corrida concurso de ganaderías del 28 de abril.  En este caso no será por lo de que más cornás da el jambre porque el ilustre prelado la verdad es que mostrarse, se muestra vistoso. Puede que el arrebato que glosamos sea para aprovechar acaso la última oportunidad de lucirse con media atornillada seguida de revoleras, por si los animalistas compinches de los otros mercenarios sorosianos socialistas y podemitas consiguen prohibir la Fiesta. Nada que ver, desde luego, con las heroicas hazañas reales semejantes de un meritísimo Juan Belmonte glosadas por el gran Manolo Chaves Nogales en una pequeña joya de la literatura española.

Pero bien el artista no tenía su día o el morlaco era demasiado para él y esta vez la faena episcopal ha resultado asaz deslucida, rondando lo esperpéntico. No ha cuajado una de esas bizarras corridas bien lidiadas que admiraba don Luis de Góngora medio a escondidas de su jefe. Ni menos, el sol pace estrellas en campos de zafiro

Aquí no se ve amanecer que valga sino más bien la triste decadencia de una veterana institución, otrora señera del pensamiento español y pionera del establecimiento del derecho de gentes, o de las Letras en su etapa más gloriosa, como fuera la Iglesia Católica española. Inteligente y valiente, capaz de enfrentarse con lucidez y honor al Poder cuando no ejerciéndolo con dignidad como el Cardenal Cisneros. Leyendo los absurdos churriguerescos circunloquios del señor Martínez ¡quién podría decir que pertenece a la misma Institución que ha dado nombres tan gloriosos como el P. Mariana, el P. Suárez, Fray Luis de León, Arias Montano, el P. Valencia, o San Juan de la Cruz, sin olvidar al insigne culterano poeta taurinófilo antes citado!

¡Qué claridad en la confusión! Desde que el P. Isla narrara los sermones de Fray Gerundio de Campazas, alias Zotes, no se había visto otra cosa igual. ¿Será que el material eucarístico del obispado granadino estará contaminado con cornezuelo del centeno lo que permite a Su Ilustrísima estas atrevidas alucinaciones visionarias?

Claro que de todo hay en la viña del Señor. También personajillos acomplejados repelentes como Las Casas a cuya escuela parece pertenecer en calidad de aprendiz meritorio nuestro demagógico y extraviado prelado granadino.  

Considerábamos que la Iglesia era una de las pocas instituciones que afortunadamente aún conservaban una visión metafísica de la existencia. Y, en consecuencia, leal desde su propia perspectiva al mundo de los valores cuya realización personal, social e histórica ofrece hondo sentido a la vida humana en este desquiciado planeta. Sin embargo, observamos con preocupación que ahora tampoco parece mostrarse inmune a la temible infección globalista, a la debilidad intelectual que no distingue, y pudre el entendimiento. Y a la cobardía moral que suprime la voluntad. El Saber y el Querer.

No deja de ser curioso lo que pasa con ciertos oportunos olvidos de la Iglesia Católica que sin el Imperio romano primero y luego sin el mérito y generosidad del Imperio español en América habría desaparecido o vegetaría como una pequeña secta olvidada. Como olvida que hubo un tiempo reciente en que paseaba bajo palio al controvertido estadista que la salvó del exterminio en España. De bien nacidos es ser agradecidos. Pero se ha abierto la veda de España, a la que ilustres animalistas y sus aliados pretenden degollar mediante infame cobarde estocada pescuecera. Nuestro improvisado heroico obispo torero ni siquiera se atreve a tanto. Amaga, pero no se atreve a pedir la ilegalización de VOX  ni a prohibir a los católicos votarle. El estoque lo sostiene al otro lado de la barrera.

Al final, no hubo siquiera vuelta al ruedo. Ni el Mariano ni la Susi le agradecen el alabancioso brindis, ni menos la faena de tramposo aliño. Y en el respetable, división de opiniones. Unos en su padre y otros en su madre.

Con pastores cervantinos como los de Montserrat o este ilustre prelado torero no necesitamos más lobos.

Pinchando aquí puede leerse el discurso mitinero del señor obispo

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