Alfonso De la Vega

La Garita de Herbeira

Artículos, solfas y epistolarios

Hernán Cortés contra la Memoria Histórica

La verdad es que ya no sorprende ninguna renuncia procedente de los socialistas españoles. La última fechoría de gentes acomplejadas, renegadas, oportunistas y acomodaticias como Vara el prohombre extremeño actual de la cosa socialista, es ningunear y boicotear el merecido homenaje a nuestro genial compatriota y su paisano, don Hernán Cortés, con motivo de los quinientos años de la conquista y civilización de la Nueva España.

Un miembro del grupo socialista extremeño, un tal Labrador, ha tratado de ridiculizar la iniciativa popular para que se introduzca tal acontecimiento histórico en la agenda gubernamental. Los socialistas extremeños junto con los no menos heroicos y filantrópicos comunistas bolivarianos han votado en contra. En contra de España, de su extraordinaria Cultura y de las hazañas de su propio paisano.

El ministro sanchista de Cultura, valga la paradoja o contradicción en términos, ha declarado que no se atrevían a celebrar tan merecido homenaje porque “México es complicado”. Toda una muestra de sentido del honor, el deber y bizarría que muestra hasta qué punto ha degenerado la raza, pertinaz socialismo mediante, desde los tiempos del gran extremeño cuyo homenaje se hurta hasta ahora.

Méjico es complicado, desde luego, pero antes de rendirse al enemigo convendría comprender la magnitud de los fenómenos históricos y en honor a la verdad presentar batalla en lo ideológico y cultural, como hiciera el intelectual, diplomático y ministro republicano Salvador de Madariaga en sus Memorias:

“El peligro en Méjico se agrava por el abierto antihispanismo de no pocos intelectuales, tan irracional que muchos son entre ellos los que se identifican con Montezuma y hasta con Cuautemoc antes de sentir con Cortés…. Todo ello va envuelto en cierta hipocresía más o menos consciente. Los aspectos más repulsivos de la cultura azteca- el abrirles el pecho a las víctimas y arrancarles el corazón para ofrecerlo aún palpitante al dios antropófago, los banquetes más o menos rituales de carne humana se esfuman y esconden cuando no se niegan-. Las piedras de sacrificio se exhiben pero no se describen. La historia se adapta al modelo antiespañol…

Pero Méjico no llega a cuajar como nación una y fuerte porque niega a su padre. Méjico es una creación de Cortés, pero los mejicanitos no reciben en la escuela más que grotescas deformaciones de lo que fue la conquista fundadas en que aquellos conquistadores reviven en estos españoles, siendo así que aquellos conquistadores viven hoy en la parte blanca de la sangre del mejicano de hoy; por lo cual la enseñanza (¿?) insensata que se les da solo tiene por fruto la guerra perpetua que, en la sangre, lleva Méjico.

Cuando publiqué en Méjico y en Madrid (1972) un artículo sobre la verdadera fundación de Méjico, exponiendo estas ideas, recibí de un joven mejicano una carta indignada echándome en cara que yo diera por padre de Méjico a Hernán Cortés, que era un extranjero. Firmaba dos apellidos tan castellanos como Gómez Fernández. Le contesté que leyera el artículo primero antes de escribir tales disparates porque él no se llamaba Chichimecatecutli, sino Gómez Fernández, de modo que sin Cortés, ni siquiera existiría.” 

Como entonces al célebre escritor y diplomático republicano, a mi me también me ha llamado la atención durante mi experiencia en Méjico como muchos mejicanos actuales, con nombres y apellidos de origen español, se identifican con los aztecas, un pueblo genocida, criminal, caníbal, comparables a los nazis, que ni siquiera era autóctono de Méjico como otros a los que había sojuzgado gracias a su salvajismo, ferocidad y crueldad. Los aztecas procedentes del N O de América habían protagonizado un éxodo similar al de los judíos en busca de la tierra prometida pocos siglos antes de la llegada de nuestros gloriosos antepasados encabezados por un extremeño universal como don Hernán Cortés. Un verdadero genio de la psicología militar que solo con unos pocos soldados consiguió aliarse con las civilizaciones mesoamericanas oprimidas y esclavizadas por los fieros aztecas para encabezar la coalición que consiguiera derrocar al terrible imperio caníbal.

Por desgracia Méjico no sólo no ha cuajado en nación una y fuerte como se lamentaba Madariaga sino que ha venido a resultar un estado fallido, trufado de violencia, mediatizado por mafias dedicadas al narcotráfico, a la mercadería de personas o armas, cuyo germen acaso ya se encontraba desde que interrumpiera la ingente labor civilizadora de España.  Si aquí, según sostiene Gonzalo Fernández de la Mora en ensayo famoso, uno de los grandes lastres y dramas nacionales es lo que llamaba la envidia igualitaria, tan astuta y lucrativamente explotado por los socialistas y demás repugnantes zurdas españolas, allí la cuestión de hispanofobia posee un componente racial, y en cierto modo racista: el del mestizaje y la envidia del blanco. Es la guerra en la propia sangre a la que se refería Madariaga con tanta perspicacia.  

Aunque el mestizaje e hibridación multiculturalista, previstos por Kalergi hace un siglo y ahora programados a lo Soros el promotor del resistente, va a avanzando tanto en España como en el resto de Europa, aún no ha alcanzado cuotas de ingobernabilidad irreversible. Sin embargo, el PSOE se comporta como los mestizos mejicanos renegados, lleva en la sangre un odio visceral a España, a la Cultura, a nuestra Historia. Y demuestra carecer del más mínimo sentido del ridículo cuando al mismo tiempo que ningunea gestas históricas como la de Cortés, o la ingente obra de España en América, el baboso doctor mohatrero se pavonea por las televisiones mercenarias presumiendo de su heroica resistencia gracias a un mamotreto cronicón mal parido por una complaciente subsahariana todo a cien (mil).

En efecto, esta gente encanallada de impostores, falsos doctores, filo golpistas, tropilla arrebatacapas hembrista o LGTBI se ha propuesto borrar la historia que no puede tergiversar.  Hernán Cortés es uno de los grandes genios militares de todos los tiempos. Un personaje de epopeya, alguien que escapa en toda su grandeza a la obtusa comprensión de los actuales corruptos patrocinadores de la mal llamada memoria histórica y sus varios pilla, pilla asociados. Gentes que también niegan a su padre o ignoran de donde proceden. Pues España es una creación no solo de Cortés sino de todo el resto de grandes personalidades de la Espiritualidad, la Cultura, la Milicia, la Política o la Sociedad que han contribuido durante siglos a levantar lo que unos cuantos ignorantes, sectarios, fanáticos, mercenarios renegados están destruyendo con el aplauso de la chusma ignara.

La aventura militar que inicia Cortés, a diferencia de lo propio de los imperialistas anglosajones, la continúa toda España trasladando su idea de la civilización y crea Universidades y Hospitales en América. El verdadero inventor del derecho de gentes, el padre Francisco de Vitoria de la escuela de Salamanca, es el instaurador del principio de la libertad e igualdad jurídica de todos los pueblos, que define hasta ocho títulos de justo dominio en las Indias. No se puede negar que uno de los motores de la aventura española en América fuera, como decía el arcipreste de Hita, el “aver mantenencia”, y por tanto la búsqueda de riquezas materiales. Pero tampoco hay que olvidar el renacentista deseo de fama y gloria como uno de los móviles psicológicos de la empresa española.

Honra a España el que se haya podido plantear siquiera el debate moral sobre la conquista incluso contra la razón de Estado. Como honra también el que se intentaran frenar los abusos con leyes como las de Burgos o Valladolid en el mismo siglo XVI.

El hecho de que dos siglos después de la independencia los congresos indigenistas americanos preocupados por sus reivindicaciones políticas y económicas sigan debatiendo casi lo mismo que en Valladolid discutían Las Casas y Sepúlveda en el siglo XVI, parece prueba irrefutable de que la postergación del indio americano no es cosa tanto de la supuesta crueldad del conquistador español, cuanto de la propia naturaleza del indígena, del mestizo y en general del hombre y la sociedad, de modo que para levantarlo de su abatimiento tradicional sea preciso invertir más en educación e integración social.

En todo caso, si la América Hispana existe aún como unidad histórica y no ha sido desmembrada  por los intereses de otras potencias como en África, se debe a la lengua española, como un admirable símbolo de independencia política que ha permitido a nuestra América ingresar en la civilización occidental. En palabras del tan poco sospechoso Neruda: De los yelmos de los feroces conquistadores salían piedras preciosas, las hermosas palabras de la vieja lengua de España.

Lengua española, instrumento de cultura universal que también ¡oh sorpresa! es ninguneada y perseguida por toda esta bien cebada bellaquería actual que se opone al merecido homenaje a un antepasado ilustre. Padre de Méjico y honra de España y de la Hispanidad.

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