Alfonso De la Vega

La Garita de Herbeira

Artículos, solfas y epistolarios

De Rashomon, juicios y encuestas

Sobre todo para los más jóvenes entre los amables lectores, puede que no venga mal recordar que Rashomon (1950) es una de las memorables películas de la historia del cine, una obra maestra del gran maestro japonés universal Akira Kurosawa. Con grandes actores como Toshiro Mifune, Masayucki Mori o Machiko Kyo. Plantea uno de los problemas fundamentales de la Filosofía, la cuestión epistemológica, la posibilidad de conocer la realidad, amén de la verosimilitud de los relatos que intentan dar cuenta de la misma sobre todo cuando el observador o el narrador tienen intereses particulares en ella. O, en todo caso, como señala uno de los protagonistas, un bienintencionado aunque acongojado sacerdote, cuando la naturaleza humana está degradada por el pecado.  

La película narra una historia del Japón medieval. Para protegerse de un gran chaparrón torrencial tres personajes se refugian en las ruinas de un templo dedicado a Rashomon y mientras dura el aguacero se ponen a charlar acerca de un reciente e impactante suceso. La muerte de un guerrero y la violación de su esposa asaltados por un famoso bandido, así como las declaraciones de protagonistas y testigos durante el juicio posterior. Se suceden hasta cuatro versiones diferentes, con innovadores flash- backs junto a paradójicos homenajes al cine mudo. Y sucesivos cambios en los papeles de héroes y villanos atendiendo a quien cuenta la historia. En algunos de los cuales, para mentís y confusión de modernas hembristas especuladoras con la granjería de la violencia de género, la condición femenina representada por la protagonista no sale demasiado bien parada. Ni tampoco los roles reales resultan demasiado coherentes con los que cabría esperar de los respectivos status sociales.

¿Héroes o villanos? Aunque sin un gran Kurosawa para contarlo, casi setenta años después, la realidad imita al arte en el juicio que acaba de empezar en la sede del Tribunal Supremo para juzgar a los golpistas catalanes y sus violaciones de la Ley y el Estado de Derecho. 

Aquí también las versiones difieren, aunque ahora no es como en los lejanos sucesos contados por Kurosawa y afortunadamente existen muchos testigos del delito, entre otras cosas porque no sólo no fue ocultado sino que se jactaron de él como bandidos soberbios y vanidosos que se creían impunes. Pero cobardes y llorosos como plañideras mercenarias, cuando comprueban como se acerca la inexorabilidad de la Justicia. Huyendo de ésta, el fugado bandido Puigdemont, héroe imposible aunque satánicamente asesorado para hacer todo el mal posible a España, ensaya un relato verdaderamente inverosímil, pero que sirve a sus intereses criminales.

Intereses que también se ven reflejados en las encuestas provisionales que se están publicando acerca de los resultados esperables de la futura votación anunciada por el doctor fraude para el 28 de abril. Buenos y malos, héroes y villanos, patriotas y mercenarios, varían en las apreciaciones de cada encuesta. Ninguneos y calumnias, dímes y diretes, tergiversaciones interesadas, disimulo de crímenes, mohatras varias, todo vale para el fin de confundir y engañar al personal, llevando al viejo redil a los más inquietos, lúcidos o valientes. Y ¡cuidado! Que, como nos enseña Cervantes, ¡los lobos pueden ser los mismos pastores guardianes del rebaño!

También vuelven las habituales presiones sobre el llamado voto útil y el mal menor. Hemos comprobado como los sucesivos supuestos males menores dan lugar a un gran mal mayor que agrava el desastre hasta hacerlo apenas reversible. Y que normalmente no hay nada más inútil para el ciudadano que el llamado voto útil. Útil, sí, pero ¿para quién?

No se sabe lo que pasará el anunciado día de autos, pero menos aún lo que habría pasado sin falsificaciones y relatos tergiversados, ni tampoco con una ley electoral más representativa de la voluntad popular, sin listas cerradas ni apaños D ´Hont. Pero nuestra idea de la realidad, o mejor, la idea sobre la realidad que pretenden hacernos creer, condicionan nuestra conducta y pueden llegar a modificarla, en paradoja que suele resultar funesta.

Kurosawa termina Rashomon con una muestra de esperanza. Incluso el falaz leñador que se aprovecha del delito y da una versión falsa del mismo para esconder sus propias acciones puede tener un rasgo de generosidad y bonhomía.  

Más allá de los relatos y versiones, creamos en lo que creamos, ojalá hagamos lo correcto, que coincide en seguir la propia conciencia, entrenada en la comprensión del bien y del mal a través de nuestra experiencia. Digan lo que digan, lo útil no puede ser la incoherencia.  


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