Alfonso De la Vega

La Garita de Herbeira

Artículos, solfas y epistolarios

La Covada de Galapagar

Para las víctimas de la instrucción del pertinaz régimen borbónico cabe aclarar que la covada es un concepto tomado de la cosa esa de la antropología. Se trata de una costumbre practicada por algunos pueblos primitivos que consiste en que tras el parto  la parturienta vuelve  sus tareas habituales y el marido ocupa su lugar en la cama y adopta la actitud de la madre. A mi me lo explicó hace muchos años mi querido amigo el librero madrileño de gran cultura y bonhomía, lamentablemente ya fallecido, don Rafael Molina.

Es curioso como los pintorescos Ceaucescu de Galapagar practican esta primitiva costumbre de la que ya se hacían eco in illo tempore Apolonio de Rodas o Estrabon. La covada tiene que ver con rituales propios de la magia simpática aunque se está viendo que también con la simulación y cambio de roles en un imprudente intento de engañar a la Naturaleza. Cosa adoptada hoy por el feroz hembrismo actual a lo Alinsky, el transgénero, la promoción de la homosexualidad y demás devastadoras retro moderneces de los neomarxistas empoderados y empoderantes. 

Dejando a Lewis Morgan aparte, también puede considerarse reminiscencia del viejo mito de la Edad de Oro y el comunismo primitivo, cuando, como explicaba nuestro señor don Quijote a unos asombrados, maguer hospitalarios, cabreros: «Dichosa edad y dichosos aquellos a quien los antiguos pusieron nombre de dorados… porque entonces los que en ella vivían, ignoraban estas dos palabras de tuyo y mío….Eran en aquella santa edad todas las cosas comunes: a nadie le era necesario para alcanzar su ordinario sustento tomar otro trabajo que alzar la mano, y alcanzarle de las robustas encinas que liberalmente les estaban convidando con su dulce y sazonado fruto…» 

Los Ceaucescu de Galapagar (o de la Moncloa) están muy lejos de la noble generosidad de los cabreros cervantinos capaces de compartir su propia pitanza. Pues sólo son comunistas de pret a porter, de guardarropía de diseño made in servicios secretos.

Pero el gran macho ha tenido que abandonar el lecho del fingido dolor y las depresiones post parto para hacer frente a la última rebelión en la granja patrocinada por la tartufa vieja comunista y sus feroces y enfurecidas ménades.  Si bien él puede dar el pecho a los retoños, su pareja actual se ve incapaz de comprender nada. Ni menos arbitrar siquiera pese a su habitual locuacidad huera y haberse tomado su tiempo, la forma de buscar si no ideas, al menos palabras.

¿Cómo terminarán estos viajes al pasado más primitivo?   No lo sé ¿Qué diría Freud? Tampoco me extrañaría que se produjera otra nueva y peculiar covada de modo que la criaturita errejonita recién parida por la vieja comunista, a la que ya creíamos horra, acompañada por sus ménades comadronas, pueda ocupar su lugar en la cama poltrona municipal.

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