Alfonso De la Vega

La Garita de Herbeira

Artículos, solfas y epistolarios

Personalidades del 98 hablan sobre Cataluña

Uno de los mayores dramas por los que atraviesa España es el ninguneo de sus cualidades, de su dasein heiddegeriano y la tergiversación de su Historia mediante la dictadura de lo estúpidamente correcto o la imposición de leyes inicuas contra la libertad de conciencia, expresión, investigación o cátedra. A ello ha contribuido lamentablemente y de modo decisivo por acción u omisión, pese a su mayoría absoluta, el cobarde galleguista Mariano y su partida.

En octubre de 1931 varias personalidades de lo que se ha venido en llamar La Generación del 98 contestaban a una encuesta sobre la situación de Cataluña y sus relaciones con el resto de España. Todos ellos habían nacido en regiones hoy conflictivas en mayor o menor grado.

Ramiro de Maeztu reivindica la espiritualidad española, su papel en la Historia universal contra las insidias y calumnias de sus enemigos, tales como los traidores golpistas catalanes: » Mi España es la que hizo la unidad física del mundo, al descubrir las rutas marítimas de Oriente y Occidente; la que creó la unidad moral del género humano, al proclamar en Trento la posibilidad de salvación, y por lo tanto de progreso, de todos los hombres del planeta, y al organizar en sus leyes de Indias los medios para incorporar a la civilización todas las razas con las que nos pusimos en contacto, la que hizo con ello la Historia universal que hasta entonces no habían sido sino la de los pueblos y continentes separados. Hace doscientos años, los dos siglos traidores, que se está echando tierra, sino fango, sobre la obra de España. quizás sea esta difamación sistemática la que acabe por convertirla en el Cristo de los pueblos. no se sabe lo que ha hecho. por ignorancia de su ser histórico, se desconoce también que en su pasado está no sólo su presente, sino su porvenir y su misión«.

Otro gran vasco, Pío Baroja, explica que la hegemonía del español no es producto de conspiración alguna sino del devenir natural de los hechos, recalca que el separatismo es egoísmo, pero rechaza aún con mayor contundencia el comportamiento de los nacionalistas catalanes por su campaña antiespañola para satisfacer sus móviles mezquinos y bajos.

El coruñés Ramón Menéndez Pidal mantenía cierto optimismo sobre la capacidad de reacción de los propios catalanes contra la impostura, mezquindad y sectarismo catalanistas y evitar así la ruina de la Nación, con una situación peor que la del Imperio austrohúngaro. Lo que siempre fue una Nación se convertiría en un simple Estado. Ahora cabe decir, que ni eso. Con gran lucidez y términos que han resultado proféticos advierte sobre el problema de la educación: «No nos hagamos ilusiones. Si bajo esta psicología del resentimiento el Estado español no tiene respecto de la región una prenda de unión espiritual en la enseñanza, la generación del desamor acabará por raer… todo sentimiento de unidad espiritual..

El maestro Unamuno defiende la verdadera constitución de España, la íntima, la que no está escrita en las leyes. Y es que la Voluntad de un pueblo es difícil de conocer sobre todo cuando no se le ilustra bastante sobre lo que tiene que decidir. El rector de Salamanca defiende la postura de Lincoln contra los separatistas sudeños que lleva incluso a sofocar la sedición con el Ejército. Porque como decía el presidente norteamericano, no se puede permitir el suicidio, ni darles lo que pidan.

Declaraciones importantes tanto por su lucidez como por su valentía.

En la España actual se echa en falta la postura de intelectuales de talla como los citados. ¿Es que ya no quedan, o es que están silenciados por los media oficiales? ¿Acaso es por la dictadura del miedo que se está intentando establecer?

Llama la atención, por lo desusado hoy, que reivindiquen el mundo espiritual. Y es que, y acaso esta no sea su menor lección, sin espiritualidad no hay Cultura ni tampoco Nación.

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