Alfonso De la Vega

La Garita de Herbeira

Artículos, solfas y epistolarios

Las nuevas Ménades

El pasado martes por la tarde hubo una gruesa aproximada de manifestantas, con algún manifestante o varón domado para hacer bulto, que formaban un pintoresco corrillo vociferante con  lemas contra el hombre en la plaza mayor de Cáceres. No llegaban a Ménades tracias por quedarse en no precisamente preciosas ridículas ni menos cultas latiniparlas sino en necias repetidoras de consignas sandías. Algo de vergüenza ajena o acaso propia, si la tuvieran.  Pero con la caída del vecino, corrupto, despótico y liberticida socialismo andaluz las ménades cacereñas han puesto sus barbas a remojar porque se encuentra en grave peligro la sopa boba de las subvenciones sin ton ni son donde abreva tanta inútil falaz trinca subvenciones o furia encanallada.

Un lucrativo Monipodio, denunciado y puesto en entredicho gracias a VOX y a ciertos valientes y lúcidos intelectuales y juristas, que resulta feraz vivero de maleantes, ganapanes, desvirga melones, arrebatacapas y santigua bolsillos  El lobo Soros ha llamado a arrebato y ahí que van las estúpidas ovejitas a balar, todas a una, criaturitas a las que han de degollar los malos pastores de El Coloquio de los perros cervantino.

Este siniestro asunto del negocio criminal montado en torno a la mal llamada violencia de género nos trae la memoria histórica de un antiguo mito griego, el de Orfeo. Un mito ligado a la música y a alguna de las óperas más emblemáticas y hermosas de Monteverdi, Gluck o Mozart.

Curioso que se considere precisamente el Orfeo de Monteverdi, estrenado en el palacio del duque de Mantua, la primera ópera de la historia de la Música.

En La Flauta mágica el gran Mozart ya nos previene de cierta hipocresía femenina maléfica cuyas consecuencias pueden ser terribles. La mala es la hipócrita y delincuente Reina de la Noche, quien instiga el asesinato de su propio padre a Pamina. Pero no es malo sino bondadoso el pobre Sarastro, falsamente acusado mediante denuncia falsa. A diferencia de lo que suele acontecer en nuestros juzgados con tantos funcionarios literalmente acojonados por la mafia feminista, en la ópera mozartiana la verdad resplandece y la noble pareja Tamino Pamina protegida por Sarastro, el noble calumniado, puede realizar su amor. También la pareja cómica Papageno, Papagena.  Pero las feministas con La Reina de la Noche a la cabeza, sus tres Damas y Monostatos, el traidor que no cumple su deber, son arrojadas al infierno. Aquí no hay lira órfica sino flauta, pero tiene la misma capacidad de hacer bailar a su son a ciertas criaturas.

Sin embargo, Gluck en su preciosa y conmovedora ópera Orfeo y Euridice nos expone un final más trágico y adecuado al antiguo mito.

Orfeo es un personaje mítico agente civilizador de la región de Tracia. Esta región al norte de Grecia es sede también de los cultos a las musas, a Apolo y a Dionisos. Orfeo fuera hijos del dios Apolo según unos o de rey Eagro según otros y de la musa Caliope. Tocaba la lira con tal arte que le escuchaban las bestias feroces, y demás seres vivos a los que moderaba y hacía bailar a su son. Fue leal aunque desventurado amante de la ninfa Euridice, quien muere picada por una serpiente, dejándolo en la mayor desolación.

Pero el amoroso y valeroso Orfeo logra rescatar a Euridice de la muerte. Otra vez el precioso mito del Amor como superador de la Muerte, Eros y Tanatos. Sin embargo, Orfeo involuntariamente incumple una condición del rescate, no mirar hacia atrás y se frustra la liberación iniciada.

Más tarde las agentes de Muerte y destrucción, las furiosas Ménades, despedazaron a Orfeo en el monte Emo, donde las musas recogieron sus miembros dispersos y los sepultaron en Pieria. La cabeza y la lira fueron arrojadas al río Hebro, llegaron al mar aunque son recogidos en una isla para mejor inspiración de poetas de todos los tiempos.

Aunque cada vez más aislados y calumniados, necesitamos recuperar la lira de Orfeo o la flauta mágica de Sarastro para amansar a las fieras antes que las actuales feministas convertidas en nuevas Ménades destrocen la armonía, el arte, la convivencia y el amor. La familia es una base imprescindible e insustituible de la sociedad y la civilización. Dinamitar al amor, sabotear la formación de la unidad de Ser platónica formada por el hombre y la mujer constituye un crimen de lesa humanidad. Tratar de sustituir a lo Alinsky el amor de la pareja por una variante actualizada de la marxista lucha de clases, es decir, por la lucha de sexos es una canallada.

El arte es una forma de purificación del alma. Por eso es coherente que las fuerzas maléficas traten de despedazar a Orfeo, símbolo de la civilización y de la armonía. Pero nosotros debemos evitarlo. Y lo haremos.

¡Menos demagogia y más Cultura!

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