Alfonso De la Vega

La Garita de Herbeira

Artículos, solfas y epistolarios

Gozos y sombras

De rebote o carambola a tres bandas y gracias a VOX, pero en lo que en todo caso constituye un gran éxito, parece ser que el casi recién estrenado PP de Casado va a lograr la presidencia de la Junta y expulsar así de Andalucía a la bien cebada garrapata socialista, territorio ocupado desde siempre, según la particular memoria histórica de la llamada democracia española. Todo ello tras muchos dímes y diretes, varias añagazas, maniobras negociadoras dignas de su estudio en Teoría de Juegos y un suspense propio de Hitchcock, aunque en esta película de intriga negociadora ya sabíamos desde el principio que el asesino era el servicial mayordomo de la baronesa Susana, un tal Marín que lo mismo vale para un roto que para un descosido.

El tiempo dirá si cada uno de los jugadores ha jugado bien sus bazas y dará o quitará razones. 

Tras su gran éxito en las elecciones andaluzas paradójicamente VOX tenía una disyuntiva difícil: tratar de de defender su programa en puntos básicos tales como por ejemplo la devolución de competencias autonómicas, la derogación de la ley hembrista andaluza o la devolución de ilegales, o bien renunciar a ellos para a corto plazo arrumbar al régimen cleptocrático y echar a los socialistas de una de sus poltronas más rentables y perniciosas.  Según parece se ha decidido por la postura posibilista que le exigía el establecimiento y que esperemos no devenga en simple oportunismo, y en más de lo mismo.

La decisión trascendía el ámbito andaluz y al final llevaba varios mensajes implícitos: la preferencia por el largo o el corto plazo, la flexibilidad o no respecto a la adaptación de sus principios a las contingencias políticas. La propia naturaleza de VOX y el sentido de pertenencia como uno más al tinglado del régimen actual o la condición de partido escoba extramuros del sistema del 78, último baluarte numantino de defensa de la nación frente a las agresiones de un régimen prostituido y al parecer entregado sin remedio bajo una u otra marca a los intereses globalistas exteriores y sus enemigos internos. Resistir en los principios hubiera sido bueno desde el punto de vista del futuro de un partido que pretende estar en contra del actual tinglado partidista. Ceder puede entenderse como una doma y su entrada en el disfrute de la gusanera. Hacerse hueco en la cama redonda y acaso la posibilidad de disfrutar de un botín compartido hasta que sus votantes se desengañen. Y el riesgo cierto de ser cambiado por el tinglado en vez de intentar cambiarle a él. En todos los órdenes de la vida, ¿hasta dónde se puede ceder o no sin traicionarse? ¿Más vale pájaro en mano que ciento volando? Seguramente el destino de los puros sea el desengaño y la vuelta a empezar.

Pero no hay que olvidar que, al cabo, la democracia se basa en el número, en la cantidad más que en la calidad. Y que en la España actual el genuino ideal aristocrático clásico, el del mérito y los mejores, no el del linaje, se encuentra muy alejado de las instituciones del Reino. Que lo que por desgracia aquí domina es la demagogia tan íntimamente asociada a la tiranía.

Las escaramuzas andaluzas han servido para quitar la vistosa careta a Ciudadanos y mostrar la impostura del partido franco catalán en toda su crudeza. La actitud despreciativa, calumniosa, borde, de Marín o de Rivera hacia un partido del que depende para acceder al gobierno regional y acaso luego nacional, es lamentable desde el punto de vista democrático y muestra su verdadera condición de oportunistas, demagogos y farsantes. Y cuando confunde adversarios con enemigos y pretende aliarse con los segundos o aspira a sucederlos demuestra su poca fiabilidad como baluarte para la defensa de la amenazada nación española. Ciudadanos está demostrando ser otra marca más del globalismo mundialista, cuyas decisiones estratégicas fundamentales se toman por gentes más o menos ocultas fuera del ámbito nacional y para satisfacer intereses ajenos a los nuestros. Cierto y meritorio que en Cataluña Inés Arrimadas hace frente a los golpistas y se opone valientemente a su propósito de destruir España a las bravas. Pero también que la jugada última de Ciudadanos tras sus intentos de aliarse con el PSOE cada vez parece más claro que consiste en un doble vaciado progresivo de nuestra soberanía nacional. Hacia un magma de taifas confederadas por un lado y la cesión a instituciones oligárquicas o plutocráticas internacionales del otro. Y en el plano nacional, al igual que el doctor Sánchez, Rivera lo mismo sostiene una cosa que su contraria. Y de Valls resulta más piadoso no hablar.

El éxito del renovado equipo de Casado ha puesto de los nervios a sus enemigos dentro del PP que esperaban agazapados a que el joven presidente se diera la costalada. Pero que ha logrado lo que nunca consiguiera el cobarde felón y sus siniestras arpías: la posibilidad de terminar con la ocupación socialista de las instituciones andaluzas. Una hazaña digna de los trabajos de Hércules y además con un candidato manifiestamente mejorable.

Por lo que se ve, a Feijóo le ha entrado una importante desazón. Este nacionalista jefe del Partido Popular DE Galicia (que no, EN Galicia), seguidor del decimonónico cacique Brañas y su famosa “Galicia para los gallegos” nos viene obsequiando con declaraciones crecientemente desafortunadas, pero que permiten como en el caso de Ciudadanos mostrar a qué intereses sirve. Pese a que se ha hecho una imagen impostada en el resto de España, Feijóo suele dar la espantá, amagar y no dar, salvo subvenciones y apoyos institucionales a los nacionalistas gallegos y demás patulea despótica y liberticida, así como continuos disgustos a los ciudadanos españoles que vivimos en Galicia, supuestos votantes cautivos sin nadie que nos ampare.

Un rincón de España al que le cabe el dudoso honor de disfrutar del único, sí el único, parlamento regional en el que está prohibido hablar español y donde sin mayor empacho se considera “anormales” a los españoles que no hablamos en dialecto como lo calificaba Rosalía. De manera que hay que imponer el dialecto en la administración, la  enseñanza o la cultura y subvencionar a los “normalizadores” que velan por que seamos buenos gallegos made in Castelao, aunque diseñados para los intereses del no menos galleguista Soros. El telón del grelo cría, engorda y garantiza atraso, servidumbre y mediocridad, un desastre para la gente común pero muy lucrativo para sus promotores y mantenedores.

Volvamos al asunto. Feijóo barrunta el peligro de que se le acabe el lucrativo momio de conseguir votos de ciudadanos españoles para desde luego traicionarlos. Al cabo, según él, los otros, socialistas renegados, bloqueros, podemitas, hordas más o menos mareadas y vomitonas varias aún son peores.  Cosa que probablemente sea cierta, pero no deja de ser resultado de la lamentable política galleguista ninguneadora de la Cultura española del Partido Popular aquí.

Feijóo no se atrevió a presentarse a sucesor de su colega galleguista Mariano, en este caso al parecer por temor a los peligrosos archivos incriminatorios de la siniestra niña Soraya, la redicha y prepotente ninfa de Bilderberg.  Sin olvidar esa forma tan típica y tópica de muchos personajes de la tierra de no dar la cara, de disimular, de intrigar en la penumbra con mañas más de Trampetas o Bocanegras que de héroe bizarro dispuesto a luchar en defensa de los derechos civiles y los intereses de España y sus ciudadanos. Sin un sistema propio de valores no hay charco nacionalista o izquierdista en el que no se meta: imposición del gallego transgénico, hembrismo fanático, abandono del mundo rural, corrupción, ninguneo cuando no persecución del español, engorde de la gusanera de la deuda regional, multiculturalismo siempre que no sea español….

Sin embargo, lamentablemente para él y demás fuerzas sorayescas emboscadas, Casado, aún a trompicones, no cae en todas las trampas que le colocan sus enemigos de dentro y fuera del partido, e incluso pudiera salir exitoso en el trabajo hercúleo de limpiar los infectos establos de Mariano Augias, y con ello consolidarse como alternativa verdaderamente nacional española a la marianesca.

Es obvio que propuestas como la de recuperar para la Nación española la Educación hoy encanallada en las autonomías no pueden ser bien vistas por los nacionalistas del PP gallego porque pondría en riesgo su tenderete galleguista sectario. De modo, que mejor no se confunda Casado por la cuenta que le tiene.

En la situación en la que estamos con un golpe de Estado permanente, aún no sofocado e incluso financiado por las instituciones, acaso no está de más recordar algunas de las ideas básicas militares que recuerdo de la mili, tales como el aprovechamiento del éxito o la de la contundencia en la respuesta antes de que el enemigo se recupere y reaccione. Una vez derrotado ya llegará el momento de ser graciable si fuese menester.

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