Alfonso De la Vega

La Garita de Herbeira

Artículos, solfas y epistolarios

Goebbels en la Moncloa

                 ”Uno habla y habla y habla y pierde la cuenta de dónde, cuándo y cómo

El año recién estrenado se presenta preñado de amenazas en España y en el resto del mundo que acaso pudieran convertirse en oportunidades si hubiera inteligencia para entender lo que pasa y voluntad real de combatir el Mal. A un buen amigo de mi padre, un ganadero cacereño que había sobrevivido a muchas zozobras, dificultades e incertidumbres históricas, le tengo oído decir hace ya muchos años: “Mire Usted, don Alfonso, las cosas se tienen que poner muy mal para que se arreglen”. Ojalá sea así y no nos quedemos solo en la primera parte del proceso, el del avance del mal y de la destrucción.

Se supone que algo debiéramos aprender del pasado, de las recurrentes crisis históricas, pero desaparecen las generaciones que las han sufrido y las cosas se olvidan o se tergiversan. Y otras muchas situaciones se repiten aunque con sus naturales variantes.

Seguro que más de un progre a la violeta se escandalizará del atrevimiento de comparar al apuesto pinturero prócer felón LGTBI recriado en el Partido Demócrata globalista de los Clinton, (Presidente Trump: “son criminales y no debe olvidarse”), los Obama, la Isis o de las redes pedófilas o satanistas, con el tenebroso aunque genial ministro de propaganda del partido socialista Nazi alemán. Un hombre lisiado, estrecho de hombros, un poco enclenque, lo contrario de un Adonis de pura raza aria.

El doctor Goebbels era un brillante genio del Mal. En abril de 1921 se doctoró en Filosofía por la Universidad de Hilderberg, la misma del propagandista podemita Monedero, con una tesis de título: “Wilhelm von Schütz como dramaturgo. Una contribución a la historia del drama de la escuela romántica.” También escribió Michael, una novela de juventud e intento de crear un héroe modelo.

Sánchez es un falsario, simple despanzurrador semi analfabeto de quita y pon al servicio subalterno del gran capital globalista financiero cuya misión última es procurar arrasar la economía productiva, descomponer la sociedad y desmembrar la nación. Un tipo de ego alimentado por aduladores y pescadores de río revuelto, un mercenario prescindible que arrojar al basurero de la historia cuando la traición sea pasada. Un mindundi que ni siquiera fue capaz de encargar el plagio de una tesis doctoral a corruptos competentes que no le dejaran en ridículo. Y ese no es el peor de sus escándalos.

Desde luego en lo de la genialidad, planteamientos y voluntad revolucionarios o “patriotismo” a su modo no resiste comparación a favor del alemán, pero en cinismo, encanallamiento y desvergüenza, tal para cual.

Aunque Goebbles también promovió el teatro al servicio del Reich, su tesis doctoral tenía ese tema, el cine es el arte que mejor ha servido como vehículo de propaganda de los nazis y del disolvente rojerío hispánico. Y como medio de difusión o promoción de modelos de conducta. A falta de talentos como Leni Riefenstahl aquí disfrutamos de las atrevidas hazañas de la fauna humana y subhumana, variopinta y entrópica del director LGTBI manchego Pedro Almodóvar y demás compañeros mártires subvencionados y felizmente engordados en la gusanera de los Goya. Para quienes no comulgaban con las tesis del nacional socialismo o aquí con las del rojerío progre pilla pilla, el ninguneo oficial es un hecho.

Más que por un programa en sí mismo, Goebbels hizo grande a Hitler, en gran parte es autor de su mito. El de una especie de nuevo caballero Lohengrin que tirado por radiantes cisnes se apareció en el río Escalda para salvar el honor y la vida de Alemania (Elsa). Sánchez es un pobre diablo sin mayores cisnes encantados, que utiliza el falcón con cargo al contribuyente hasta para ir al baño, y traído desde el estercolero por los plutócratas globalistas y los resentidos de la envidia igualitaria, los torras, los etarras, los podemitas y demás hordas golpistas, corruptas, felonas y canallas enemigas de España. Un tipo nocivo encaramado en la cucaña por los peores agentes históricos, con un ego monstruoso, un botarate intelectual sin escrúpulos morales ni dignidad personal que por no llegar no llega siquiera a energúmeno en el sentido literal del término.  

Pero, pese a las evidentes diferencias entre una y otra situación geográfica e histórica, existe una similar intención despótica y liberticida de modificar en profundidad a la sociedad y sus instituciones para conformarlas de acuerdo con una cierta ideología totalitaria. Mediante procesos que luego se han venido en llamar de “ingeniería social” para disgusto por cierto de nosotros, los ingenieros.

Uno creando orden, por siniestro o maléfico que sea. El del Reich. Otro generando caos y devastación, en su intento de destruir la civilización española y sus instituciones, algunas tan básicas como la familia, para integrar sus restos a la oligarquía globalista.

Hitler fue producto de un ambiente fatalista: la aparente muerte del Espíritu. Dios estaba muerto o a punto de morir y Occidente se encontraba ante su ocaso. Las viejas estructuras autoritarias del imperio alemán se habían desmoronado y las nuevas no habían aparecido aún. La propia comunidad alemana como tal se encontraba gravemente amenazada tras el Tratado de Versalles y sus terribles secuelas. Se deterioraron las responsabilidades de cada persona con la sociedad y con un sistema parlamentario que había fracasado sometido a condiciones tan extremas. Pero una sociedad ligada pese a todo a su antigua cultura que para intentar superar su crisis se decidió por el nacionalsocialismo y no por el comunismo.

Goebbels odiaba al mundo burgués aunque le gustaba disfrutar de él. Sánchez no se sabe que lo odie, al cabo es el yerno de un adinerado empresario relacionado con la prostitución masculina, y como a otros adinerados socialistas y comunistas españoles su impostado socialismo, no le empece para el abuso y disfrute de sus beneficios, falcon, escamoteos fiscales y dolce vita incluidos.

Goebbels estableció la igualdad NSDAP = Hitler. Sin embargo, ¿PSOE = Sánchez? El socialismo podemizado y Alinskizado de Sánchez es el resultado de una degeneración la de la socialdemocracia europea.

El Fhürer se convirtió en un mito, en un nuevo dios de masas ante la muerte de Dios culto a la personalidad. Sin embargo, Sánchez es el antihéroe, el piernas felón, ebrio de ego, dispuesto a destruir lo que pille. Ambos contra la Iglesia Católica, institución a la que tratan de neutralizar.

El proyecto de Hitler es un proyecto de orden en torno a su persona elevada a la condición de Fhürer. Como todo proceso de construcción tiene preocupación por la economía real o productiva, la que sirve para satisfacer necesidades. Se potencia el Mito del junker o del señor con su propio código de conducta, diferente del habitual en el hombre medio.

El de Sánchez aunque también está por encima de la moral es de destrucción de lo existente, la nación, su cultura, ni siquiera su tesis doctoral es suya y por tanto lleva en si mismo su inestabilidad y no permanencia. Trasformada la vieja socialdemocracia europea en excipiente de principios activos disolventes, sectarios, tribales, poco implicados o ajenos a la economía, empoderados (y algunos, emporrados) a lo Alinski, lo que se promueven son los intereses bastardos de la economía financiera globalista plutocrática, ajena e incluso enemiga de la economía productiva. No es la moral del señor, del caballero, sino la moral del lumpen, de la gentuza, de golpistas, etarras, fulanas, harpías, hembristas fanáticas, LGTBI, morisma, vagos, maleantes, chusma desarrapada enemiga de la higiene, la cortesía o la educación … unas tribus y unas mañas para la destrucción pero no de orden. 

Y hablando de orden, si el 20 de abril de 1939 en Berlín las tropas alemanas desfilaron en perfecto orden militar ante Hitler durante tres y horas y media para celebrar su cincuenta cumpleaños, el pasado 21 de diciembre en Barcelona el “desfile homenaje” fue de las salvajes hordas nazis enviadas por el corrupto gobierno rebelde regional catalán para acojonar a la atemorizada tropilla gubernamental LGTBI de Sánchez.

Son contradicciones que se explican porque su labor solo es un paso previo: el de liquidación de lo existente para crear el NOM, en el que, fracasada la opción Soraya, la marca Ciudadanos de la parejita Valls Rivera tomaría el relevo para promover el nuevo imperio NOM a costa de lo que quedara de la soberanía nacional. Por eso no resulta extraño que el principal enemigo de Ciudadanos, una de las diferentes marcas y acaso la más peligrosa a largo plazo para España del globalismo, sean aquellos que defienden las instituciones nacionales, producto y objeto del ejercicio de su soberanía. Y que Ciudadanos, que se autopostula como sucesor de Sánchez, haga suyos cualquiera de los planteamientos sorosianos para agrandar las vías de agua en el casco nacional.

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