Alfonso De la Vega

La Garita de Herbeira

Artículos, solfas y epistolarios

Los nietos bastardos de Nietzsche

                                                                 La visión de cierto video reciente, al parecer rodado en la universidad de Madrid, mi ciudad natal, en la que entre risotadas un grupo de gentuza quema en efigie una iglesia, o las últimas  declaraciones de la soez chusma “empoderada” sobre varios sucesos de actualidad me invitan a exponer algunas reflexiones.

Empeño de muchos de los filósofos de la modernidad ha sido derribar la metafísica clásica occidental, lo que Nietzsche pretendió con gran radicalidad. El filósofo de Röcken fue profesor de lenguas clásicas en la Universidad de Basilea y uno de sus libros más famosos fue El Nacimiento de la tragedia. Para él, se manifiesta la pulsión entre dos fuerzas interrelacionadas, las apolíneas y las dionisiacas. Apolo es el Orden, la Luz, lo racional, lo mesurable, la Conciencia, mientras Dionisos representa la Fuerza, la Voluntad informe, lo Inconsciente, lo instintivo, el arrebato, la desmesura frente al pensamiento ordenador y racional. Fuerzas descomunales, sobrehumanas, que de algún modo desbordarían la acción del hombre.

En la Tragedia griega hay actores que desarrollan una trama, un libreto, en el que apenas pueden influir, un destino que le desborda, y también hay un coro, impersonal o no individualizado, que explica y comenta lo que sucede.

Para Nietzsche ambos, Apolo y Dionisos, se requieren e interactúan mutuamente. Pero el gran problema surge cuando Apolo usurpa el poder generador, la energía de Dionisos y le convierte en una criatura decadente, un débil, un esclavo de una moral envilecida y envilecedora como para él eran primero la socrática y luego la cristiana.

Así, categorías como la de “Verdad” se convierten en subproductos consoladores y sustitutivos del instinto originario. Si se desmitifica la Razón, también su “odiosa” pretensión de dar cuenta del mundo. Y se despoja al hombre de su naturaleza metafísica.

Pero hay otro aspecto de gran importancia actual, el que tiene que ver con la Moral. Nietzsche se indignó con Wagner con motivo de su Parsifal. Lejos quedaban ya su amistad y admiración por el compositor que le habían llevado a dedicarle su primera edición de El Nacimiento de la tragedia.

Nietzsche vaticina que “el arte de Wagner no va a tener porvenir porque tampoco los alemanes lo tienen”. Y prosigue: “Interpretaba yo la música de Wagner como expresión de un poder dionisíaco del alma; en ella creí oír el terremoto con el que una fuerza primordial de la vida, comprimida desde la Antigüedad se manifestaba al fin… Todo arte, toda filosofía pueden ser considerados como remedio y socorro de la vida que asciende o desciende; siempre presuponen sufrimientos y seres que sufren.  Pero hay dos clases de gentes que sufren: los que sufren por superabundancia de vida, los que quieren un arte dionisíaco y una visión y una perspectiva trágica de la vida, y los que sufren por el empobrecimiento de la vida, y desean del arte y de la filosofía calma, silencio, mares tranquilos, “o bien” embriaguez, convulsión, embrutecimiento. Vengarse de la vida misma es la mayor especie de voluptuosidad embriagadora para semejantes empobrecidos. A la doble necesidad de estos últimos pertenecen tanto Wagner como Schopenhauer: niegan la vida, la calumnian, y por este hecho son mis antípodas.

Nietzsche acusa a Wagner de ser “un decadente desesperado que se prosternó bruscamente desvalido y quebrantado ante la cruz cristiana”.

Es la crítica del ideal ascético, de la compasión, del universo de los valores metafísicos. El hombre tradicional es un fracasado que debe ser superado, convertirse en superhombre o seguir siendo esclavo. Un hombre con voluntad de poder.

 

¿Ideas recuperadas en la génesis y construcción del NOM?  ¿Nueva esclavitud? Para los actuales constructores del NOM, como para Nietzsche, el hombre común no es sino una criatura a engañar, que no merece piedad o compasión pues su destino es ser esclavo. Los «superhombres» actuales son los líderes despiadados y carentes de moral o valores metafísicos encargados de introducir y consolidar la construcción globalista. Unos devastando lo que hay, otros aportando falsas construcciones interesadas después de demolición. La Nación, perdida su soberanía, su cultura y dignidad, debe ser arrasada y sustituida por un doble engendro “federal” de taifas corruptas e inermes ante los poderes fácticos, artificialmente enfrentadas, junto con su disolución en una Europa federal, no democrática y paraíso de oligarcas, monopolios y burócratas despóticos sin escrúpulos.

En estas condiciones, no tiene sentido la democracia salvo como coartada para imponer criterios ya establecidos por intereses ajenos y no sujetos a la decisión ni a la voluntad popular que ha de ser manipulada o doblegada mediante atentados o hechos consumados. Es preciso ser globalista, sí o sí. Globalistas con diversos disfraces políticos. Si, por ejemplo, Grecia vota en referendo una cosa, se hace la contraria. Por su bien claro está, faltaría más.  Los que no entran por el aro son linchados por el populacho instigado por los media y partidos políticos prostituidos. Son calumniados, calificados de derecha extrema o de populistas. O de maltratadores de mujeres. O de xenófobos. O de racistas. O de crueldad con los animales. O de católicos. O de heterosexuales. O de homófobos. O de blancos. O de todo junto.

Esta voluntad de poder, sin verdad, sin sujeción a la ley ni a la moral natural es lo que se nos está vendiendo como posmodernidad y como posverdad.

Algún lector pensará que no es justo comparar a gentes embrutecidas por la degradada universidad española actual, meras comparsas estupidizadas y clonificadas, con importantes figuras del pensamiento como Nietzsche. Y eso es cierto, desde luego.

Apolo y Dionisos están interrelacionados, en esto Nietzsche sí tenía razón. Pero Dionisos puede ser una fuerza útil como energía, como voluntad para mover las cosas, siempre que el carro esté bien dirigido por Apolo y sepa donde va. Pero el Dionisos como entropía, como desorden, como imposibilidad de distinguir dos estadios diferentes, es el resultado del funcionamiento de un sistema, de la degradación del metabolismo, del mecanismo que expulsa calor extramuros del sistema como residuo de su actividad.

Apolo, la organización, las partes ordenadas, la Cultura, la Ley, la civilización en suma, generan entropía en su devenir. Pero, no nos engañemos: de esa entropía no puede venir nada útil, pues sólo se queda en demolición.

La presente posverdad consiste en ocultar la naturaleza de las cosas, la idea de Verdad, Razón o Civilización. En tergiversar la Historia con fines inconfesables.  Y su corolario político está en el actual dominio vicario de actores degradados como podemitas o sanchistas, sorayos, marianos, con variopintos cómplices globalistas como algunos de los autodenominados Ciudadanos.

La nueva tragedia representada por los nietos bastardos de Nietzsche.

 

 

 

 

 

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