Alfonso De la Vega

La Garita de Herbeira

Artículos, solfas y epistolarios

Imposturas

La reciente celebración del cuadragésimo aniversario de la constitución, dicen que vigente, española ha venido a resaltar la verdadera condición actual de impostura mohatrera del régimen borbónico. Un estado terminal que no consiguen ocultar ni la pompa y boato ni la vaciedad de los discursos oficiales empeñados en glosar y alabar una realidad que no existe, salvo en la letra dedicada a justificar la teoría de las instituciones.

Releer los objetivos fundacionales expresados en el Preámbulo constitucional no se sabe si da más vergüenza que indignación cuando se comparan tan bellos y encopetados ideales allí expresados con lo que ahora ocurre. Decía así, la ley de leyes y madrastra de todos los desastres:

“La Nación española deseando establecer la justicia, la libertad y la seguridad y promover el bien  de cuantos la integran, en uso de su soberanía, proclama su voluntad de:

Garantizar la convivencia democrática dentro de la Constitución y de las leyes conforme a un orden económico y social justo.

Consolidar un Estado de Derecho que asegure el imperio de la ley como expresión de la voluntad popular.

Proteger a todos los españoles y pueblos de España en el ejercicio de los derechos humanos, sus culturas y tradiciones, lenguas e instituciones.

Promover el progreso de la cultura y de la economía para asegurar a todos una digna calidad de vida.

Establecer una sociedad democrática avanzada y

Colaborar en el fortalecimiento de unas relaciones pacíficas y de eficaz cooperación entre todos los pueblos de la Tierra.

En consecuencia, las Cortes aprueban y el pueblo español ratifica la siguiente Constitución…”

¿En “consecuencia”, dice? ¿Qué ha fallado para que las cosas estén como están? ¿El texto, las instituciones, las personas o ambos?

¿Existe real separación de poderes? ¿El pueblo supuesto “soberano” pinta algo en el asunto aparte de soportar impuestos abusivos y humillaciones impunes?

¿Qué queda de la Nación constituyente? ¿Acaso no ha sido arrasada gracias precisamente a la constitución que se celebra? ¿Logrará ésta que la Nación desaparezca disuelta a la vez en taifas caciquiles liberticidas e instituciones globalistas ajenas a nuestras tradiciones e intereses?

¿Tenemos soberanía para algo importante o estratégico más que para cambiar de canal y elegir entre TV3 o la sexta o resignarse a comprar mercancía electoral podrida?

¿En verdad los españoles controlamos las variables fundamentales o los pilares básicos de nuestra civilización?

¿Existe el imperio de la Ley en las regiones golpistas?  ¿Se protegen los derechos civiles de los ciudadanos que viven en ellas?

¿Por qué gran parte de la criminalidad permanece impune? ¿Si hay imperio de la Ley cómo es posible que la mayoría de nuestra casta política no esté en la cárcel?

Nuestra penosa realidad es que hoy mientras se celebran estos vistosos saraos oficiales gran parte de nuestro territorio está fuera de control. Ni se respetan los derechos humanos ni existe cosa parecida al imperio de la Ley. Fuerzas políticas, algunas incluso representantes de la propia Monarquía en las instituciones, llaman a la violencia y a la guerra civil sin que pase nada. El gobierno no actúa ni defiende la legalidad vulnerada, ni menos a los ciudadanos atrapados en una trampa fatal. Tampoco se observa por ningún lado el ineludible, dada la gravedad de los acontecimientos, papel moderador y de arbitraje de las instituciones que se asigna a la Corona, que ostenta además de la Jefatura del Estado el mando supremo de las Fuerzas Armadas, cuya misión es “garantizar la soberanía e independencia de España, defender su integridad territorial y el ordenamiento constitucional”. Y que consiente sea ultrajada ella misma junto con símbolos nacionales como la bandera o el himno nacionales con absoluta impunidad.

¿Estamos ya en un punto de no retorno?

Es evidencia de razón que la constitución actual no sirve. Ha traicionado en la práctica los objetivos expresados en el Preámbulo. El apaño que se nos quiere vender como remedio, la disolución de la Nación en taifas cainitas liberticidas junto con la cesión absoluta de soberanía a las instituciones globalistas es aún peor que la enfermedad. La casta política de La Monarquía, con la excepción de VOX, está en ello y con mayor o menor empeño se encuentra en la conspiración.  Por eso, VOX se ha convertido en el objeto de las calumnias de los Sánchez, Díaz, Iglesias, Torras, Rufianes, Feijóo, Maroto, Riveras, Valls, Carmenas, Colaus… Lo mejorcito de cada ganadería o la ganadería entera.

No está claro si la Corona advierte la gravedad del peligro que corre. El exilio o bien un retorno provisional al feudalismo de un rey simple primus inter pares, a merced de los nuevos señores feudales de las taifas autonómicas. Un títere simbólico, una especie de carabina de respeto para disimular cara a la galería la orgía, el saqueo y el disfrute del botín mientras quede algo que rapiñar.

Me temo que tenemos poco que celebrar en este cuadragésimo aniversario.

 

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