Alfonso De la Vega

La Garita de Herbeira

Artículos, solfas y epistolarios

Sic transit gloria mundi, o un real paseo noctámbulo por Vigo

                                                                      En un reciente texto en relación con el cuadro Las Hilanderas de Velázquez hablaba de las Parcas. Hoy salen otra vez a colación.

El incidente del otro día en Vigo, con el Rey emérito y un coro galleguista como protagonistas, parece sacado de una tragedia griega. Además de muy triste es altamente revelador de la España actual. E invita a una reflexión sobre el Poder, la Inteligencia y el paradójicamente eterno sic transit gloria mundi.

Tras el culto al poderoso mientras lo es, viene la befa, el escarnio, cuando cae. O el odio desatado, tanto mayor cuanto mayor haya sido el despotismo o la tiranía que haya encarnado. Ya se sabe. Estatuas derribadas, damnatio memoriae,…

La inicua Ley de Memoria Histórica, versión moderna del damnatio memoriae de los faraones egipcios, puede terminar con derechos civiles elementales como los de libertad de conciencia, expresión, investigación y cátedra. Pero también devorar a las principales figuras de la Transición.  El estadista general Franco es una de sus primeras víctimas gracias al revanchismo y ansias de venganza de nuestras zurdas irredentas, que embisten cuando se dignan usar de la cabeza, pero también su amenaza se cierne sobre su sucesor a título de Rey, Juan Carlos I, colocado en la Jefatura del Estado por el dictador gallego.

El que todo un Rey otrora omnipotente, por muy emérito que ahora sea, arrastre su tambaleante Majestad y húmeda decrepitud como un Max Estrella cualquiera ante la befa del populacho inmisericorde es lamentable para todos, incluso los que no somos monárquicos ni menos alabanciosos cortesanos borbónicos. Lamentable por simple humanidad y por sentido de la dignidad de las personas y de las instituciones.

Acaso algún avispado mercader explote el suceso como una peripecia digna de epopeya. Tal se hace en Dublín los dieciséis de junio recreando la odisea de Leopold Bloom, auque no haya en la actual Galicia nacionalista de Feijóo un Stephen Dedalus nuevo Telémaco que acompañe al héroe arrumbado, ni una Ítaca verdadero refugio de náufragos ni naufragios, ni menos aún todo un genial Joyce capaz de reproducir el verbo que fluye en la conciencia real como en los personajes del Ulises. Ahora con esto de la modernidad las palabras son sustituidas por imágenes captadas por un maldito móvil.

El gran Buda o nuestro Séneca nos advierten que la virtud se encuentra en el no desear. No poner obstáculos a la propia realización espiritual. Un consejo olvidado por Su Emérita Majestad a lo largo de su vida, esclava de pasiones y de epílogo tan penoso. Ataraxia que tampoco practicaba siempre el gran cordobés. Su Consolación a Polibio, escrita durante su destierro en Córcega, es considerada una muestra de oportunista vileza. Sus adulaciones en vida al siniestro emperador Claudio resultan vergonzosas. Así, por ejemplo: “Cuando quieras olvidarte de todo piensa en el César, pondera cuanta fidelidad y celo debes a su generosidad para contigo…desde el momento en que el César se consagró al servicio de todo el mundo, se sustrajo a sí mismo y, a la manera de las estrellas, que sin descanso despliegan su carrera, nunca le es lícito pararse a él, ni hacer nada por interés propio…todo le debes al César. En él tú lo tienes todo; el te basta por todo…”

Pero después que Agripina, la madre de Nerón, sustituyese unas exquisitas amanitas cesáreas por otras mortales phalloides, el mismo alabancioso Séneca pasa factura póstuma al emperador. En La Apocoloquintosis del divino Claudio describe su final.

Entonces Mercurio llama aparte a una de las tres Parcas y le dice: “Por qué, oh tú la más dura de las hembras, te huelgas martirizando a ese miserable? …haz lo que has de hacer, entrégale a la muerte; reine otro mejor en su palacio vacío…..

La postrer palabra que se le oyó entre los hombres fue ésta: “¡Ay me! Pienso que me he ensuciado” si así fue yo no lo sé. Lo cierto es que lo ensució todo.” 

Epitafio asaz riguroso aunque fuese veraz.

Claudio fue oficialmente deificado. Pero Séneca advierte al lector de otro final menos feliz. En el juicio final a las puertas del Hades hace que Eaco no sólo se oponga a la defensa del César fallecido sino que propugne que: “Trátesele como él trató a las otros y será hecha justicia”.

Pero en el mismo opúsculo Séneca aprovecha para alabar impúdicamente al sucesor de Claudio, su hijo adoptivo Nerón, en vez de Británico próximo a la mayoría de edad a la muerte de su padre. Rey muerto, rey puesto.

Febo les dice, no cortéis nada, oh Parcas. Supere el tiempo de la vida mortal, ese que en rostro se me asemeja y se me asemeja en hermosura y ni en canto ni en voz es a mí, segundo. A los cansados mortales devolverá los siglos venturosos y romperá el silencio impuesto a las leyes. Cual surge el Lucero precipitando la huida de los astros, cual surge el Véspero cuando retornan las estrellas; cual la Aurora ruborizada, desvaneciendo las tinieblas, llevó de su mano el día, y el sol resplandeciente contempla la redondez del universo y empuja su carro fuera de sus barreras: tal César aparece; tal Roma va ya a contemplar Nerón. Con brillo suave su rostro claro resplandece; refulge su cuello bajo la derramada cabellera. Esto dice Apolo. Mas Láquesis, por favorecer a tan hermoso mortal, hiló el estambre fatal con mano complaciente y de grado concede a Nerón años copiosos…

Palabras ditirambo alabanciosas sobre Nerón ¡del propio Séneca!

 

Lo habitual es que el Poder modele, cuando no coarte o incluso suprima la Inteligencia.  ¿Puede ser el Poder modelado por Ella?  No es fácil. A tan benefactora tarea se han entregado muchos preceptores de Príncipes. Saavedra Fajardo entre otros grandes autores del Siglo de oro despliega sus famosas Empresas/ Emblemas en Idea de un Príncipe político cristiano en cien empresas para mejor educación del rey.

Donde no reina la Justicia es gran peligro tener razón”, nos advierte Quevedo que supo en sus carnes las delicias de la prisión. Y ya antes un lúcido Cervantes confesaba que “Yo no valgo para Palacio porque no sé lisonjear y tengo vergüenza”.

Y el mismo Platón había advertido que “Los problemas del mundo nunca tendrán soluciones mientras los poderosos no se rodeen de filósofos, siendo así que como poderosos es casi imposible que ellos mismos sean filósofos”. Y su discípulo Aristóteles explicaba que todos los sistemas políticos son legítimos si tienden al Bien Común.

Pero, ¿Cómo se determina el Bien Común? ¿Quién lo hace? ¿La Inteligencia? ¿Un conjunto de valores metafísicos o espirituales de orden superior? Por el contrario, como pretenden todos los déspotas, ¿El propio Poder autoconsciente, autónomo, se autolegitima por sí mismo?

Al igual que en cualquier periodo pre revolucionario los símbolos del Poder político aparecen cada vez más arrumbados en la España actual. Golpes de Estado impunes perpetrados desde las propias instituciones monárquicas, cualquier canalla se limpia los mocos con la bandera y ello no tiene consecuencias, se consiente que la imagen del actual Jefe del Estado se coloque cabeza abajo. La Justicia escarnecida y en almoneda. Las Cortes degradadas como tugurio solaz de hampones y chusma. Los defensores de la Nación acosados…

¿Acaso con esto de la posmodernidad globalista la Inteligencia ha renunciado a ilustrar y civilizar al Poder? ¿Hasta cuándo vamos a asistir a que las propias tambaleantes instituciones del Poder se pongan, y nos pongan, en ridículo?

Un ridículo antesala del suicidio.

 

Notas:

Las imágenes del penoso incidente protagonizado por gentes burlándose del Rey Emérito en Vigo pueden verse aquí.

Los textos de Séneca reproducidos en este artículo están sacados de la edición de sus Obras Completas por la editorial Aguilar, con comentarios de Lorenzo Riber, Madrid, 1943

 

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