Alfonso De la Vega

La Garita de Herbeira

Artículos, solfas y epistolarios

Aznar indica el camino

La sesión parlamentaria de ayer, en realidad una encerrona para linchar al ex presidente Aznar, le ha salido mal a sus inductores. “La galga capada” como decimos en Castilla.  En efecto, se ha vuelto a demostrar que Aznar no es la blandita mantequilla de pitiminí del anterior presidente del PP y su siniestra tropa huera de principios y… ¡cojones! Me temo que contra lo que deseaban los alguaciles alguacilados, Aznar ha mostrado el camino para tratar a la gentuza del nuevo Frente Popular que encabeza el falsario y encanallado doctor Sánchez, el siervo de Soros, Obama y la Hilaria Clinton, el prófugo Pigdemont o el racista xenófobo Torra.

Sin amilanarse, con un par, ajustando con precisión el merecido mandoble, ha contestado como se merecían a las impertinencias rufianescas, a los insultos del felón marqués de Galapagar, a los tartufos sacristanescos vascos y demás chusma frente popular, que ha tenido que huir con el rabo entre las piernas y lamiéndose las heridas.

La cosa me recordó cierto texto que publiqué el siete de julio del año pasado en el que rescataba una serie de testimonios de testigos de la guerra de África y del desastre de Annual, en concreto.  Y en el también que se citaban las palabras relativas a la peculiar psicología de las tribus del Rif, propias de los autores de los textos y de algunos entrevistados durante la ocasión. Se trataba del testimonio interesantísimo, a veces sobrecogedor, de personas que vivieron la situación como protagonistas o como testigos. Así por ejemplo, el periodista y corresponsal de guerra Juan Guixé  o el teniente coronel Pérez Ortiz, uno de los pocos supervivientes de Monte Arruit. Autores respectivos de dos importantes y valientes libros documentos, El Rif en sombras. Lo que yo he visto en Melilla, (Madrid 1922)  y De Annual a Monte Arruit. Dieciocho meses de cautiverio. Crónica de un testigo (Melilla, 1923), escrito y publicado este último tras su liberación de un cautiverio de dieciocho meses en terribles circunstancias.

El libro crónica del corresponsal de guerra Juan Guixé tiene un gran interés, sobre todo para el lector de hoy por lo que cuenta en sus últimos capítulos acerca de lo que pasaba hace un siglo:

“El resultado de sigilar los hechos y sus causas, de fomentar e imponer el silencio en torno a ellas, es, a mi juicio, la falsificación de la historia. España, por esta causa, tiene una historia adulterada, deformada, mixtificada. Los sucesos se velan, se difuminan del modo más incoherente y disparatado; se descoyunta la lógica de las conductas y de los motivos sociales y lo que es acción liviana, lamentable y oprobiosa, se convierte en página heroica, hecho glorioso, (¿Igual que en el 23 F o el 1 O, por cierto?) o se olvida entre enramaje de la omisión y la vaguedad. La habilidad arbitrista y maquiavélica discurre también expedientes para salvar situaciones comprometidas, a primera vista inevitables. El ardid de leguleyo y la cazurrería caciquil de nuestros políticos es fértil en estos artilugios. …

España daría una prueba de vitalidad y de sano amor a sí misma, discutiendo a la luz del día las responsabilidades, caiga quien cayere. Pero no lo hará. No tiene aquel pulso fuerte de los pueblos que caminan en la historia hacia un plano ascendente. Más bien se halla en un plano inclinado. Políticamente, ello me parece harto evidente, por desgracia…

No tenemos fuerza, este es un argumento, aparte de otras razones fundamentales de doctrina, para persistir en nuestra actitud frente al problema de Marruecos. Y como no tenemos fuerza de nada sirve que nos obstinemos en engañarnos a nosotros mismos, siguiendo la fatal trayectoria que viene costándole a España el achicamiento de su personalidad y que viene a ser una especie de liquidación española en el mundo. Esta debilidad nuestra nace de la desorganización del país, de la incultura general y de la falta de ideales. Si no tenemos fuerza, carecemos también de aptitud…”

No es de extrañar que un escéptico Guifré antes las posibilidades reales de rectificación de nuestra conducta y la escasa confianza en nuestra capacidad de enmienda, entonces propugnase la retirada: “¿Somos capaces de cambiar? Sino, lo más fecundo, lo más cauto, mirando al presente y mirando a la historia, será el abandono”.

La psicología rifeña

Pero en la guerra conviene comprender al otro bando. Pese a la ideología buenista, frívola, necia, hoy dominante introducida por globalistas multiculturalistas o hembristas, un testimonio de gran interés, y acaso aún de cierta actualidad, sobre la peculiar idiosincrasia de los moros de esa época es el que recoge el corresponsal tras sus conversaciones con algunos notables rifeños asimilados.

El moro, suelen decir algunos españoles en África, tiene una mentalidad contraria a la nuestra. El del Rif no es siquiera heredero de una civilización opuesta a la europea; está sin civilizar y el Corán no sirve sino para estimular en él su barbarie nativa y hacerle fanático peligroso. Es, al lado del europeo, un malhechor, un bandido. En el rifeño todos los males y defectos de un pueblo desahuciado se agravan. El rifeño es un ser aparte, y aún dentro del Rif, entre las cabilas, hay diferencias enormes de psicología. ..el moro vulgar suele ser bandolero, tiene el instinto despierto del malhechor, para el cual, cosa natural es el robo y el crimen….no respetan la ancianidad ni la mujer, ni la debilidad física, sino cuando hay algo que las defienda.

En el hogar, el moro es un pequeño sultán. Practica la poligamia y las mujeres deben trabajar para él. El amor carece de espiritualidad (como revela esta conversación en Melilla):— Manuel, por Dios grande, que ayer conocer a tus hijas, y estar cosa güena, güena. ¿Cuántos años tiene la mayor? Trece. Manuel, tú estar tontón, si tu venderla a un moro rico, darte por ella cuatrocientos o quinientos duros —“

Y prosigue el autor: 

“Yo no he visto pueblo que con mayor altivez y aparente desprecio de lo ajeno, lo codicie con más pasión y en cuanto puede trate de apoderase de lo que codicia. Es un género de hipocresía que el moro disfraza con orgullo y el británico con el ideal, pero en ambos, avasalladora.

El rifeño se arroja al robo con pasión. El moro desarrapado se entrega siempre que puede al merodeo y el bandidaje. El moro rico roba de otra manera, usando su fuerza guerrera y feudal y de la credulidad de los demás… la mayoría de las guerras, o de los movimientos de guerrilla que perpetuamente reproduce, los inspira, más que el fanatismo y la xenofobia, la esperanza de botín…

Es una equivocación suponer que le mueve el patriotismo que no siente ni comprende.

Su arteria y su astucia son muy grandes y lo mismo su ductilidad e impresionabilidad. .. yo creo que en ninguna parte del planeta es más fácil encontrar tan gran número de gentes dispuestas a traicionar como en el Rif. Esto explica que los mismos que estuvieron recibiendo los beneficios de la dávida española durante años, sin cosecha, se lanzaran  despanzurrar españoles y a estuprar niñas de estos.

¿Cuál ha de ser la reciprocidad de unos seres que no comprenden la compasión ni el que un país o una cabila, la cabila Hispania, como ellos dicen, asuma la empresa de suscitar entre ellos la riqueza, el progreso, el derecho de gentes?

No comprenden porqué razón España gasta el dinero y sus vidas para entrar y establecerse en el Rif, poseyendo ella por lo que le dicen e infiere, tantas tierras, tantos hombres y tanto dinero. España está tontona.

Solo la codicia del rifeño es superior a su odio. Por codicia, el español que de otro modo sería muerto irremisiblemente pasa a ser como un animal doméstico al que se prodigan cuidados para cotizarlo en el mercado. El prisionero será vendido por un buen rescate…”

El testimonio de un jefe de cabila asimilado a España, Mizzian llamado El Bueno, también resulta esclarecedor. Le pregunta el corresponsal:

Dime, ¿Cómo te explicas la traición?

Por exceso de confianza. Yo soy moro y los conozco. Los españoles habéis tratado al moro de una manera inadecuada, impropia…. En vez de agradecer lo que vosotros hacéis por él, se ríe en su interior de vosotros.

Entonces, ¿qué política crees tú que hay que seguir con el moro?

¡La de la fuerza! ¿No han matado ellos? ¿No han robado ellos? Aquí me tienes a mí, ahí tienes a mi hijo cuya cabeza han pregonado en 15.000 pesetas. ¿Crees tú que si el moro pudiera no arrasaría Melilla y nos pasaría a cuchillo a todos? Mira hay que llevar el palo en una mano y en la otra mano… el palo también. Créeme todo lo que sea no hacerlo así es perder tiempo, es dejar caer el prestigio de España y es derramar mucha sangre española. Si queréis ahorrar sangre, hay que pegar fuerte a esos bandidos…

Una receta curiosa y muy lúcida, sin duda, sobre todo viniendo de donde viene, un indígena paisano de los criticados.

Si donde ponía moro, se pusiese golpista del Frente popular y donde ponía El Rif, la actual Cataluña golpista, fanática, liberticida y fuera de la Ley, veríamos como Aznar conoce bien el percal y otra vez marca camino.

 

 

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