Alfonso De la Vega

La Garita de Herbeira

Artículos, solfas y epistolarios

Sobre el éxito del PSOE

Algunos, cada vez más dada la gravedad de los acontecimientos que estamos viviendo, nos preguntamos acerca de las razones profundas del éxito del PSOE. ¿Cómo es posible que un partido falsario, dominado por gentes sin honor, patriotismo ni decencia, capaz de desfalcar cientos de millones de euros a ciudadanos españoles, entre ellos parados a los que muy especialmente debiera defender, pueda aún mantener alguna credibilidad y representación social?

Un partido refundado ex nihilo por servicios secretos y fundaciones capitalistas extranjeras, plagado de vicios de ejercicio, mohatras y escándalos. Democrático sólo cuando le conviene, de lamentable vocación guerra civilista, sectario, demagógico, perpetrador de traiciones y felonías, liquidador del sector público…

Un grupo de comportamiento mercenario globalista al servicio del más reaccionario NOM contra los legítimos intereses de España, que ataca a la familia con la promoción del hembrismo fanático o la homosexualidad y a la clase media y trabajadora con el fomento de la inmigración ilegal y descontrolada o la universalización de los servicios para ilegales y no cotizantes con cargo a déficit y deuda, ¿cómo es posible que pueda estar gobernando una nación multi-centenaria al final del siglo XXI y que aún mantenga algún apoyo electoral social además de entre los golpistas, racistas, saqueadores que han aupado al doctor Sánchez a la cucaña gubernamental?

Un partido que ante quizás la mayor disyuntiva en la que se encuentra hoy Occidente: globalismo descontrolado al servicio de una feroz plutocracia o mantenimiento del orden básico de los Estados Nación que posibilita la convivencia y el progreso pacífico, paradójicamente apoya el globalismo contra los intereses de los trabajadores, cuya legislación laboral protectora ha desmontado, o el interés común de los ciudadanos. Lo que también significa otra disyuntiva: o el apoyo a la economía real y sus instituciones que sirven para satisfacer necesidades reales de la población o a la especulación financiera internacional contra los intereses sociales. Un partido que ha desmontado gran parte de nuestros principales sectores económicos mediante ruinosas reconversiones, y ha dilapidado el sector público español, arrumbado la agricultura y abandonado al mundo rural, importantes sectores industriales o entregado estratégicas instituciones energéticas a las multinacionales.

Un partido que, en resumen, actúa de hecho en contra de los intereses que sus siglas pretenden representar. Controlado hoy no por trabajadores sino por buscones y oportunistas, cucañistas, señoritos e hijos de papá, hembristas y preciosas ridículas. Y que para tapar su actual verdadera naturaleza mercenaria del gran capital y su renuncia a defender los derechos laborales cada vez más representa a la chusma, al lumpen, a lo peor de la sociedad española. A indigentes espirituales y morales sin criterio propio azuzados por la demagogia y la envidia. Sin olvidar su pertinaz contubernio contra natura con la mayor carcundia oligárquica periférica, integrista, racista, xenófoba, con empresarios monopolistas abusones que medran en el desfalco o el privilegio.

Algún lector dirá: exagera, habrá alguien honrado. Sí es posible, desde luego, pero haciendo bulto o ¡bien que lo disimula sin oponerse a lo que sucede!

No hay más que ver el monipodio gubernamental con el doctor falsario que lo encabeza. O como se tapan o tergiversan con ayuda de la prensa y media mercenarios los mayores escándalos.

Quizá la razón de su éxito, so pretexto de progrez, además de la mohatra permanente y de la actual propaganda de los media prostituidos que blanquean los abusos y su verdadera naturaleza ante el populacho, se encuentre en su demostrada habilidad para excitar las más bajas pasiones. Quienes lo encumbran y amparan han sabido explotar las bajas pasiones de la chusma. La codicia, la ambición, la ignorancia, el fanatismo, la hipocresía, el resentimiento social, el revanchismo, el sectarismo, el fanatismo. La suicida falta de sentimiento de pertenencia a una gran nación histórica secular, hoy fragmentada en tribus ignorantes, sectarias, y dominadas por oligarquías corruptas y liberticidas. Y sin duda, en su manejo magistral de la envidia igualitaria.

Un vicio nacional. Durante el siglo de oro, en el comienzo de la primera empresa de las que forman su tratado Idea de un príncipe político cristiano, don Diego Saavedra Fajardo hacia referencia a la envidia:”En la cuna se exercita un espíritu grande; la suya coronó Hércules con la vitoria de las culebras despedazadas. Desde allí le reconoció la invidia  y obedeció a su virtud la fortuna”.

Un vicio también estudiado por Unamuno, la generación del 98, entre otros autores.

Más tarde, en 1984, Fernández de la Mora dedicaba a la envidia igualitaria un lúcido ensayo que fuera publicado por la editorial Planeta. Un texto que ilumina muchas de las causas de las actuales amenazas que se ciernen sobre la sociedad española gracias a los socialistas y sus aliados comunistas y golpistas en general con la complicidad de los media corrompidos y creadores de una mohatra o realidad virtual al servicio de la devastación.

Decía así el autor:

“En los pueblos que envidian más, estas leyes psicológicas se manifiestan con especial relieve. De todas las grandes naciones europeas España es la  que más ha decaído en la edad contemporánea porque el igualitarismo envidioso ha actuado en ella más enérgicamente que en otras naciones al encontrar una predisposición psicológica que ha multiplicado su operatividad. Y en aquellos periodos en que los demagogos del resentimiento han sido más activos, la decadencia ha sido más acusada. La experiencia próxima confirma que la envidia social es más deletérea que la privada y que, cuando es estimulada políticamente, desciende la calidad de las minorías y el deterioro general.”

Unas palabras proféticas escritas hace más de un tercio de siglo. Como estas otras que explican lo que nos pasa:

“La eminencia de una persona depende de su estructura genética, (salud, cociente intelectual, tesón,…), de su formación (saberes, hábitos…) y de su promoción (reconocimiento público y utilización colectiva)”.

“La envidia interviene con creciente negatividad en cada uno de los tres momentos. La envidia al fuerte, inteligente y virtuoso lo margina y no estimula su reproducción óptima: el aislamiento y el celibato del hombre superior son antieugénicos. La envidia escolar al más capaz y estudioso fomenta la desaplicación y el ocio; y el igualitarismo educativo retrasa a los mejores. Y, finalmente, la envidia social obstaculiza el reconocimiento público de los egregios, así como el fomento y utilización de su actividad. La eficiencia de la envidia es, pues, mayor en la sociedad que en la escuela, y mayor en la escuela que en la pareja; cuanta más extensión superior negatividad. Por eso la envidia social es la de máxima potencia demoledora”. 

Con esta pasión dominante, azuzada por la demagogia, antesala de la tiranía, ¿puede existir y mantenerse una verdadera democracia promotora del Bien común en España ?

Pero, para ser ecuánimes, la responsabilidad en este estado de cosas no es exclusiva del PSOE sino también de la no izquierda, ¿derecha?, que ha renunciado a dar ninguna batalla cultural por los valores o el patriotismo y que trata de mimetizarse, de confundirse con estas zurdas degradadas.  Ni menos a dar ejemplo con su conducta. Tal falta de antagonismo virtuoso es otra de las causas de la actual degradación de las instituciones y del descrédito de la actividad política y de la clase política en su conjunto entre los ciudadanos españoles conscientes.

 

 

 

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