Alfonso De la Vega

La Garita de Herbeira

Artículos, solfas y epistolarios

Del nuevo Instituto Avellaneda, antes Cervantes

Dentro de la ignorancia y estulticia de gran parte de nuestra clase política dirigente parasitaria destaca por méritos propio la lugartenienta del gobierno sanchopedrero. Cabe considerar como disculpa que es socialista, miembra primate de las “repugnantes zurdas españolas” como las calificaba el poeta Antonio Machado, lo que al parecer da patente de corso para ignorar los rudimentos básicos de la Cultura y la Tradición españolas, incluido nuestro gran siglo de oro. Y para añadir a la ignorancia: la osadía, el desparpajo de nuestras próceras hembristas militantes y militantas. No es una preciosa ridícula, o IN-culta latiniparla, sino la maruja mandamás del gineceo zamarramalero de una permanente festividad de Santa Agueda.

Pero, aún así, con todo y eso, la señora “e moito” como dicen aquí en Galicia. En efecto, durante la más alta ocasión que vieron los siglos, la toma de posesión del nuevo director del Instituto Avellaneda, antes Cervantes, la enmucetada madame se ha puesto a pontificar a su basto modo sobre la obra capital de la Literatura española y puede que de la universal.

En un singular discurso dirigido a gilipollas, gilipollos y gilipolles de su cuerda la escoliasta feliz y jefa de maritorneras considera que en la nueva memoria histórica que patrocina, menos don Quijote y más Sancho o Aldonza o Dulcinea. Esta cretina partidaria de la igualad del cero es cero zapatero ignora por completo los fundamentos metafísicos y tradicionales de la obra maestra cervantina. Una obra inspirada en la cábala sefardita, la Gnosis, el neoplatonismo, el ideal caballeresco. Un universo de jerarquía, aristocrático en el sentido exacto de la palabra: de acción de los mejores, el propio de la Caballería y de los ideales metafísicos que la inspira, muy distinto al de la pretendida igualdad basura que la interfecta en su lamentable ignorancia culposa proclama.

Durante la Edad Media las antiguas Órdenes de Caballería trataban de contribuir a ese orden intentando que la Fuerza estuviera bajo el imperio de una concepción metafísica. Así, bajo la forma de la dualidad entre el caballero y su dama. El primer deber del caballero era ser fuerte, pero existía un código moral de uso de esa fuerza. Lo explicaba, antes que nuestro gran Cervantes, Raimundo Lulio en su famoso Libro del Orden de Caballería. Lulio que dividía la materia en siete partes. La primera del Principio de la Caballería, la segunda del Oficio del Caballero. La tercera del Examen que se debe hacer al escudero que quiere entrar en la Orden de Caballería. La cuarta del Modo de ser armado caballero. La quinta sobre el significado de las Armas del caballero. La sexta de sus Costumbres. La séptima es del Honor que se debe hacer al caballero.

Luego que comenzó en el mundo el desprecio de la justicia por haberse apocado la caridad, convino que por medio del temor volviese a ser honrada la justicia.” Para ello según un ideal aristocrático de selección de los mejores, se fueron eligiendo los más sabios, amables, leales, fuertes, ánimo más noble, de mejor trato y crianza. “Lo primero que debe preguntarse al escudero, para ser caballero, es si ama o teme a Dios. Así como caballero sin caballo no se aviene al oficio de caballero, escudero sin nobleza de corazón no se aviene con la Orden de Caballería. La nobleza de corazón no la pidas a la boca, porque no siempre dice la verdad, ni la pidas al vestido honrado, porque debajo de un honroso manto puede haber un corazón vil y flaco, en que haya maldad y engaño. Paraje o hidalguía y Caballería se convienen y concuerdan porque el paraje no es más que antiguo honor continuado, y la Caballería es una Orden y regla que se mantiene desde el tiempo en que fue instituida hasta el presente”.

El Libro de Caballería establece también que una de las primeras obligaciones del escudero que quiere ser ordenado caballero es la de la Fortaleza, pues sólo el que es fuerte puede luchar por la Justicia. Todo lo contrario del gobierno débil y entreguista al servicio del Mal que la madame representa.

Y hablemos de la Dama. La Dama en el ideal caballeresco es el símbolo de los valores metafísicos que deben inspirar al Caballero en el ejercicio de su labor. Nunca puede ser igual al caballero como pretende la cretina miembra sanchopedresca gubernamental.

El pensamiento político de Cervantes, como puede comprobarse por ejemplo pinchando aquí, resulta ser todo lo contrario de los de este gobierno socialista infame. Un gobierno de felones, cobardes, apoyado por especuladores con las manos manchadas de sangre, amos de Andresillos, curas trabucaires y traidores y corruptos de la peor ralea. Al contrario, el planteamiento cervantino es liberal, de respeto a principios éticos de orden superior, de pocas leyes pero nobles, dirigidas al bien común y con voluntad de cumplirlas. Las antípodas del sanchopedresco, si es que tiene alguno además crear caos y devastación en la práctica para favorecer a sus amos que le han aupado a la cucaña.

Cuando Don Quijote y Sancho buscan a Dulcinea, es decir: el Alma, encuentran que la Iglesia, (con mayúscula en la edición princeps, es decir, como Institución), representa un tremendo obstáculo para encontrarla.

La lugartenienta debiera pararse a pensar sobre si el mayor obstáculo para el desenvolvimiento espiritual, intelectual, y de bienestar del sufrido pueblo español es su propio partido y lo que representa. Bajo el disfraz de la pretendida igualdad, están el fanatismo, la ambición, la codicia, la ignorancia, el resentimiento, la hipocresía. La igualdad de la bazofia, de la villanía, de la mediocridad y la demagogia de las chusmas que ella promueve y con las que se identifica. El “ideal” contra aristocrático refrito por la memoria histórica: basado en el vicio, la ignorancia, en el jalear las bajas pasiones del populacho.

Como es sabido Avellaneda, otro okupa impostor e hipócrita ventajista como el propio Sánchez, transforma a Don Quijote de un noble caballero luchador por un ideal sublime a un loco para encerrar en el Nuncio toledano. Y a Dulcinea, el símbolo del más alto Ideal en una prostituta. Don Quijote es la Cultura, el patriotismo inspirado en los ideales de Dulcinea. Vendría a ser la malvada “Derecha” y el mundo metafísico, en consecuencia hay que encerrarlo en una jaula, hay que prostituirlo.

De valores metafísicos, del Ideal caballeresco, no. Pero de desfalcos, de mediocridad y de putas entiende mucho esta gente, que por pura coherencia debiera rebautizar al antiguo Instituto Cervantes en Instituto Avellaneda. Algo necesario antes de mancillar el nombre del insigne autor, honra de la Libertad, de las Letras y de la Cultura españolas.

Conferencia: El pensamiento Político de Cervantes. Salón de Actos sede central de la Caixa en La Coruña

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