Alfonso De la Vega

La Garita de Herbeira

Artículos, solfas y epistolarios

De la Feliz Gobernación o los votos muertos

                               “Dos fuentes de Sabiduría hay, el instinto natural y el juicio sobre lo conveniente, a este último se le llama Premeditación.”

                               “La Premeditación usa cuatro diccionarios. El primero para hablar con la Divinidad, diccionario falso; el segundo para hablar con el Pueblo, diccionario falso; el tercero para hablar con la Historia, diccionario falso; y el cuarto para hablar consigo misma; diccionario cerrado. Es costumbre esperar un Quinto Diccionario, verdadero y abierto, también llamado Diccionario de Aquel Día tan Debido o del Gran Juicio y su Justicia. Mas conviene saber que nunca habrá Quinto Diccionario.”

                               “De la vagina instintiva surge el Pueblo y de la Premeditada, los mandarines”.

                               “Quien se encumbra, me conoce

(Apuntes del Discurso de Cara Pocha reseñado por el noble escoliasta don Miguel Espinosa, cuya musa murió en enero pasado)

 

Aclaración previa: una variante anterior de este texto que sigue fue publicada el día 15 de mayo   de  2013. Sin embargo, se trata de un tema de perenne interés. Un reciclable. De modo que ahí va para diversión del amigo lector en una nueva versión actualizada. Todo parecido con la ficción es mera coincidencia:

 

Joaquín Belda ironizó en uno de sus famosos relatos breves sobre las mañas electorales de la época. Silvino Cordero, vota cuenta las aventuras de un personaje que votaba en todos los colegios electorales de Madrid, o al menos lo intentaba. No es que le inscribieran donde no vivía como a la excelentísima vicepresidenta del anterior gobierno socialista, hoy flamante jefa del Consejo de Estado. Silvino tenía un amigo empleado en eso de los muertos del Ayuntamiento que cuando se acercaba la fecha de las elecciones le facilitaba una lista en la que constaba el nombre y domicilio de de uno de los fallecidos más recientes en cada colegio electoral. A veces le ocurría que cuando se acercaba a la urna ya se le había adelantado otro suplente que había ocupado el lugar del muerto. Otras tenía que disimular puesto que era conocido de los interventores.

¿Y por qué hace usted eso? Le preguntaba algún conocido.

¡Toma! Por lo que se hacen casi todas las cosas en este mundo: por dos pesetas y un cigarro puro.

En la corrupta y medio desahuciada España actual es justo al revés: los electores vivos o muertos son los que convidan a los partidos políticos que cobran por cada voto recibido.

Pese al creciente déficit democrático en Europa, que no será por falta de políticos, más bien son tantos, tan voraces y tan inútiles para el logro de nada bueno para los supuestos representados a los que parasitan sin piedad ni tapujos, que cabe considerarlos como una terrible plaga, estamos otra vez de elecciones aunque el sufrido elector no puede elegir a nadie en las verdaderas fuentes de poder: las del financiero, al que hoy tras los grandes progresos del siglo XXI se encentran subordinados todos los demás.

Se ha celebrado no hace tanto el segundo centenario del nacimiento de Gogol, uno gran estudioso del alma rusa. Gogol fue un alma atormentada que sufrió mucho. Aunque también diferencias sustanciales, hoy Rusia dispone de un gran estadista y nosotros una cosecha, crianza y reserva de inútiles, y / o vendidos al oro de Soros, existen ciertos parecidos profundos entre España y Rusia. Uno de ellos es la corrupción derivada en ambos países del saqueo de las antiguas empresas públicas tras la perestroika y la “desamortización” socialista biutifullera del legado empresarial estatal del anterior Régimen español. La Pardo Bazán comparaba a España con Rusia: “dos pueblos antiguos y a la vez jóvenes que aún ignoran adónde les empujará el porvenir, y no aciertan a poner de acuerdo la tradición con las aspiraciones”.

Se considera a Gogol como el padre de la novela realista rusa. Su primera obra, “El inspector”, es la historia de una corrupción equivocada. No en el sentido moral, que todas lo son, sino en el de sobornar a destinatario equivocado. Los corruptores, los caciques locales, confunden a un pobre diablo recién llegado con el temido inspector que viene a revisar la situación desde la capital. Primero censurada, luego autorizada expresamente por el propio zar Nicolás I, su estreno en San Petesburgo constituyó un gran escándalo. No obstante, gustó mucho en Moscú, con un público diferente y más sensible al asunto criticado. Dejo al amable lector su aplicación al caso español.

Después de este gran éxito, Gogol escribió la que se considera su obra maestra “Las almas muertas” que refleja con singular humor y maestría la peculiar situación de la sociedad rusa en relación con la servidumbre. El protagonista, Chichikov, consejero de Estado, propietario viaja por motivos particulares.  Muy “particulares” aprovechando la existencia de instituciones tradicionales como los siervos y la relativa inoperancia de la administración rusa, salvo en la cuestión policial.

A Chichikov se le ocurre que puede aprovecharse del retraso con el que la administración zarista actualizaba el censo de siervos varones, “almas”, en su terminología, comprándoselas a sus antiguos propietarios. Estos se benefician al librarse de pagar la contribución que les correspondería hasta que fueran dados oficialmente de baja y el pícaro puede utilizarlos como ejército fantasma, como prenda ficticia para conseguir sus propias concesiones o proyectos ante la burocracia zarista.

 

El origen de la última gran crisis financiera internacional no andaba muy lejos de estas granjerías que nos narra magistralmente Gogol. El dinero cada vez más alejado de su papel original como medio de pago de bienes y servicios reales se convierte en un universo con vida propia, especulativo y casi ficticio. Apenas posee ya entidad física, no ya en oro o metales preciosos pero ni siquiera en papel moneda. Una mohatra. Un modo de aparentar fingida solvencia que no se posee, en la que siempre se encuentran presentes la capacidad para la picaresca más o menos delictiva de los promotores con la incompetencia de la burocracia para regular las cosas o mejor para velar por el cumplimiento de lo regulado. Concediendo que los promotores no sean los mismos gobiernos que perviertan su abundante burocracia en red delictiva.  En el llamado sistema económico, divorciado de la Moral o la Ética, ciencia madre de los primeros estudios económicos, cualquier cosa es ya mercancía, incluida la vergüenza dentro de ese sistema pretendidamente autónomo, calificado de científico porque se asimilaba al establecido por Newton en sus Principia y se basaba en postulados walrasianos. Y que ahora ha tratado de sustituir como motor a la producción por la autonomía del dinero. De un dinero ficticio, excremento del diablo como quería Papini, una nota o guarismo en una cuenta electrónica, pero una nota que, repetimos, apenas posee ya convertibilidad con algo tangible. E incluso su uso en estas formas físicas suele ir asociado a actividades non sanctas.  Doblemente emancipado de la Moral y de la realidad: paradójicamente, lo que nació con ínfulas científicas y contra escolásticas ha devenido en una especie de superstición pseudo-religiosa: la de que el carrusel de lo económico es un ente autónomo capaz de satisfacer necesidades reales e inducidas y puede crecer, una y otra vez, de modo mecánico sin tener en cuenta el segundo principio de la termodinámica, demografías, niveles de educación u organización o de recursos naturales. Pero ahora la mal llamada riqueza financiera, una forma de mohatra y picaresca, afecta a e incluso impide el desarrollo de la economía real, la que mueve la creación de bienes y servicios para la satisfacción de las verdaderas necesidades de la gente. De ese pueblo veterano y supuestamente soberano al que le dejan votar de vez en cuando siempre que no estorbe mucho las decisiones que la plutocracia internacional ha tomado ya por él.

Pese a lo ya comentado sobre las hazañas del inefable Silvino Cordero, quizás algún amable lector me critiqué que para hablar de las viejas mañas de la picaresca recurra a lejanos grandes autores rusos cuando nuestra literatura es una de las pioneras mundiales y la exportación de pícaros y sinvergüenzas podría equilibrar con ventaja nuestra lamentable balanza de pagos. En verdad, no hace falta que la odiosa y cursi niña angloparlante del ya afortunadamente fenecido Rajoy estudie inglés y repita extrañas palabrotas anglosajonas cuando todo ello está ya inventado en nuestro siglo de oro. Sub prime, hedge funds, ninjas, no son sino variantes de nuestra castiza mohatra. Y es que en el arte de la tercería, la corrupción política o el agio somos auténtica potencia mundial. Incluso el gobierno del “doctor” ZPedro va a satisfacer una vieja reivindicación de nuestra casta, la creación de las Facultades de Ciencias de la Corrupción donde elevar a científicas y dar rango académico con o sin masteres a nuestras viejas mañas y maneras, amén de enmucetar a expertos de todos los partidos dinásticos, incluyendo los más notoriamente golpistas.

Pero, ya nuestros Cervantes, Quevedo, Rojas, Mateo Alemán o Espinel eran notarios de la existencia de un ambiente social, unas criaturas y un lenguaje que tienen poco que aprender de los modernos estafadores, banqueros, auditores y caballeros de mohatra autonómicos, españoles y extranjeros. Pocas descripciones más notables y fidedignas de la España irredenta e inmutable que la que nos ofrece el maestro Cervantes en el “Rinconete y Cortadillo”. Esa sociedad hampona, con abundancia de desheredados, de segundones, de expósitos y logreros, genera trampas, ardides y engaños para vivir por medios distintos que los del trabajo.

Y qué decir de la singular taxonomía de todas estas pintorescas especies y de su jerarquía delictiva desde el novel chulo, marrajo o jorgolino hasta el jayán de popa pasando por los jaques y espadachines, antes del merecido retiro en el trono subido.

Por cierto, para preservar la famiglia algunos tronos subidos han tenido que volver a aparecer desde su retiro dorado donde disfrutan de sus logros de logreros.

En la aún más amarga de otra de las novelas ejemplares, la historia de un perro fiel e inteligente, tan inteligente que tiene el don de la Palabra, que comprende al fin que los supuestos lobos con cuya acción nos amenazan y nos agraden son los propios pastores al cuidado del rebaño. Son ellos los que nos matan y devoran ¿Con carácter fatal en este paraíso de Monipodio?

Chichikov tiene ahora muchos nombres. Se encuentra desdoblado en múltiples personalidades. Poco antes de morir, Gogol quemó una segunda parte de sus aventuras de modo que no sabemos cuál sería el final previsto por el Autor. Pero acaso el final no está escrito por el Autor sino por los personajes. Suponiendo que, como mucho nos tememos, ya no estemos todos muertos. Muertos, eso sí, votantes.

Y aún vienen más notas, se cree que algunas apócrifas, del gran Espinosa:

“Yo divido a los hombres en rebeldes y guiñosos; los primeros confían en sus obras, los segundos en sus muecas, salutaciones y respetuosidades. Yo divido a los hombres en rebeldes y provincianos, los primeros tienen un sentido universal y los segundos localista de la existencia. Yo divido a los hombres en rebeldes y aprovechados; los primeros hallan el ser bueno en la Ética, los segundos en la ocasión de colaborar con la Feliz Gobernación.  Palabras y más palabras configuran discursos como éste, parabienes y parabienes, como los que tan alabanciosamente me ofrecéis, relaciones. Ambos con intereses y negocios pergeñan una casta gobernante. Sabéis que la doctrina posee tres momentos, el fundador, el corruptor y el jurista. Mi gran premeditación consiste en no tener doctrina de modo que así puedo ser todo a la vez según convenga. Sin doctrina no hay programa y sin programa, ni incumplimientos ni reclamaciones”.

“Nuestro objetivo es la permanencia, porque genera secuaces y mana entusiastas, rellenando con el bodrio el hueco entre palabras. Y es que ningún argumento engendraría Gobernación si los prosélitos no trasformaran los conceptos en bienes”.

“La gobernación no puede perdurar sin intereses de ahí la necesidad de las teorías políticas. Pero la gobernación no necesita intelectos sino sumisiones, puesto que sólo el Sumo Mandarín interpreta los hechos de donde le viene el antiguo título de Comparecencia Dialéctica y Contradicción Resuelta. Quien se encumbra me conoce. He dicho. (Aplausos, gritos de entusiasmo y mil doscientos soponcios)”.

 

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