Alfonso De la Vega

La Garita de Herbeira

Artículos, solfas y epistolarios

Cataluña y el eterno retorno golpista. Un poco de memoria histórica ante una vergonzante visita

Un poco de “Memoria Histórica” ante la visita del golpista, racista, supremacista Joaquín Torrá al mercenario complaciente ZPedro en su despacho oficial.

Textos de los años 1934, 1935 y 1936, antes y después del golpe de Estado catalán

 

                               “Pese a quien pese, el problema de Cataluña subsistirá (Maciá)

 

Todos los síntomas confirman nuestra tesis: Cataluña autónoma asiste al crecimiento de un separatismo que nadie refrena: el Estado, porque se ha inhibido de la vid catalana en las funciones primordiales: La formación espiritual de las generaciones nuevas, el orden público, la administración de justicia… y la Generalidad, porque esa tendencia separatista, lejos de repugnarle le resulta sumamente simpática.

Así, el germen destructor de España, de esta unidad de España lograda tan difícilmente, crece a sus anchas. Es como un incendio para cuya voracidad no sólo se ha acumulado combustible, sino que se ha trazado a los bomberos una barrera que les impide intervenir. ¿Qué quedará n muy pocos años, de lo que fue bella arquitectura de España?

Y mientras tanto, a nosotros, a los que queremos salir por los confines de España gritando estas cosas, denunciando estas cosas, se nos encarcela, se nos cierran los centros, se nos impide la propaganda! Y la insolencia separatista crece. Y el Gobierno busca fórmulas jurídicas.

Pero piense el Gobierno que si España se le va de las manos, no podrá escudarse ras una excusable negligencia. Cuando la negligencia llega a ciertos límites y compromete cosas sagradas, ya se llama traición.   

 

 

He aquí sobre la escena otra vez el más turbio ingrediente de los que componen el complejo catalanista. No olvidemos la Historia: el catalanismo nace políticamente cuando España pierde sus colonias; es decir, cuando los fabricantes barceloneses pierden sus mercados. No se oculta entonces a su pausada agudeza que es urgente conquistar el mercado interior. Tampoco se nos oculta que sus productos no pueden defenderse en una competencia puramente económica. Hay que imponerlos políticamente al resto de España. Y nada mejor para imponerlos que blandir un instrumento de amenaza al mismo tiempo que de negociación. Ese instrumento fue el catalanismo. Eso que antes era viejo poso sentimental expresado en usos y bailes, fue sometido a un concienzudo cultivo de rencor. El alma popular catalana, fuerte y sencilla, fue llenándose de veneno. Áridos intelectuales compusieron un idioma de laboratorio sin más norma fija que la de quitar toda semejanza con el castellano. Cataluña llegó a estar crispada de hostilidad para con el resto de la Patria. Y esta crispación era invocada por sus hombres representativos en cuanto llegaba la hora de negociar un nuevo arancel. Los representantes de la burguesía catalana alquilaban sus buenos oficios de apaciguadores del furor popular a cambio de obtener tarifas aduaneras más protectoras.

Este ha sido el tortuoso juego del catalanismo político durante treinta años. Lo que en Cataluña fermentaba como expresión de una milenaria melancolía popular, en Madrid se negociaba como un objeto de compraventa. El catalanismo era una especulación de la alta burguesía capitalista con la sentimentalidad de un pueblo.

 

En vez de tomarse precauciones y lanzar sondeos para ver si la unidad no peligra, lo que se hace es dar autonomía a aquellas regiones donde ha empezado a romperse la unidad, para que acabe de romperse del todo.

 

 

Nos encizañaron los unos contra los otros. Nos depararon una República agria y triste. Y lo que es peor: empezaron a retribuir servicios parlamentarios con trozos de España: dieron a Cataluña un Estatuto que era un estímulo a la secesión; cimentaron en la ley fundamental la incitación a obtener análogos Estatutos.    

 

 

Estaba en vigor un Estatuto de Cataluña. Que la Administración esté más o menos descentralizada es cuestión de pura técnica, en la que no se cruza ninguna consideración esencial; lo que importa, cuando se quiere conceder a una región facultades descentralizadas, es comprobar que no hay en ella el menor germen de separatismo. En Cataluña lo había y la rebelión de octubre vino a ponerlo de manifiesto. Entonces, las Cortes disueltas, ¿derogaron un Estatuto que sólo pudo concederse sin traición, sobre el supuesto de no existir separatismo? No; las Cortes suspendieron tímidamente el Estatuto, y los Gobiernos se fueron encargando de restaurarlo poco a poco para que sirva de instrumento a otra tentativa de secesión.     

 

 

Si las Cortes Constituyentes no fueron criminales erraron el cálculo al dar a Cataluña el Estatuto; pero destruida la presunción de que Cataluña estaba del todo incorporada a la unidad de destino española con la rebelión de la Generalidad del 6 de octubre de 1934 había caducado toda decente justificación para que el Estatuto se mantuviera y, sin embargo, las Cortes de 1933 a 1935 tras suspender tímidamente el Estatuto, dejaron abiertas las puertas para que el Estatuto en todas sus partes se restableciese.

 

 

Lástima y grande que el resultado de las elecciones en Cataluña anuncie la vuelta posible al camino de la desmembración. Esta sí que es la verdadera zozobra de las presentes fechas. Ahí está el punto por donde, en breve, puede volver a ensombrecerse España.   

 

 

Más grave que todo lo que está aconteciendo en estos días es la marcha vertiginosa de los partidos separatistas catalanes hacia el recobro de su absoluto predominio y, quizá más grave aún que eso la indiferencia española ante el fenómeno.

No es que parezca como si no se hubiera producido el 6 de octubre; es que parece-y es- que ha triunfado el 6 de octubre. Aquel 6 de octubre que se gritó “Catalanes a las armas” contra España.

Los mismos nombres en el Poder. Y aclamaciones frenéticas por las calles para quienes simbolizan la muerte de oficiales y soldados que salieron a las calles de Barcelona en defensa de la unidad.   

En el frenesí de la multitud apiñada en torno a Companys, ni un “Viva España” se ha escapado. Todo ha sido vivas a Cataluña y a la República, proferidos con el designio patente de eludir la pronunciación del odiado nombre de España. De igual manera se eludirá el pronunciado en la formación de la infancia catalana, ya en camino de ser entregada por entero en manos separatistas. Ni siquiera se guardará para España un silencio de extranjería, sino que se empleará el más cauto rencor en extirpar del alma de los niños eso que llaman los separatistas el asimilismo español.

Sean cuales sean los requerimientos de la hora, no neguemos ni un instante de desvelo a esta terrible inminencia de Cataluña.

De la tierra española de Cataluña, que por nada, cueste lo que cueste, nos avendremos a perder. 

 

Otros textos sobre Cataluña y un hipotético cambio de régimen (pinchad en textos resaltados en granate)

Purita y los bandoleros catalanes

Castelao en Barcelona

Y el Rey al final habló

Breve antología catalana

Sobre el cambio de Régimen: el precedente del debate sobre la constitución federal de 1873

 

 

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