Alfonso De la Vega

La Garita de Herbeira

Artículos, solfas y epistolarios

Sobre el cambio de Régimen: El debate sobre la constitución federal de 1873

                                                                                Con saetas de amor fiere   quando los sus ojos alça

Así explicaba el arcipreste de Hita la mirada de doña Endrina, o bien, como confesaba el gran poeta cordobés Ibn Hazm, no hay nada en el mundo comparable a la satisfacción del amor correspondido. Sin embargo, no son precisamente “saetas de amor correspondido” las que dirige España, en sus instituciones, a muchos de sus mejores amantes.

 

En un anterior texto hablábamos de un posible cercano cambio de Régimen como corolario de un agudo proceso de desestabilización al que vamos a ser sometidos con un gobierno como promotor y una oposición parlamentaria que para disimular ante su electorado va a hacer como que se opone. Posiblemente se desarrollaría en dos fases: durante la primera el actual gobierno provocaría una gran incertidumbre y desolación allanando el terreno para un cambio constitucional forzado desde el exterior y para servir intereses enemigos ajenos.

Sería un nuevo Trágala para el desesperado y medio arruinado pueblo español bajo la engañosa fórmula de un sistema llamado “federal” pero en realidad confederal con estados levemente asociados en la práctica. No estaría claro aún si bajo la forma de gobierno monárquica tipo florero commonwealth o “republicana bananera”.  Seguramente, la forma de gobierno a adoptar dependerá, entre otras cosas, del grado de colaboracionismo de don Felipe VI, al que no se le consentiría más que figurase como verso suelto en la línea de sus importantes declaraciones en defensa de la unidad y legalidad nacionales del pasado octubre. Y también del grado de resistencia que puede ejercer el pueblo español o lo que con lucidez y patriotismo suficientes quede de él. Sin embargo, en la práctica, y de no haber un proceso constituyente limpio y transparente, que no lo habrá, la forma de gobierno monárquica o republicana afectaría poco al resultado final de fragmentación de la antigua nación española y a la naturaleza real del futuro Régimen que se intenta imponer. El conocimiento de la historia es fundamental para iluminar momentos de especial gravedad.

Vamos a repasar sucintamente el proyecto de Constitución federal de la República española del 17 de julio de 1873.

La Nación española reunida en Cortes Constituyentes, deseando asegurar la libertad, cumplir la justicia y realizar el fin humano a que está llamada la civilización, decreta y sanciona el siguiente Código fundamental 

 Título Preliminar

Los Derechos naturales de la persona humana

Título I

De la Nación española

Art 1º  Componen la Nación española los Estados de Andalucía Alta, Andalucía Baja, Aragón, Asturias, Baleares, Canarias, Castilla la Nueva, Castilla la Vieja, Cataluña, Cuba, Extremadura, Galicia, Murcia, Navarra, Puerto Rico, Valencia, Regiones Vascongadas. Los Estados podrán conservar las actuales provincias o modificarlas, según sus necesidades territoriales.

 Título V

De las facultades correspondientes a los poderes públicos de la Federación

(Entre otras cabe destacar)

1 Relaciones exteriores

2 Tratados de paz y comercio

3 Declaración de guerra exterior

4 Arreglo de cuestiones territoriales y de las competentes entre los Estados

5 Conservación de la unidad y de la integridad nacional

6 Fuerzas de mar y tierra

10 Deuda nacional

11 Empréstitos nacionales 

12 Contribuciones y rentas que son necesarios para el mantenimiento de los servicios federales.

15 Códigos generales

16 Unidad de moneda

17 Aduanas

18 Sanidad

23 Restablecimiento de la ley por medio de la fuerza y cuando un motín o una sublevación comprometan los intereses y derechos generales de la sociedad en cualquier punto de la Federación.

 Título X

Del Poder Judicial

Art. 73º El Tribunal Supremo Federal se compondrá de tres magistrados por cada Estado de la Federación.

Art. 77º En el caso de que el poder legislativo dé alguna ley contraria a la Constitución, el Tribunal Supremo en pleno tendrá la facultad de suspender los efectos de esta ley.  

 Título XIII

De los Estados

Art. 92º Los Estados tienen completa autonomía –administrativa y toda la autonomía política compatible con la existencia de la Nación.

Art. 93º Los Estados tienen la facultad de darse una Constitución política, que no podrá en ningún caso contradecir a la presente Constitución.

Art. 94º Los Estados nombran sus Gobiernos respectivos y sus asambleas legislativas por sufragio universal.

Art. 95º En la elección de los Gobiernos, de los legisladores y de los empleados de los Estados no podrá intervenir ni directa ni indirectamente el Poder Federal.

Art. 96º Los Estados regirán su política propia, su industria, su hacienda, sus obras públicas, sus caminos regionales, su beneficencia, su instrucción y todos los asuntos civiles y sociales que no hayan sido por esta Constitución remitidos al Poder Federal.  

Art. 97º Los Estados podrán levantar empréstitos y emitir deuda pública para promover su prosperidad interior.

Art. 98º Los Estados tendrán la obligación de conservar un Instituto de segunda enseñanza por cada una de las actuales provincias y la facultad de fundar las Universidades y escuelas especiales que estimen conveniente.

Art. 99º Los Estados no podrán legislar ni contra los derechos civiles, ni contra la forma republicana, ni contra la unidad y la integridad de la Patria, ni contra la Constitución federal.

Art. 100º Los Estados regularán a su arbitrio y bajo sus expensas, su organización territorial. 

Art. 101º Los Estados no podrán mantener más fuerza pública que la necesaria para su política y seguridad interior…..cuando un Estado o parte de él se insurreccione contra los poderes públicos de la Nación pagará los gastos de de la guerra. …

Art. 102º Los Estados sujetarán sus Constituciones respectivas al juicio y sanción de las Cortes federales, que examinarán si están respetados o no los derechos de la personalidad humana, los límites de cada Poder y los preceptos de la Constitución federal.

Art. 103º Los ciudadanos de cada Estado gozarán de todos los derechos unidos al título de ciudadano en todos los otros Estados.

Art. 104º Ningún nuevo Estado será erigido o formado en la jurisdicción de otro Estado.

Art. 105º Ningún nuevo Estado será formado de la reunión de dos o más Estados sin el consentimiento de las Cortes de los Estados interesados y sin la sanción de las Cortes federales.

 

Como puede apreciarse el proyecto federal de 1873 es parecido al aún vigente sistema autonómico de 1978, salvo en algunas importantes peculiaridades. Entre ellas:

Aunque no elegido directamente por sufragio universal, existe un Presidente de la República con ciertas facultades ejecutivas a la vez que con capacidad para nombrar y destituir al Presidente del Gobierno en vez de un Rey de carácter simbólico más que funcional y un presidente de gobierno sometido a las mayorías parlamentarias.  Lo que en la práctica supone el hecho muy grave de que en el sistema del 78 no hay posibilidad de fuerza presidencial centrípeta que equilibre los excesos de las fuerzas centrífugas autonómicas salvo en caso de mayoría absoluta.

La constitución federal no explica de dónde emana el Poder Judicial. Las funciones de control constitucional eran asumidas por el Tribunal Supremo Federal.

Los Estados federales del 1873 tienen autonomía de organización dentro del marco de la constitución pero a su costa, mediante la emisión de empréstitos o deuda propios.

Una cosa que ahora con la globalización sería jauja para los financieros sionistas y la fatal ruina de los fragmentados en Estados debilitados que carecerían de cualquier posibilidad de actuación que no favoreciese a los acreedores ni oponerse al incremento abusivo de la deuda respectiva.

La competencia exterior y el Ejército son del Poder federal, no de los Estados. No hay embajadas autonómicas para desprestigiar a España ni hacer la guerra por su cuenta con los impuestos de todos los españoles.

El sistema federal tenía su propio y contundente (porque habla incluso de posibilidad de guerra contra el Estado rebelde), artículo 155.

Sin embargo, es curioso que el proyecto federal tras aludir en su inicio a la nación española, luego su supuesta soberanía se diluye y pasa a los diferentes Estados que enumera, prácticamente los mismos que las actuales autonomías salvo, claro está, Cuba y Puerto Rico. Andalucía aparece desglosada en dos. Y Castilla unida y no desmembrada como ahora para debilitarla.

Este proyecto constitucional se pergeñó en un ambiente de gravísima insurrección e incluso guerra civil provocadas por cantonalistas y carlistas, que al poco tiempo daría al traste con la Primera República. No fue aprobado.

Destaca la intervención parlamentaria del diputado canario Fernando León y Castillo con motivo de su debate en Las Cortes. Un discurso patriótico, lúcido, esclarecedor, demoledor, que hacía patentes los inconvenientes de la constitución que se quería perpetrar y que todo español culto, y que quiera hacer honor a su condición de verdadero ciudadano, debe conocer porque su actualidad sigue rabiosamente vigente e ilumina sobre la amenaza que se cierne otra vez sobre los españoles.

El día once de agosto de 1873 se explicaba así don Fernando León y Castillo desde la tribuna del Congreso:

“Si el proyecto llega a ser ley fundamental, no hay para qué hablar de la nación española, porque habrá desaparecido dividida y deshonrada… la federación es un despropósito traducido al castellano por el señor Pi y Margall… Proudhon escribió El Principio federativo; tradújolo el señor Pi  y Margall; encóntrolo aceptable por lo disolvente, y he aquí la federación convertida en ideal de gobierno por el partido republicano…es triste cosa que quiera someterse a un país a la dolorosa prueba de renunciar a todas sus glorias; es triste cosa que hay un partido en tal manera en pugna con el sentimiento público, que vaya en un momento de horrible confusión a aventar sobre este país convulso, para abrasarlas en nuevo fuego, a las cenizas de las nacionalidades muertas, que habían venido a confundirse en una patria común. El señor Castelar, en uno de sus más elocuentes discursos, decía: Antes que republicano, antes que liberal, antes que federal soy español. Pues no se puede ser federal y español…hablar hoy de federación es hablar de disolución. La federación se hace de abajo arriba, y en esto se diferencia de la descentralización, que se hace de arriba abajo.

Yo, que condeno la insurrección cantonal, digo que es lógica porque ha empleado el único procedimiento conocido para llegar a la federación. Ha partido de la independencia para llegar a la federación, como se ha partido de la federación para llegar a la unidad… después de todo, yo comprendería vuestra actitud porque os llamáis un partido esencialmente progresivo, si la federación fuera un progreso.

Pero, ¿por ventura lo es?

A mi juicio es un retroceso, un anacronismo, un absurdo. La federación se presenta en el periodo anterior a las grandes nacionalidades como punto de paso para llegar a la unidad: es un momento de crisis necesaria. Suiza y EEUU pugnan hoy por tener a todo trance lo que a todo trance os empeñáis hoy en perder: la unidad del Poder que se opone a la descentralización. A mayor libertad, mayor fuerza de los Gobiernos. Esto sucede en todas partes, menos en España, donde para pasar por liberales los Gobiernos, necesitan cruzarse de brazos ante los excesos, ante los atentados, ante todos los crímenes que se cometen en nombre de la libertad que no son pocos. Por eso aquí la libertad es la licencia y la anarquía y la barbarie. Pero decía que la federación es un periodo anterior a la formación de las nacionalidades. ¿Qué fue el feudalismo sino una federación de señoríos? ¿Qué papel representaba entonces el monarca? El que ahora queréis dar vosotros al Poder central. Yo tenía aprendido que la muerte del feudalismo en manos del absolutismo regio había sido un progreso relativo, pero un gran progreso: mas veo que estaba en un error, porque aquí vamos al feudalismo, a la tiranía local y provincial…

¿Qué va a pasar en esta nación de los caciques y de los alcaldes de monterilla, aquí donde los odios de localidad con el carácter de antagonismos políticos revisten todas las formas de las más brutales venganzas?… viviremos bajo el régimen de las alcaldadas… aquí va a comenzar la vida de tribu, de cabila para poder existir. España va a dejar de ser una potencia europea y va a convertirse en regencia berberisca…

Las federaciones han sido siempre un Gobierno interino, un modus vivendi, para llegar más tarde a la unidad. Es más, cuando en las federaciones no se determinaba el movimiento hacia la unidad, cuando se estacionan, se constituye un estado de cosas en el que la vida es imposible, hasta que desaparece dejando tras de sí la sangrienta huella de intestinas discordias. Nosotros, por primera vez, fuimos independientes cuando se realizó la unidad nacional…

Decís también que en España hay tradiciones federales. Es cierto, como en todos los pueblos de Europa que se han constituido y han realizado su unidad por medio de la federación. ¿Pero hemos de volver a los tiempos de Enrique IV y Juan II? ¿Hemos de volver a aquella confusión de la cual nació la nacionalidad española? ¿Quién había de decir que el partido republicano, tan progresivo, buscaría sus soluciones en la Edad Media? Los carlistas, los absolutistas vuelven sus ojos a la monarquía de Felipe II y quieren restaurarla con las modificaciones que exigen las mudanzas de los tiempos, pero vosotros vais más atrás; vosotros queréis restablecer la confusión de la Edad Media. Pues ¿qué son vuestros Estados sino un mal recuerdo de los antiguos reinos?

¿Qué es la federación para vosotros? La autonomía de los Estados. Pues no es difícil prever, conociendo la historia de este país que el que vote la federación vota la disolución nacional.

La tendencia a la indisciplina y la propensión al aislamiento que constituyen el fondo de nuestro carácter, producirá la guerra de familia a familia, de partido a partido, dentro de un mismo pueblo, de pueblo a pueblo, de Estado a Estado; y esos odios, u esos antagonismos que en otro tiempo nos sometieron al yugo de los conquistadores, producirán la disolución y la muerte. ¿No teméis dar nueva vida a estos gérmenes de disolución y de muerte? Hasta ahora todos somos españoles, dentro de poco no habrá más que catalanes, castellanos, valencianos, aragoneses, etc…

¿De qué va a servir el lazo federal en este país?

Este lazo ha de ser la cuerda e que aparezca pendiente ante la vergüenza pública y ante la compasión del mundo, la grande y desdichada nacionalidad española”

 

Se trata de un discurso extraordinario que tuvo consecuencias fulminantes. Hoy probablemente habría sido imposible o al menos no las tendría tanto.

El actual reglamento de la Cámara impide parlamentar. Sólo pueden hablar algunos y a tiempo tasado. Entre los Presidentes, jefes de banderías y diputados de a pie abundan gentes cerriles, sectarias, ignorantes, que suelen ser reclutadas y aupadas en la cucaña o sinecura por su obediencia perruna y honradez en entredicho. Pese a los preceptos constitucionales que teóricamente lo prohíben, en la práctica los diputados son esclavos del jefe de partido.

La Palabra, la Retórica, vehículo de fijación y transmisión de ideas y valores, han perdido su capacidad de convencer, de conmover, de guiar la acción legislativa o de gobierno en un mundo en el que al Parlamento llega todo ya cocinado de antemano en las zahúrdas caciquiles o monopolísticas y sus señorías se limitan a apretar el botón que les mandan.

Sin olvidar un “pequeño” problema básico. ¿Conserva España una verdadera soberanía? ¿Está a merced de los intereses exteriores de modo que el Parlamento es un teatro de farsa, una timba con cartas marcadas?

 

Muchos de los argumentos empleados por León y Castillo ya se han demostrado ciertos tras la lamentable y fallida experiencia del actual Estado autonómico. La quiebra de la condición de españolidad ciudadana con plenitud de derechos civiles en cualquier parte del territorio nacional, entre ellos el de poder expresarse en español y participar de una gran Cultura en común, para degradarse en la práctica a la de simple súbdito de una región gobernada por caciques y alcaldes más o menos corruptos o despóticos con o sin monterilla. Ha sido un grave error del 78 confundir descentralizar con crear onerosos y en ocasiones liberticidas proto-estaditos fantasmas con ambiciones caciquiles y sin responsabilidad moral o patriótica.

Debemos estar avisados porque nos van a intentar imponer una constitución llamada federal que será confederal o “federal asimétrica” con súbditos de primera y de segunda. Un “remedio” patrocinado por el enemigo, peor que la actual enfermedad y agravará nuestros males sin excluir la propia liquidación de la nación. El cambio constitucional necesario debiera ir en sentido contrario: eliminación del Título octavo o al menos paliar sus males con una importante re-centralización en competencias claves como Educación, Sanidad, Cultura, Interior y Hacienda.

                                         Fablar con mujer en plaça   es cosa muy descobierta

Las cuestiones relativas al proceso constituyente y al propio contenido constitucional deben ser tratadas con transparencia por su gran importancia para el bienestar de los ciudadanos y la propia supervivencia de la Nación.

En todo caso, debiera existir un proceso constituyente, con transparencia, en la que la gente pueda participar. El resultado no puede volver a ser un contubernio oligárquico caciquil en el que se reparta el poder y la riqueza nacionales entre bandas mafiosas territoriales.

 

 

Entradas feeds. XHTML y CSS válidos. Tema WordPress basado en GimpStyle diseñado por estudiocaravana.