Alfonso De la Vega

La Garita de Herbeira

Artículos, solfas y epistolarios

Plácido y la nueva subasta de pobres

Vaya por delante el sentimiento de compasión ante el sufrimiento. Pero también es preciso hacer un esfuerzo para comprender lo que sucede, y, en consecuencia, tratar de poner coto a que siga sucediendo. Las repugnantes zurdas españolas, como con gran acierto las calificaba don Antonio Machado, acaban de ofrecer a su frívolo electorado un nuevo bochornoso concurso de plañideras solidarias sin fronteras con ocasión del incierto periplo del Aquarius. Un barco cargado con más de seiscientos inmigrantes ilegales. Un barco rechazado por las más próximas Italia o Malta hartas de ser un permanente coladero para la introducción de sin papeles por las mafias sorosianas. Pero pretexto para la foto “filantrópica” de nuestros buenistas próceres y próceras. No habrá dinero para pensiones, solucionar las listas de espera o la dependencia, ni menos para el tren de Extremadura, pero sí para barra libre de ilegales islámicos dedicados a engordar la gusanera de de la deuda, contribuir a bajar los salarios, colapsar la seguridad social o saturar aún más el sistema que dicen de bienestar.

La cosa está muy disputada. ¿Quién se va a llevar más pobres a sus mansiones? ¿Sánchez y señora con su onerosa reforma del palacio de la Moncloa? ¿Carmena y su señor marido? ¿Los felices nuevos ricos de villa tinaja? ¿Van a subastar pobres ante los medios de comunicación? ¿Quién da más a costa del contribuyente? ¿El alcalde travesti Colau?, ¿el de Valencia?, ¿el fugado Cara Pocha?, ¿los racistas supremacistas xenófobos del lacito amarillo vaticanista?

No podemos menos que recordar la gran película Plácido, la feroz e hilarante sátira de Berlanga contra la hipocresía de la sociedad franquista, hoy milagrosamente rediviva con el comportamiento de nuestras repugnantes zurdas en inopinado homenaje a la memoria histórica. Y es que es preciso reconocer que los actuales dirigentes progres han renovado con singular éxito el peor rol hipócrita y encubridor de las auténticas relaciones de poder de las viejas fuerzas vivas franquistas. Plácido es una obra maestra de Berlanga, acaso la mejor. Icono inolvidable del glorioso cine español de la época es el motocarro comprado a plazos disfrazado con imágenes filantrópicas navideñas de quita y pon. Las peripecias de unos pobres currantes pringaos para cumplir sus obligaciones financieras, las letras de su deuda, mientras una hipócrita sociedad establecida se dedicaba por Navidad en colocar pobres en casas de fuerzas vivas y gentes de posibles o que quieren presumir de serlo. Al cabo, entonces como desde luego ahora con la pertinaz monarquía, unas instituciones hipócritas y corrompidas dedicadas a sacar hasta los higadillos al pobre autónomo que trabaja como puede y sostiene como rústico Atlas todo el oneroso tinglado de tartufos, santigua bolsillos y farsantes.

El bienintencionado y afanoso Plácido al final no puede pagar su Deuda: Las instituciones más o menos abstrusas, parasitarias o abusivas le fallan en vez de ayudarle. Para colmo, uno de los pobres se les muere en acto de servicio y además tienen que devolver la cesta de Navidad. Pero es Plácido y su gente compasiva y solidaria que se compadece de otros lo poco que se salva de un sistema degradado. El discurso biempensante habitual del sistema, entonces y ahora, enmascara una realidad cruel e hipócrita, ajena a la Sabiduría y la Compasión, que no se da en la farsa de representación de la Política sino entre la buena gente.

Pero dejando de lado los buenos sentimientos, conviene comprender qué hay detrás de estas cuestiones que tienen un gran componente geoestratégico. Aspecto, éste, el de la geoestrategia, que es preciso contemplar para intentar comprender qué hay detrás de muchos de los problemas.

Mediante siniestras operaciones tales como la mal llamada Primavera árabe las fuerzas imperiales anglosajonas agraden a naciones periféricas destruyendo su orden y asesinando a sus poblaciones so pretexto de llevarles la “democracia”. Se provocan migraciones en masa para invadir y desordenar los estados nación europeos y generar gravísimos problemas de convivencia, demografía e integración, insolubles en la práctica. En el caso de Libia, de donde proceden muchos de las víctimas de las mafias de trata, el tenebroso Estado profundo no tuvo empacho incluso en asesinar al propio embajador americano para mejor conseguir sus intereses.

Existe una aparente colusión de intereses, cuando no sospechoso reparto de papeles, entre las mafias criminales de trata de personas y las supuestamente filantrópicas ONGs sorosianas: las mafias los sacan de África y luego trasiegan a los huidos en alta mar y los barcos filantrópicos financiados por los agentes del NOM que los recogen los llevan a puerto europeo. Suma y sigue. Algunos gobiernos europeos como el húngaro se oponen a que sus naciones ser invadidas, lo que hace que les llueva improperios de la prensa sionista y maniobras de desestabilización del filantropófago Soros, entre otros.

Pero, filantropías aparte, nos encontramos ante todo un siniestro caballo de Troya para provocar problemas sociales, económicos y financieros, tensiones de convivencia, creación de guetos, fanatismo religioso…

Son hechos evidentes para quien tiene ojos en la cara y no aún ha perdido su capacidad de análisis ante el bombardeo de la propaganda mediática. Pero acaso algunos no sepan que las líneas maestras de este siniestro plan de devastación del orden europeo tradicional ya se encontraban planteadas ¿casualmente? en el Plan Kalergi. Un Plan racista, supremacista para provocar inmigraciones, mestizar la raza blanca europea, llevarla a la decadencia e incluso a la esclavitud, publicado… ¡hace ya casi un siglo!

 

 

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