Alfonso De la Vega

La Garita de Herbeira

Artículos, solfas y epistolarios

Purita Batet y los bandoleros catalanes

La criminal evolución del golpismo catalán progresa adecuadamente, jaleada y acelerada ahora por la flamante Gobierna de la PSOE y la humillante embajada de doña Purita Batet.

En los últimos días hemos asistido al violento sabotaje de una conferencia homenaje a nuestro gran Cervantes en la Universidad de Barcelona ¡Y luego algunos aún se extrañan de la imparable decadencia, con másteres o sin másteres mohatreros, de nuestra Universidad en el régimen liquidador de la Monarquía!

También en la muy clerical Vich, centro emblemático histórico de la carcundia antiliberal y del bandolerismo catalán, al no menos violento acoso por el populacho golpista a Inés Arrimadas, representante del partido más votado en Cataluña, quien aguantó, valiente y decidida, el linchamiento civil de las berrendas camisas pardas nazis gritando el himno corta cuellos catalán.

Cataluña ha sido y aún es, lo que contribuye a explicar su pertinaz querencia nacionalista y antiliberal, territorio de caza clerical que también solía educar a su clase dirigente, de ahí también quizás lo extendido de su fanatismo, doble moral, intolerancia y amor por la rapiña, sobre todo impune. Y donde se han distinguido una gran panoplia de curas trabucaires miembros de partidas de bandoleros o individualistas de explotar el negocí por libre, especialmente durante su brillante periodo barroco. Sin olvidar a fieros y sanguinarios carlistas, no hay más que recordar el emblemático caso del conde de España tan bien narrado por Baroja, que provocaban el terror sobre todo en las zonas rurales durante el agitado XIX. Pero si curas bandoleros o trabucaires hay tantos que sería imposible siquiera citarlos, vamos a recordar aquí ya que hablamos de Vich a todo un obispo. Su Ilustrísima don Francesc de Robuster i Sala, obispo de Vich. Este pío pastor de la Iglesia catalana había nacido en la vecina población de Igualada y desde su incorporación a la cátedra de Vich se había enfrentado a sus propios canónigos, quienes temiendo por su vida puesta en riesgo por los mercenarios de Su Ilustrísima catalanidad incluso retrasaban la hora de los maitines para evitar las peligrosas salidas nocturnas.

El obispo Robuster capitaneaba una bizarra tropa de doscientos bandoleros divididos en sendas escuadras mandadas por los hermanos Coxart, dos señeros artistas del bandolerismo barroco catalán. Para reforzar su influencia el pío obispo de Vich se afilió a la banda de Cadell enfrentada a muerte a la rival conocida como la de los nyerros, a la que pertenecían la mayoría de sus canónigos e incluso el mismo Rocaguinarda del que luego hablaremos. Los grandes méritos episcopales provocaron que sus secuaces fueran conocidos como los “robusters” en reconocimiento de su alto mérito y jerarquía en el escalafón. La piadosa vida del santo obispo bandolero se veía sin embargo oscurecida por sus desatadas aficiones eróticas de modo que incluso llamaban la atención entre sus colegas y subordinados de no menos inapropiadas costumbres y ante la magnitud de sus escándalos eróticos tuvo que intervenir Roma, ciega para la moral natural pero siempre tan preocupada por las buenas costumbres sexuales de los pastores y ovejas de su rebaño.

Pero volviendo al gran maestro vetado por los fanáticos golpistas catalanes, hay que recordar que Cervantes tuvo una relación ambivalente con Barcelona. La cita en El Viaje al Parnaso, El Trato de Argel, La Galatea, La Fuerza de la sangre, Las Dos doncellas, el Persiles y en El Quijote.

En la novela ejemplar Las Dos doncellas (1613), aunque ya habla de los muchos bandoleros que la rodean dedicados a asaltar españoles, glosa la ciudad: “Admiróles el hermoso sitio de la ciudad, y la estimaron por flor de las bellas ciudades del mundo, honra de España, temor y espanto de los circunvecinos y apartados enemigos, regalo y delicia de sus moradores, amparo de los extranjeros, escuela de caballería, ejemplo de lealtad y satisfacción de todo aquello que de una grande, famosa, rica y bien fundada ciudad, puede pedir un discreto y curioso deseo”. 

Pero en 1615 la opinión expresada ya no parece tan elogiosa. Su playa es el escenario de una aventura clave en el simbolismo esotérico de El Quijote. En efecto es allí, en el Oriente geográfico y simbólico de su viaje, donde se produce la derrota del caballero que sin embargo, de modo heroico, no renuncia a su ideal. También el morisco Ricote, tras haber confesado su amor a España mientras siente nostalgia de la libertad de conciencia en Alemania, muestra aquí su generosidad. Otra importante cuestión: la cabeza parlante encantada en casa de Moreno es un fraude como lo son los diferentes medios de manipulación de masas, TV3, La Vanguardia, etc. mantenidos por el corrupto régimen catalán. Voces hueras de su oculto siniestro oligárquico y liberticida amo. Cada vez están más acosados los que, como Inés Arrimadas o el menospreciado Ricote, no renuncian a su ideal, ni a su pertenencia a España.

Cervantes demuestra otra vez su gran ironía en el capítulo LX de la segunda parte de El Quijote durante su aventura con el noble bandido Roque Guinart, que no es sólo un personaje nacido de la minerva cervantina sino también trasunto de un bandolero célebre don Perot Rocaguinarda, que veló sus primeras armas entre la cuadrilla de los canónigos de la catedral de Vich, enemiga de la del muy piadoso obispo Robuster, de los que ya hemos hablado. Dice Don Quijote a un asustado Sancho: “no tienes de qué tener miedo, porque estos píes y piernas que tientas y no ves, sin duda son de algunos forajidos y bandoleros que en estos árboles están ahorcados, que por aquí los suele ahorcar la justicia cuando los coge, de veinte en veinte y de treinta en treinta, por donde me doy a entender que debo estar cerca de Barcelona”.

En la época de Cervantes la abundancia de bandoleros era señal cierta de la cercanía a la ciudad de Barcelona. Ahora, la mayor diferencia con la época cervantina es que los bandoleros y forajidos no están en las afueras para perpetrar sus crímenes o fechorías escondidos de la justicia sino que, por el contrario, están dentro y disfrutando de sus privilegios en palacio, protegidos de facto o incluso de iure por el Poder y las instituciones borbónicas.

Pero la Política española se repite como fandango de Boccherini o bolero de Ravel. A principios de siglo XVII la situación de complicidad de la sociedad catalana con el bandolerismo era tal que el propio virrey, don Francisco Hurtado de Mendoza, marqués de Almazán, se vería obligado a confesar al Rey nuestro señor, Su Católica Majestad don Felipe III, que “en Cataluña la tierra producía bandoleros como hongos” y “Que gozaban de la protección de los naturales del país y de las autoridades francesas cuando se refugiaban al otro lado de la frontera”.

Así, los próceres regionales catalanes pidieron al Rey más autonomía como remedio para combatir el bandolerismo que ellos mismos promovían o amparaban, pero a cambio don Felipe III les mandó a un nuevo virrey, el bizarro duque de Alburquerque, quien tuvo que recurrir a tropas leales no catalanas para poner un poco de orden. Sin embargo, su mayor éxito estratégico fue ganarse a la nobleza catalana ofreciéndoles botín y ganancias sin tantos peligros y zozobras como los obtenidos del bandolerismo. Alburquerque provocó así una escisión entre el bandolerismo popular y el aristocrático u oligárquico caciquil, persiguiendo al primero y haciendo la vista gorda con el segundo.

Por cierto que en esto seguimos cuatro siglos después. Más o menos la idea mohatrera sigue siendo mantener impune el acrisolado bandolerismo de la plutocracia catalana siempre que se guarde un cierto paripé de reconocimiento formal de la legalidad del Reino y mientras tanto jalear a covachuelistas, corchetes o escribanos contra el súbdito común: el honrado industrial, modesto artesano, voluntarioso comerciante o pacífico menestral.  Status quo secular que se ha puesto en peligro cuando Cara Pocha y demás supremacistas racistas narcisistas y desmelenados desafían la autoridad formal de Su Majestad, ¡qué tiempos los de la lucrativa collera Pujol Emérito! con resultado incierto para el futuro botín común.

Y he aquí que Purita, la sin par ministra de otro rey Felipe, pierde el culo para recuperar y pregonar urbi et orbi la vieja política del virrey de Felipe III. No para solidarizarse con los compatriotas perseguidos, insultados y humillados por sus correligionarios, ni menos disolver a los sediciosos mozos ni reponer el orden constitucional con tropas leales, sino ¡para ofrecer más comprensión, botín e impunidad a los bandoleros del lacito con los colores vaticanistas!

 

 

 

 

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