Alfonso De la Vega

La Garita de Herbeira

Artículos, solfas y epistolarios

Se va el caimán…

Durante el fin de semana los gallinazos se metieron por los balcones de la casa presidencial, destrozaron a picotazos las mallas de alambre de las ventanas y removieron con sus alas el tiempo estancado de su interior, y en la madrugada del lunes la ciudad despertó de su letargo de siglos con una tibia y tierna brisa de muerto grande y de podrida grandeza….fue como penetrar en el ámbito de otra época  porque el aire era más tenue en el pozo de escombros de la vasta guarida del poder, y el silencio era más antiguo, y las cosas eran arduamente visibles en la luz decrépita…

 El general escudriña la penumbra de los ojos para adivinar lo no le dice.

 Al general le hacen reverencia por delante y le hacen pistola por detrás

 Les reconoció uno a uno con la memoria inapelable del rencor

 En sus palabras siempre había otra verdad detrás de la verdad

 Nadie se mueva, nadie respire, nadie viva sin mi permiso

 Y había tratado de compensar aquel destino infame con el culto abrasador del vicio solitario del poder… se había sobrepuesto a su avaricia febril y al miedo congénito sólo para conservar hasta el fin de los tiempos su bolita de vidrio en el puño sin saber que era un vicio sin término cuya saciedad generaba su propio apetito hasta el fin de los tiempos… había llegado sin asombro a la ficción de ignominia de mandar sin poder, de ser exaltado sin gloria, y de ser obedecido sin autoridad…   

 

 

Su cabeza befada por la sentencia estuvo tres días puesta sobre un cadalso con hopas amarillas, en la Plaza de Armas: el mismo auto mandaba hacer cuartos el tronco y repartirlos de frontera a frontera, de mar a mar. Zamalpoa y Nueva Cartagena, Puerto Colorado y Sanjenjo del Titipay, fueron las ciudades agraciadas. 

 

 

 

 

Se va el caimán con lágrimas de cocodrilo pero quedan los caimancitos

 

 

 

 

 

 

 

 

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