Alfonso De la Vega

La Garita de Herbeira

Artículos, solfas y epistolarios

Presupuestos Base Cero y realidad nacional española

Uno de los problemas conocidos de la actividad presupuestaria convencional es el aumento rutinario o más o menos automático de nuevos fondos en la asignación de partidas ya existentes sin tener en cuenta los cambios en las realidades externas. Tal forma de actuar prima el continuismo pero, sobre todo, dificulta sino impide abordar cambios. Algunos de ellos imprescindibles para la buena gestión de las instituciones.

Los presupuestos en el Sistema Base Cero por el contrario parten, como su propio nombre indica, de una situación inicial libre de ataduras lo que permite diseñar las actividades precisas en las nuevas circunstancias y asignar partidas presupuestarias en consecuencia. No se trata únicamente de un ejercicio teórico sino que puede abordarse en la práctica con cierta precauciones mientras se respeten las obligaciones legales ya contraídas.

Ahora bien, un Presupuesto Base Cero debe partir de una definición de lo que se desea hacer con lo que ya hay o bien en su caso, con lo que se quiere crear atendiendo a las definiciones de un Plan Estratégico con su correspondiente identificación de Puntos fuertes y débiles actuales así como de Oportunidades y Amenazas.

Pero pasando de las musas al Teatro la cuestión es múltiple además de compleja.

Primero: ¿quién o quiénes han de hacer planes estratégicos y presupuestos?

En la política actual española lo hacen monopolios y partidos políticos dinásticos sin olvidar agentes extranjeros de acuerdo a sus respectivos intereses. La mayoría de las decisiones se toman sin ningún patriotismo o altura de miras. Ejemplos: Mariano no combate sino que financia al golpismo catalán, se alía con los golpistas vascos para sacar ventajas personales, encubre la corrupción propia y de su partido. Se niega dimitir, acaso por temor a ser condenado por los jueces como sus subordinados. Miente e intenta ganar tiempo a toda costa aunque termine de destrozar España.  Pedro presenta una moción de censura oportunista por corrupción ¡el jefe del partido de los EREs o FILESA o los Roldán o los Felipe o los Bono o los Guerra! en la que busca el necesario apoyo de golpistas a los que acaba de calificar, con razón, de racistas y xenófobos.

Pero, ¿qué hace la Nación?  En principio nada o casi nada. Apechugar con las canalladas a que le someten unos y otros y procurar defenderse como buena o malamente puede. Con el régimen político actual la Nación carece de instrumentos para hacer nada de acuerdo a sus legítimos intereses y permanencia en la Historia. Por no tener hasta carece de soberanía hoy usurpada por agentes financieros, económicos y políticos autóctonos y alógenos.

Ve como es endeudada a la fuerza para mantener una voraz casta parasitaria, algunas de cuyas facciones no sólo la parasitan sino que además quieren destruirla. Ve como tiene que alimentar con su esfuerzo las felonías de golpistas y traidores, sin que nadie la defienda. En varias partes del territorio nacional los ciudadanos españoles leales son abandonados a su suerte por las onerosas instituciones monárquicas cuando no algunas de esas instituciones borbónicas tales como la Generalidad son las que amenazan y violan activa e impunemente sus derechos civiles.

A la luz de sentencias judiciales recientes amén de las anteriores o las que vendrán, los partidos políticos dinásticos clásicos lamentablemente han devenido en insaciables partidas mafiosas dedicadas a blindarse y saquear lo que se pueda del erario. Con la protección sino complicidad activa de la máxima Institución el desfalco y la mohatra se han convertido en el modo habitual de acción política. Los supuestos renovadores tampoco inspiran demasiada confianza. Dentro de un régimen tan prostituido y corrompido que utiliza el chantaje como peaje de iniciación o permanencia no parece posible que pueda haber, ni menos prosperar, alternativas lúcidas y honradas capaces de revertir la situación.

¿Qué hacer?

Lo deseable es que las bases políticas e institucionales se redefinieran atendiendo no a los deseos de mantenimiento del status quo de sus parásitos sino para atender los verdaderos problemas de la gente.

Un nuevo modelo constitucional que permita atenuar el poder de los enemigos de España. Sin autonomías focos imparable e insostenibles de destrucción, incompetencia y corrupción. Con una administración reducida pero capaz. Sin tantas regulaciones arbitrarias inspiradas por el NOM dirigidas a estorbar la actividad emprendedora económica real productora de bienes y servicios y promover la corrupción mediante la arbitrariedad en su interpretación. Ya lo decían Tácito o nuestro buen Cervantes: la proliferación de normas y leyes es señal inequívoca de la corrupción de la sociedad y las instituciones.

Es sabido que el tamaño de las estructuras organizativas depende del número, complejidad y arbitrariedad de las normativas que tiene que gestionar.

Pero no podemos olvidar las amenazas a las que tenemos que hacer frente. Así, por ejemplo, además de la venalidad de nuestra pseudo democracia y sus ineptas, sobredimensionadas y onerosas instituciones, los intentos de naciones o agentes enemigos muy poderosos por azuzar y apoyar al golpismo criminal en Cataluña y otras regiones. Una clase dirigente degenerada y apátrida. Los problemas financieros inducidos. La deuda odiosa. El deterioro de nuestro sector FAO e Industrial. La cuestión demográfica que revela una insostenibilidad de la actual sociedad en el tiempo. Los procesos inducidos de “ingeniería” social dirigidos a arruinar y devastar a la clase media y a la institución familiar. Precariedad laboral. Promoción del nazi-feminismo, el aborto, la homosexualidad…

Estos problemas no se arreglan con presupuestos dirigidos a mantener más de lo mismo mientras se engorda la gusanera de la deuda o se ponen más en riesgo aún las pensiones. Ni con variaciones dirigidas al mero reparto del botín entre bandas políticas, económicas y mafiosas que dominan sus respectivos “territorios”.

En tal situación de emergencia nacional no queda más remedio que realizar un ambicioso Presupuesto Base Cero que incluya una redefinición en profundidad de nuestro  desastroso y liberticida entramado institucional, naturalmente constitución incluida.

Se podrá argüir, como ya lo hicieran muchos notables políticos y estudiosos en el pasado, que en España existe un aparato institucional más o menos homologable dirigido a encubrir y blanquear la auténtica realidad: Un sistema oligárquico, corrupto, saqueador, apátrida, que se retroalimenta y mueve por intereses inconfesables. Y que, en consecuencia, la causa de nuestros problemas se encuentra en tal entramado. Que no se podrá combatir sin una renovación en profundidad de nosotros mismos, la gente, los españoles que no se avergüenzan de serlo y quieren lo mejor para su Patria, de modo que empecemos a dar prioridad a la realización de los valores metafísicos: Justicia, Bien común, Libertad, Honor, Dignidad, Belleza…

Pero, es verdad, tiene razón el lector. ¿Quién, cómo y cuándo lo va a hacer?

 

 

 

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