Alfonso De la Vega

La Garita de Herbeira

Artículos, solfas y epistolarios

Nosotras. La Tribada falsaria

Allá por enero del año 1981 el entonces alcalde de Madrid, Enrique Tierno Galván,  presentaba en la librería Antonio Machado la segunda novela del gran Miguel de Espinosa. Con anterioridad el autor murciano había dado a la prensa una de las obras literarias más importantes del siglo XX en España: su famosa Escuela de Mandarines, un libro pleno de sabia ironía, un canto humanista en la línea cervantina ante los abusos y estupideces del Poder, que todo español culto debiera conocer, aunque sólo fuese por que siempre está de actualidad, por desgracia, sea cual sea el ropaje mandarinesco con el que se disfracen nuestros perennes mandatarios.

La tribada falsaria, que tal era el título de la nueva obra entonces presentada, es una novela singular a la que el viejo profesor especialista en latinajos y conspiraciones no dudaría en calificar de “infrecuente y barroca”. Un texto en el que habría más “lenguaje” que “argumento”.

Me he acordado de esta obra de Espinosa gracias al bochornoso espectáculo que están ofreciendo los mandamases podemitas con ocasión del enojoso para ellos aunque hilarante para los más, escándalo de la monumental mansión galapaguera.

El dúo, la parejita Pablo e Irene, Ireno y Pabla, resulta que ahora son “nosotras”.  Lo ha dicho Irene y punto o coño redondo.

Estábamos acostumbrados a que la pizpireta portabocazas de las hordas podemitas se líase a patadas con la Gramática y el Diccionario. Otro caso de más lenguaje que argumento.  Al principio parecía que es que no daba más de sí la nueva favorita del nutrido harén del turbio emir vallecano. Y además ya se sabe: el proceso de degradación de nuestras universidades con o sin másteres.

Pero acaso estábamos equivocados. A lo mejor sí que hay argumento aunque más vale que se disimule para una mayor eficacia.  Se trataría de una táctica altamente subversiva y coherente con la naturaleza y finalidades últimas podemitas. Porque de esa manera primero sus secuaces y más tarde el público políticamente correcto en general han de tener mayores dificultades para pensar: Y la entropía es desorden, devastación, escombrera, ruina, descomposición, justo lo que requieren de la extraña pareja como sembradores del caos sus controladores y amos de la plutocracia globalista.

Sin embargo, las dudas como la misma entropía aumentan.

Cuando la portabocazas repite una y otra vez la palabra “nosotras” para referirse a ella y a “su” Pablo o Pabla, ¿qué es lo que nos quiere transmitir?

¿Pablo ha sido convenientemente castrado por las feminazis y ahora es Pabla? Un caso de Justicia distributiva. Tanto apoyar a las feministas nazis y ahora van y como premio te emasculan en cuanto de descuidas.

Todo un ejemplo del programa y mañas feminazis.  Y aviso de lo que les espera a los tontos útiles que las apoyen y jaleen.

Pablo, pese a su fama de macho alfa de la manada (con perdón) podemita, en realidad, ¿quizás siempre fue hembra lesbiana y disimulaba su “género” por causas que se nos escapan?

Tremendo. Demasiado para ser cierto.

Pero, ¡Qué desilusión! No, no puede ser. ¿Los amores disputados por Tania, Mariano, Irene y tantas otras y otros por este aparente macho de pelo en pecho y mirada canalla estarían dirigidos contra todo parecer a una hombría de tan falsa bandera como el tinglado que representa?

Si así fuese, la credibilidad del montaje va a verse reducida a los más fanatizados. ¿La pareja okupa de la mansión galapaguera sería una entonces una tribada? ¿Una pareja de fricadoras? “Nosotras”.

La Tribada falsaria.

 

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