Alfonso De la Vega

La Garita de Herbeira

Artículos, solfas y epistolarios

Dos de mayo

El dos de mayo de 1808 en Madrid es una fecha mítica, que de algún modo puede ser considerada como el nacimiento de la conciencia de la nación española como tal. Hoy, a falta de un reconocimiento en toda España, acaso por esa misma razón, la toma de conciencia de la unidad e independencia de la nación española, de nuestra integridad como pueblo, sólo se ha adoptado con carácter local como fiesta oficial del actual engendro autonómico relacionado con Madrid.

En el dos de mayo confluyen muchas cuestiones de gran importancia histórica, algunas de ellas de permanente actualidad en esa especie de fandango de Boccherini en el que se viene convirtiendo nuestra historia contemporánea. Con gran inteligencia y sensibilidad Alejo Carpentier termina la perspectiva estética e ideológica de El siglo de las luces en esa fecha con una acción desesperada y suicida de Sofía, la intrépida amante del protagonista Victor Hugues, junto a su primo Esteban.

Faltaba ahora por reconstruir el Día sin Término; aquel en el que dos existencias habían parecido disolverse en un Todo tumultuoso y ensangrentado”. Sofía era una heroína que había contestado al revolucionario y masón desorientado protagonista: “es eso lo que hizo la Revolución: trastornar a más de uno…ahora sé lo que debe aceptarse y lo que debe rechazarse.

Sofía rechazó la impostura revolucionaria empleada para avasallar pueblos y también salió a la calle madrileña en desesperada acción contra el ejército invasor de Napoleón, un personaje sugestivo y siniestro a la vez como Hitler, probable agente de los Rothschild empleado de modo consciente o inconsciente en una embrionaria intentona de NOM. Una de cuyas víctimas más importantes sería la destrucción del imperio español en América y su sustitución por el anglosajón.

De pronto cundió el tumulto. Grupos de hombres del pueblo, seguidos de mujeres, de niños, aparecieron en las esquinas dando mueras a los franceses. …el pueblo entero de Madrid se había arrojado a las calles en  un levantamiento repentino, inesperado y devastador, sin que nadie se hubiese valido de proclamas empresas ni de artificios de oratoria para provocarlo…cargaban los mamelucos, cargaban los coraceros, cargaban los guardias polacos, sobre una multitud que respondía al arma blanca … Luego vino la noche. Noche de lóbrega matanza, de ejecuciones en masa, de exterminio, en el Manzanares y en la Moncloa.

Son varias las reflexiones, con sabor agridulce, que más de dos siglos después nos sugieren estos heroicos acontecimientos de los que fuera protagonista el pueblo madrileño.

La traición, tanto entonces como hoy, de la mayor parte de la clase dirigente. La vileza de la estulta y corrupta Dinastía borbónica. El cretino de Carlos IV, su adúltera y desleal esposa junto con el rey felón por antonomasia ofrecieron ante el emperador invasor un espectáculo insuperable de vileza, traición y cobardía. Las instituciones borbónicas se pusieron al servicio del invasor. Entonces como ahora una sensación de manifiesta indefensión, de estar a merced de los intereses del enemigo extranjero. De que no nos defiende nadie, sino si acaso nosotros mismos. Los inmortalizados por Goya fusilamientos de la Moncloa fueron firmados por el gobernador militar de Madrid, un general español.

Desde esa fecha emblemática, el pueblo español, junto con algunos pocos resistentes de la nobleza o el Ejército sostuvo una cruenta y sanguinaria guerra para defender la entidad y conciencia nacionales, junto con el desarrollo de nuestra primera constitución no otorgada, para luego incomprensiblemente entregar nuestra libertad otra vez a los Borbones.

El siglo de las luces terminaría con invasiones, saqueos y matanzas. Pero, ¿qué habría sucedido en Occidente si en vez de los políticos materialistas como Víctor Hugues hubieran informado la Ilustración y la Revolución gentes con renovado sentido espiritual de la existencia como el martinista Ogé?

No cabe verdadera revolución política y social sin cambio espiritual, sin sentido del honor y de los valores metafísicos. Lo que es válido tanto para entonces como para ahora que se celebra el cincuentenario del mayo del 68.

Hoy, otra vez nuestra corrupta casta dirigente traiciona a la nación no oponiéndose, si acaso no es peor con la misma complicidad, al golpe catalán o al no menos criminal chantaje sabiniano. Sólo una parte del pueblo, junto con la insólita por inesperada intervención real de un Borbón, y la heroica intervención de algunos pocos magistrados, han reaccionado para tratar de evitar la entrega del botín nacional a los sediciosos. Aunque el futuro de España sigue incierto.

Y es que tras cuarenta años de devastación nacional al servicio de intereses extranjeros y de una clase dirigente liberticida, corrupta y cómplice, no parece que una gran parte, en gran medida adocenada o embrutecida, del pueblo español sepa acertar la mano con la herida.

Hoy, otro dos de mayo, a diferencia de entonces, nuestra gloriosa casta política carga además de contra la gente contra ellos mismos. El rival o competidor por el botín se ha convertido en otro mameluco a descabalgar. O a fusilar si sus propios dossieres de chantaje no lo impiden. Ninguno de los ex presidentes de la cosa autonómica madrileña, retirados más o menos ignominiosamente, se dignaron acudir al acto conmemorativo de hoy.

Los dos de mayo actuales, tales como los numeritos del día de la mujer o contra la sentencia de la manada, son producto de demagogia, propaganda e histeria. Las fuerzas mercenarias al servicio del NOM, de las que el feminazismo inducido se ha revelado como de importancia capital, campan a sus anchas. Nada de racionalidad, sentido común o patriotismo. Al cabo, consecuencia de la política de devastación educativa y cultural patrocinada ya por Gramsci, que se está imponiendo aquí con la complicidad de los ineptos, corruptos o desalmados que consideran que la feliz gobernación de una nación sea cosa solo de economía. De puro pan y circo.

 

 

 

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