Alfonso De la Vega

La Garita de Herbeira

Artículos, solfas y epistolarios

Del camelo como sublime arte

 

“Corrido y confuso me hallo

Por vos en esta ocasión

Que os quedéis con un capón

Por descartaros de un gallo.

No hayáis miedo que se alabe

Que la argolla juega a solas

Mas, faltándole las bolas

¿qué importa que diga cabe?

Reloj en torre empinado

Es vuestro capón, princesa

Pero sin ninguna pesa

¿de que sirve el mazo alzado?

¿De qué sirven tantos bríos

Si en vuestro jardín de gloria

Han de subir de su noria

Los arcaduces vacíos?

Si es todo vuestro regalo

El capón que cacarea

Hisopo largo de aldea

Sin barbas y todo palo.

Cuando en vuestro capón pienso

Pienso y no pienso mal

Que tenéis cirio pascual

Sin las bolillas de incienso

Vos mejoráis de ventura

Que su merced pueda y manda

Y teniendo capa blanda

Tendréis también capadura”.

(Francisco de Quevedo)

 

Como se comprueba una y otra vez en el día a día estamos disfrutando todos de lo que otros votan y sostienen.

En una de sus Novelas Ejemplares, quizás la más perfecta de toda la colección, nuestro gran Cervantes narra el caso de la Camacha de Montilla, famosa hechicera maestra de artes nigromantes de la Montiela y la Cañizares. Y la Cañizares, discípula de la Camacha, explica a Berganza, el perro sabio, su origen: su trasformación al nacer de figura humana en can, que sólo podrá volver a su prístina forma cuando acaso se cumpla una condición asaz rara:

volverán en su forma verdadera

cuando vieren con presta diligencia

derribar los soberbios levantados

y alzar los humildes abatidos

por mano poderosa para hacello”.

A la espera de volver a su forma verdadera y de derribar a tantos soberbios levantados, también tenemos a toda una nación encantada y en el supuesto mando pero real mangoneo a todo un registrador encantado. Víctima de tal encantorio o encantamiento mantiene una conducta asaz impropia por no calificarla de estulta, cobarde y felona. Para colmo, por si había dudas, realiza extrañas declaraciones impropias de todo un severo registrador de la propiedad, profesión de rancia prosapia, privilegios de pernada y antiguo prestigio, hoy puesto en entredicho por estos tales especímenes.

Algún iluso se preguntará: ¿Qué pasa con la soberanía española? Malo que la política económica la dicte la Merkel y Mariano escuche firmes en primer tiempo de saludo. Y que luego todo se ratifique sin rechistar en el llamado Parlamento español.  Malos los recortes y las escandalosas subidas de impuestos contra la población civil mientras la inepta y corrupta casta política no renuncia a ninguno de sus privilegios monstruosamente acumuladores de deuda odiosa. Pero ¿es que tampoco somos soberanos en el asunto del golpe de Estado? ¿Es que las instituciones del reino de España se muestran incapaces de cumplir la legalidad ni evitar la destrucción de la Nación? ¿Qué pasa aquí?

Muchas de nuestras instituciones muestran una vez más su gran capacidad de devastación. Ahora que viene la campaña de la renta, el súbdito humillado, asqueado y saqueado que pretenda mantener la lucidez y la decencia debería plantearse para qué sirven los descomunales impuestos que le saquea el Estado. Este tinglado arrebatacapas que, salvo algunos que aún heroicamente intentan cumplir con su deber como el rey Felipe o ciertos jueces, mi reconocimiento y gratitud al juez Llarena o la juezas Alaya o Lamela, ni siquiera pretende mantener ya un mínimo de dignidad y coherencia. Que no respeta sus propias leyes. Que ha abandonado cualquier vestigio de intentar preservar la dignidad e integridad de la nación española. Un Estado arrebatacapas, incapaz de defender los derechos civiles de los ciudadanos españoles en todo su territorio y cada vez más deslegitimado nacional e internacionalmente como muestra la ¿última? cobardía de Mariano.

Los discursos de Mariano, ceceos y espantadas aparte, quizás serán estudiados en un futuro próximo como una nota a pie de página de las técnicas de manipulación gobbelsiana. Sin olvidar la llamada neolingua orwelliana nutrida por el abuso de poder: aquel que es capaz de vulnerar tanto la gramática cuanto la semántica. Las palabras significan lo que el déspota compostelano engordado en Pontevedra quiere que signifiquen.

Las cosas como son y a cada cual lo suyo: el camelo del que es justo reconocerle autoridad indiscutible en ejercicio, no lo ha inventado él, sino el genial Jardiel Poncela. Sirva este pequeño apunte para revindicar su memoria más o menos histórica.

En efecto, el precedente del lenguaje marianesco se halla en los logros de un gran artista español, maestro del humor y del teatro del absurdo. Un autor de vanguardia, denostado por uno y otros con dímes y diretes de singular algarabía. Me refiero al gran Enrique Jardiel Poncela y su teoría y práctica del camelo como lenguaje idiolecto amén de recurso estilístico.

El camelo propiamente dicho no es solo el típico embuste marianesco: se basa en el empleo creativo de unos cuantos artificios: La invención de palabras. Las referencias apócrifas de citas, títulos, autores. Textos en otros idiomas, en especial falsos latinajos. Referencias engañosas, normativas o leyes fingidas o imaginarias o con carácter retroactivo, morcillas teatrales, discursos con apariencia de sentido pero que en verdad carecen de él. Ahora Jardiel introduciría los mohatreros másteres de todo a cien y quita y pon.

Todas estas mañas debidas al ingenio de Jardiel son falsa moneda común en el lenguaje de los políticos del singular Reino autonómico, eufemística o camelísticamente llamado “democracia” con singular exageración y abuso de propiedad, sino directamente “mohatra”. Nombre con el que era conocido por los grandes de nuestro Siglo de oro el fraude, la falsa apariencia, el desleal engaño provocado por la venalidad de las instituciones o personas garantes de la legalidad que debieran defender como autoridades. En todo caso, una democracia deshabitada de demócratas en la gran mayoría de su casta dirigente.

Mañoso de pro en el sublime arte del camelo es sin duda el pintoresco prócer con altaneros andares y ridículo trote gorrinero, encumbrado a la gloria de real valido para el cuidado y medro del monipodio. Las bochornosas declaraciones pro golpistas en Argentina contra la nación española y sus instituciones del mohatrero presidente del gobierno han animado a alguno de sus lugartenientes a provocar y desafiar al juez del Supremo que está luchando heroicamente contra el golpe de Estado que, por el contrario, Mariano y su nefasto gobierno han demostrado apoyar por acción u omisión.

Veremos a ver qué pasa con el desafío contra la Justicia del temerario ministro Montoro, bronco jaque del bronce como diría Valle, guardián de los tesoros saqueados a la clase media y graciablemente puestos a disposición de los golpistas. El pueblo espera que no se vaya de rositas y pague sus culpas.

Ahora bien, ¿por qué Mariano se apunta al camelo y hace lo que hace?

Una primera hipótesis es que simplemente es tonto de remate: hace el juego a los enemigos de España amparando el golpe de Estado y engordando la gusanera de la deuda, además de destruir su propio partido, por estulticia e incapacidad intelectual además de moral. Al cabo, múltiples especimenes ditirambo alabanciosos del Poder halagan sus más bajos instintos. No lo creo. Ha demostrado sus habilidades, por ejemplo, en el “pilla pilla” de sobres barcenianos o en el no menos astuto ordeño de su registro alicantino.

Otra, extensible a gran número de nuestros próceres y próceras, es que hace lo que no debiera hacer en función de su cargo y juramentos porque está chantajeado. Pero, ¿porqué causas? Aquí la imaginación vuela en busca de posibles interpretaciones racionales o plausibles. Por ejemplo: Conducta sexual indeseable, pruebas de desfalcos, trinques varios o de cuentas clandestinas en paraísos fiscales…

Para otros investigadores de lo paranormal, se trata de un problema de emasculación precoz. Su comportamiento cobarde, rastrero, intrigante, vengativo es el característico de los eunucos o capones. Sin olvidar una gran tradición gallega que estaría extendiendo en todas las instituciones, partido incluido. Entre los abigarrados enseres del pazo moncloaca estaría el capoeiro que es un banco típico situado junto a la lareira con la particularidad de que, debajo del asiento, enjaulados, engordaban en la inmovilidad, la penumbra, el calor y la ceba, los capones que habían de sacrificarse en vísperas de fechas solemnes y desde luego de las votaciones. El que San Alberto de la Caixa no amparase los presupuestos bajo su pío manto originaría un hipotético adelanto en la llamada a votar que no permitiría el cebo y engorde de los capones como estaba previsto. Los más avisados  barruntan el cercano degolladero. Se muestran inquietos y espantadizos. Mientras tanto la alquitara oficial destila promesas estupefacientes cuyos vapores aturden al sufrido, escamado, humillado y saqueado militante o votante peperos.

Dicen los más ditirambo alabanciosos que a Mariano lo que le pasa es que le ha dado un pasmo. Vamos que se ha quedado pasmado con el golpe catalán que la niña doña Soraya de Bilderberg, jefa de los mortadelos, le había calificado de imposible en vicio, que no virtud, de su flirteo con el bizco sobón. Y que por eso tiene tan extraña conducta. Cosas que pasan pero sin premeditación ni alevosía. No lo creo. Es casi imposible creer que Mariano si de veras aspiraba a gobernar, tras treinta años en diferentes poltronas y varios otros más recostado en la moncloaca, no supiera lo que estaba pasando. Pero sólo se desencantan los previamente encantados. Los que se han querido dejar convencer. Un viejo taurino me decía: “Tras la faena, el matador no sale a saludar al tercio ni siquiera a la barrera y se refugia en la cuadrilla“. También el conde Lucanor explicaba lo de los falsos compungidos en uno de sus apólogos, el del toledano cazador de perdices que lloraba al sacarlas de la red.  No por pena por el sacrificio de los sabrosos animalitos sino porque, gajes del oficio, se le acababa de meter un poco de tierra en el ojo.

Otra interpretación adicional o complementaria sería su odio africano a Su Majestad Don Felipe VI, y en general, hacia aquellas personas e instituciones que pese a todo aún intentan cumplir con su deber en  este infortunado Reino, y cuyo ejemplo por comparación muestra su propia villanía. Así, intrigaría contra ellos con mañas de eunuco.

Pero, ¿quién ha encantado a este Reino y muchos de sus próceres e instituciones? Me malicio que el encantador es ajeno, provienen del exterior de nuestras fronteras. Pero, los ansiados desencantadores de tanto maligno sino satánico encantamiento han de ser propios.

Gentes libres, honradas y de buenas costumbres.

¿Con Vox y voto?

 

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