Alfonso De la Vega

La Garita de Herbeira

Artículos, solfas y epistolarios

NOM y Fin de la Historia

¿Estamos en el Fin de la Historia? Fukuyama no tenía razón. Más bien la idea vigente es la del fin del Fin de la Historia. Pero, ¿y ahora qué?

Según el marxismo original, la burguesía sería un Movimiento revolucionario que terminaría desarrollando las fuerzas productivas que al final pondría las bases de la destrucción de esa misma burguesía. Para algunos el actual proceso de globalización vendría a cumplir el viejo vaticinio marxista.

No participo en absoluto de la visión materialista determinista de la Historia, en el sentido de que existe, debilitada o no por el estado general de la civilización y de la propia conciencia, una cierta autonomía de la voluntad para hacer lo que el recto pensamiento indica. Es decir, que las cosas se pueden hacer de otro modo y viene a ser tarea del verdadero liberalismo, el de origen español frente al mohatrero neoliberalismo anglosajón, el hacerlas. Tampoco participo de la opinión de que el supuesto final del orden burgués conocido vendrá de los proletarios. Pero, en cierto modo, la globalización, tal como se está llevando a cabo por el neoliberalismo anglosajón, viene a confirmar esa hipótesis marxista con el advenimiento del NOM, y su proceso de debilitamiento, desarticulación, pérdida de soberanía, devastación en un intento de liquidación definitiva de los estados nación con sus poderes ejecutivo, legislativo o judicial inermes, así como de sus burguesías, sociedades, culturas y mercados nacionales. Claro que, desde luego, no se trata como sostiene el marxismo de que las nuevas fuerzas revolucionarias estén formadas por proletarios, hoy las zurdas, consciente las mercenarias, o inconscientemente los tontos útiles, hacen el juego a la tenebrosa oligarquía globlalista mundial.

Existen hipótesis fundadas sobre quiénes estaban detrás de la promoción hace un siglo de la revolución rusa, financiación incluida. Que serían los mismos que hoy, después de la caída de la URSS, promueven la confrontación mundial amenazando a Rusia y otros países renuentes con la unipolaridad para así garantizar su oligárquico sistema de dominación mundial y sus sangrientos negocios de armamento y tráfico de drogas y personas.

El comunismo como primer intento de globalización ha fracasado y esto se ve en los nuevos disfraces que hoy adopta la izquierda. Unas zurdas que muestran su complicidad real en la supremacía de lo financiero frente a lo económico, el vaciado de la soberanía nacional, la devastación ética y de la clase media que es la que soporta el orden de las naciones y al cabo posibilita la civilización, la participación en los programas de lo que se ha venido en llamar, creo que no muy acertadamente, ingeniería social. Su apoyo a las agresiones imperialistas, la promoción de la inmigración descontrolada, embrutecedora y liberticida, el desastre educativo, la ignorancia embrutecedora, el fomento de la homosexualidad, el feminazismo, el aborto, el terrorismo y fanatismo islámico made in USA o el indigenismo.

Sin olvidar su complicidad en la instauración criminal de colectivos fuera de la ley o que logran que la ley y los recursos públicos se tuerzan a su favor contra los principios básicos de igualdad de todos ante la ley, presunción de inocencia o libertad de conciencia, religiosa, cátedra o expresión.

Pero que, en todo caso, utilizan su posición de dominio en el ámbito de la Cultura, es decir, en lo supraestructural, incluso colaborando con la hegemonía oligárquica financiera incluida, no tanto en las fuerzas productivas como pretendían Marx y Engels, para destruir la civilización.

En resumen, unas zurdas colaboracionistas en la promoción de una sociedad global de esclavos. Los peores esclavos, los que abandonada su dignidad de hombres libres ni siquiera saben que lo son.

 

La globalización es un proceso histórico concreto que no debe confundirse con la visión o concepción holística ni menos con la globalidad.  Tampoco es solo la internacionalización relacionada con los flujos de importación y de exportación. Ni tampoco la fase de transnacionalización y sus procesos de deslocalización de inversiones y flexibilización laboral, es decir, de supresión de derechos laborales y civiles. Un proceso, el de la globalización, agravado desde el atentado de falsa bandera de las Torres gemelas y la devastadora crisis financiera inducida por la mohatra sitémica, que concentra la riqueza y la capacidad de decisión sobre los problemas planetarios en una fracción cada vez más pequeña pero más poderosa de la oligarquía mundial. Y que se sustenta en la institucionalización de redes mundiales de producción, consumo y especialmente de información y control de la opinión pública. Tanto por los prostituidos media convencionales como por los nuevos: redes sociales, tecnología de la información.

Un sistema que en realidad ataca el medio ambiente pese a la propaganda, las leyes de supuesta protección y el mecenazgo de fundaciones títeres y ONG mohatreras.  Que utiliza señuelos como lo del cambio climático de origen antropogénico para tapar la devastación de recursos, el empleo de geoingeniería, chemtrails, o biotecnología, transgénicos, agricultura y ganadería tóxicas. Conviene recordar que en el actual proceso de destrucción medioambiental tiene un papel importante la concepción errónea del sistema económico como algo cerrado, autónomo, sometido a leyes ajenas a las de la termodinámica o la Naturaleza en general. Así como de instrumentos como la llamada teoría económica o la contabilidad por partida doble que externalizan el coste medioambiental de la actividad de las empresas transnacionales y llegan a constituir coartadas ideológicas o técnicas más que científicas.

Un proceso que, en consecuencia, no es democrático sino que precisamente se nutre del vaciamiento de los sistemas institucionales de decisión que pudieran tener o conservar alguna forma de control democrático. Pero, si no es democrático tampoco se dirige al Bien común. De modo que atendiendo a la famosa y clásica tipología aristotélica de los sistemas políticos basada en dos variables fundamentales: quiénes ostentan la soberanía y en qué sentido o con fines se ejerce el poder, no es un sistema aristocrático, o gobierno de los mejores, ni tampoco verdaderamente democrático porque la gente sólo tiene alguna capacidad de sustituir equipos políticos por otros similares que van a hacer más o menos lo mismo a las órdenes de quienes verdaderamente mandan. Pero no de alterar las grandes decisiones previamente adoptadas por la plutocracia mundial y sus diferentes instituciones instrumentales no democráticas.

Es decir, es triste reconocer que nuestra civilización se agota en la supremacía de una plutocracia de conducta criminal. Que estamos ante un sistema oligárquico fundamentado en la supremacía financiera del dinero falso o mohatrero al que todo se subordina y que promueve intereses oligárquicos, mafiosos, parciales y egoístas. Se estima que la suma de dinero falso o mohatrero, sin correlación con el mundo real de recursos, factores, bienes y servicios es muchas veces superior al valor de estos. Una capacidad de compra con moneda “falsa” que permite a la plutocracia apoderarse de los recursos a veces incluso sin tener que utilizar la violencia militar imperial. Y que resulta posible con la nueva tecnología informática o cibernética.

En resumen, nos encontramos ante una verdadera tiranía encubierta de acuerdo a la citada tipología aristotélica. Encubierta  mientras se mantenga una especie de velo democrático desarrollado por la mohatra mediática que disimula cómplice su auténtica condición. Una tiranía que de encubierta eventualmente pasaría a manifiesta cuando la plutocracia mundial entienda que ha llegado el momento, una vez desarbolados los Estados nación y adoptadas las grandes decisiones por instituciones globalistas títeres de la plutocracia tales como por ejemplo Reserva Federal, FMI, UE, BCE, BM, CFA, OTAN, Bilderberg…

Pero si los agentes globalizadores son instrumentos de la plutocracia mundial su acción no resulta igual de perniciosa en todos los países. Pues en esto también existen clases. Así, pues, existen países globalizadores y globalizados. España pertenece al grupo más numeroso de los segundos. Una de las causas es la estulticia criminal de su casta dirigente que carece del más mínimo sentido del patriotismo o de la decencia. De un sistema político nefasto pseudo democrático como es la Monarquía autonómica de partidos. Un tinglado mafioso coronado diseñado para el saqueo y devastación de la Nación mientras se engorda la gusanera de la corrupción y de la Deuda “soberana”. Pero desgraciadamente parece que una parte mayoritaria del pueblo español se compone más de súbditos que de ciudadanos. Consiente indiferente que se destruya su nación o se regodea en la servidumbre. Vota una y otra vez a los mismos traidores, embusteros y ladrones. Y, como diría Antonio Machado, se muestra incapaz de acertar la mano con la herida.

Esta condición de país globalizado que ni siquiera intenta una posición geoestratégica propia más favorable, la falta de soberanía real quizás es la explicación más plausible de la evidente complicidad del gobierno, títere de intereses extranjeros, con la sedición catalana. Es de temer, ojalá no fuese así, que el poder global haya elegido a España para desarrollar un nuevo experimento de desestabilización cara al NOM, como el terrible anterior de balcanización de Yugoslavia, en la que España se vería incapacitada para defender su Nación y territorio como entonces ocurriera con Serbia. Si no es un simple error judicial, ayudado por la incompetencia gubernamental, sentencias como la alemana de ayer o el ridículo hazmerreir al que se está sometiendo a España en la supuestamente aliada Europa serían indiciarias de nuestra posición de debilidad que nos hace estar a merced del enemigo.

Pero todo este proceso de devastación quizás fuera mucho más difícil o acaso imposible si se restaurara la conciencia de la dignidad de España y sin el concurso cómplice de las falsas izquierdas o zurdas mohatreras que ahora actúan no tanto en el mundo de la producción, cuanto en el de la superestructura.  Y que más que expropiar propiedades ahora se dedican a expropiar conciencias.

(Continuará)

Posdata del 7 de abril

Se han conocido unas declaraciones del gobierno alemán muy injuriosas para España. Un gobierno presidido por la Merkel, la misma que viene patrocinando la política sorosiana de implantación del siniestro Plan Kalergi, instrumento del NOM.

En efecto, el gobierno alemán por medio de una “miembra socialista aplaude la decisión muy probablemente prevaricadora del juez local que, incoherentemente con su rol de tramitación técnica de la euroorden, ha entrado a juzgar el fondo del caso. Una inadmisible intromisión en los asuntos internos de un país soberano y supuestamente amigo y aliado que favorece la causa golpista catalana, ridiculiza a España y al cabo, abre una vía de agua en la propia estabilidad de la UE.

Otro bofetón a España. ¿El felón pillasobres que ocupa la presidencia del gobierno de Su Majestad se va dignar hacer algo?

En el texto anterior ya se trataba de explicar porqué no.

 

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