Alfonso De la Vega

La Garita de Herbeira

Artículos, solfas y epistolarios

CONSOLAMENTUM cátaro en La Coruña

Desde el siglo XI al XIII el sudeste de Francia fue escenario de un movimiento religioso místico político conocido como catarismo o movimiento herético de los albigenses o los puros. En 1209 Simón de Monfort había tomado uno de sus bastiones, la que entonces se creía fortaleza inexpugnable de Carcassonne. Todo el territorio del Languedoc y, en especial, el último bastión cátaro, el castillo de Montségur en las estribaciones del Pirineo, está relacionado con la hermosa leyenda del grial. Al parecer, según documentos de época, en enero de 1244 poco antes de la caída de la fortaleza bajo las tropas del Papado, cuatro cátaros se descolgaron por el precipicio cercano portando un pequeño tesoro en el que según la leyenda estaría incluido el propio grial. El 16 de enero caía el bastión y más de doscientas personas entre hombres, mujeres y niños fueron quemados vivos por las fuerzas del Papado en la explanada existente bajo el castillo llamada desde entonces Camp des Cremats.

Hoy existe una estela conmemorativa del terrible genocidio. Presenta una cruz paté y otra druídica, con una inscripción dedicada a los cátaros, a los mártires del puro amor cristiano.

¿Por qué fueron combatidos los cátaros con tanta saña y crueldad?  Desde el punto de vista espiritual participaban de gnosis, de una relación íntima entre el hombre y la Divinidad, sin intermediarios. Este supuesto ponía en cuestión radical todo el aparato de poder material eclesiástico. Es decir, una vez más la misma disyuntiva entre Espíritu y Poder material.

El consolamentum es una especie de sacramento propio de los cátaros, puros o albigenses. Se encuentra ligado a una transmisión espiritual de maestro a discípulo y asociado a un libro, habitualmente cerrado, que representa el libro de San Juan.

Para algunas tradiciones este libro es el que aparece en una carta del tarot. Bien abierto como en el de Marsella o bien cerrado como en el tarot de Visconti Sforza. Un tarot pintado por Bembo a mediados del siglo XV, que se conserva en varios museos, salvo cuatro cartas perdidas. Una de ellas, la del diablo, acaso hecha desaparecer por el mismo maligno.

Según ciertas tradiciones posteriores vinculadas al enigmático Leonardo y sus hipotéticas relaciones con la heterodoxia cátara, tal libro de la carta del tarot pudiera ser una obra de fray Amadeo de Portugal, hermano de Beatriz de Silva, la fundadora de las concepcionistas y fundador él mismo de cierta rama de los franciscanos con algún parecido a la propia reforma del Carmelo. El beato describe revelaciones relativas a San Juan, obtenidas durante éxtasis místicos: en efecto, en su Apocalipsis nova, uno de cuyos ejemplares se encuentra en la biblioteca de El Escorial probablemente gracias a don Diego Hurtado de Mendoza y codificado por su bibliotecario Benito Arias Montano con la signatura secreta relacionada con el cinco.

Pero, lo del tarot de la Casa Ducal de Milán, ¿era capricho de potentado o medio de transmisión de Conocimiento o de alguna tradición esotérica o iniciática?

Eliphas Levi decía que el tarot “acaso sea la obra maestra del espíritu humano y, con seguridad, una de las cosas más bellas que la antigüedad nos ha legado”. Y la Belleza afirman los platónicos que tiene un fin práctico: ayudar a la contemplación del Uno. Pues la Belleza es el resplandor de la Verdad. Cada arcano tiene su significado y se relaciona con los otros. Así, el arcano mayor de ordinal uno, El Mago, suele indicar un comienzo, que algo es posible, que se puede empezar, y además, ahora. Es una invitación a encarnar la energía que llamamos consciencia. Pero cada arcano está constituido por toda una constelación de símbolos, que como las estrellas tienen una realidad propia aunque sean ordenada de modo psicológico. El dos es dedicado a la figura de la papisa, según el tarot de Marsella, o de una dama vestida con hábito franciscano según el tarot de Visconti Sforza con un libro en la mano, que es la carta o arcano mayor al que ya hemos hecho referencia. En otras variantes formales aparece con la cruz del Languedoc cátaro.

El tarot, al que vulgar y habitualmente se le relaciona con el inframundo de lo que Cervantes llamaba “echacuervos”, es decir de los embaucadores de incautos e ignorantes, ha ejercido una gran atracción sobre muchos investigadores del Conocimiento.

Y constituye un lenguaje con su propia gramática, semántica y pragmática. Los algoritmos gramaticales del tarot varían con las diferentes escuelas e incluso con el propio modo particular de hacer las cosas, con la propia maniera. Pero la semántica a diferencia de los lenguajes con códigos cerrados es abierta, y como en todo lenguaje simbólico inaprensible en su integridad. Casi se puede hablar de idiolectos o lenguajes particulares, al menos desde el sentido último que se escapa en cada arcano o arquetipo. Un arcano, es un aspecto de la eternidad cuyo conocimiento no es accesible totalmente a la mente humana.

El tarot presenta veintidós arcanos mayores y cincuenta y seis menores que ayudan como en el famoso mito cretense a explorar el laberinto del inconsciente. Por tanto no está destinado a aspirantes a Teseos inmaduros o de mente frívola, ni para racionalistas que suprimen la dualidad humana, la dialéctica entre el día y la noche. Pero, como diría Jung, sirve a las gentes pensantes y reflexivas a las que gusta meditar acerca de lo que hacen y lo que les ocurre.

Existen diversas versiones o escuelas de tarot. Aunque de procedencia al menos medieval y luego renacentista, una de ellas fue desarrollada hace poco más de un siglo por un coruñés muy famoso en Francia aunque olvidado en su tierra natal, el Doctor Encausse, más conocido como Papus, estudioso de la Tradición Occidental quien renovó la Orden Martinista y desarrolló dos formas distintas del tarot de Marsella: el divinatoire y el de los bohemiens.

En Occidente, la Psicología, pese a lo que su propio nombre indica como ciencia del alma, se encuentra muy materializada, no obstante estar deambulando en la tierra fronteriza de lo invisible, y pretende descartar la palabra conciencia como algo diferente de lo físico. Para colmo, muestra una especie de síndrome de Estocolmo llamada Conductismo. Desde esa perspectiva materialista el mecanismo del tarot resulta incomprensible. Como lo es el fenómeno de la precognición, criptestesia o clarividencia referentes al futuro, estudiados entre otros por Osty o el gran Richet, Premio Nobel 1913.

Sea como fuere Jung y Pauli entendían estas cuestiones y, en general, las relacionadas con la mántica gracias a lo que llamaban el principio de sincronicidad: una relación inteligente pero no causal de acontecimientos, de modo que si se acepta la existencia de un espacio intermediario, ni interno o psíquico, ni externo o ambiental, pudiera interpretarse el fenómeno del sincronismo como una participación de lo anímico interno y de la realidad externa en los fenómenos de este mundo intermediario. Así, al consultar el tarot caben varías hipótesis: que informaciones metapsíquicas puedan influir en el orden de las cartas. Que las cartas actúen como inductores en el psíquismo del consultante o del interpretador. Bien porque la psiquis no es localizable espacialmente o bien porque el espacio es psíquicamente relativo. En todo caso, nunca cabe definir un código totalmente cerrado de interpretación.

Por si esa dificultad aún fuera poca, hay que añadir el que el tarot es un lenguaje total, sistémico. Como acaso diría von Bertalanffy, supone un paradigma diferente de la visión mecanicista del mundo. Su funcionamiento estaría más próximo al de las partes analógicas o sinópticas del famoso diccionario ideológico de Julio Casares o al de los mapas o cartografías mentales de lo que Buzan llama pensamiento irradiante.

El tarot puede entenderse como una manifestación del lenguaje sagrado o, al menos una ventana abierta al mundo de lo numinoso. Y, en consecuencia, si se usa con sensatez e inteligencia, una vía para conocernos mejor a nosotros mismos.

El cinco de oros tiene varios significados en el tarot.

Para Jodorowsky: “El 5 abre caminos para el conocimiento de uno mismo o propone ideas brillantes”. Se trata de la invitación a una aventura, a un comienzo, a iniciar algo nuevo, aunque en el caso de los oros él la identifica con el dinero.

Sin embargo, para Roso de Luna el cinco de oros tiene que ver con la realización espiritual. Con el oro del conocimiento iniciático. En El tesoro de los lagos de Somiedo cuenta que en cierta talla existente en una ermita berciana asociada a la tradición templaria, el cuatro de copas de la crucifixión del espíritu en la materia es cambiado por el cinco de oros: “El Niño, el Adepto, en respuesta a las palabras del salmo treinta pronunciadas por el candidato, de Ego autem in te speravi, Domini Dixi: in manibus tuis sortes meae, le alarga el Oro del Conocimiento iniciativo, con el cinco correspondiente, al par que le retira el naipe simbólicamente contrario, o sea el cuatro, que es de copas, por representar éstas el vino de las pasiones que embriagan a los humanos, sometiéndolos a la tiránica, cuanto grata, ley del sexo, y es un cuatro al par, como símbolo de la crucifixión en la carne, la limitación, la caída en el sexo. Queda así constituido en conjunto el emblema rosacruciano del cinco con el cuatro, del Conocimiento con la Pasión, de la Rosa con la Cruz”.

El tarot puede considerarse un medio de transmisión de la Tradición, pero pese a la opinión de Levy no creo que de los más importantes, aunque lo haya sido en algunas épocas y para ciertos movimientos históricos heterodoxos.  En mi opinión, lo es más la arquitectura sagrada, al menos aunque sólo fuese desde el punto de vista de ser menos perecedera, más permanente en el tiempo.

Pero volvamos al tarot en relación con el consolamentum cátaro y miremos algunos de sus arcanos menores presentes en la arquitectura románica coruñesa.

El arte gallego nos depara muchas sorpresas. Algunas que parecen íntimamente relacionadas con la gnosis y el movimiento cátaro.  Un ejemplo: en la puerta Norte de la catedral de Lugo se muestra un capitel con la sagrada cena en la que aparece una figura femenina ¿acaso la Magdalena? apoyada en el pecho del Salvador. Como se observa en la imagen no hay duda de que el personaje es una mujer. La dulzura del rostro, la melena, el collar…

Pero una sugestiva combinación de consolamentum, tarot y arquitectura sagrada se encuentra en la ciudad vieja de La Coruña, en la antigua iglesia de Santiago, interesante ejemplar de la arquitectura típica gallega de origen románico modificada luego en gótico. Tiene tres ábsides semicirculares con columnas y canecillos en el Oriente. En el Norte destaca el tímpano con el agnus dei y la cruz patriarcal, característicos del sanjuanismo y de la antigua Tradición solar.

En Poniente posee una puerta románica al modo compostelano y de arcos apuntados. Pero cabe fijarse en las jambas de las puertas. Aparecen dos figuras. Una tiene un libro cerrado sobre su cabeza, encima del libro se muestra un ángel, el mensajero con una filacteria. Los ángeles transmiten mensajes, dan consuelo, protegen e invitan al desenvolvimiento espiritual. El personaje hace el signo de fe con una mano y con la otra mantiene el bastón cetro de Santiago. Pero, si esta es singular y enigmática, la figura de la jamba opuesta llama la atención con el índice sobre un naipe, el cinco de oros que sostiene y muestra, enigmático, al visitante. El libro cerrado puede asociarse a la tradición gnóstica del maestro Mateo y su versión del Apocalipsis genialmente interpretada en el Pórtico de la Gloria. Mas el libro está cerrado y sus sellos, trasunto de los chacras o centros psíquicos humanos ¿también lo están? Una forma de esta Gnosis, como lo fuera el priscilianismo es la del catarismo. Pero también puede ser una referencia al evangelio de San Juan. ¿Esta figura con el libro cerrado sobre la cabeza nos muestra el consalamentum? ¿Casualidad o capricho del artista? Es posible, ¿pero también lo es la extraña figura de la jamba opuesta?

Como ya hemos visto, en la iconología tradicional el cinco de oros suele asociarse al cuatro de copas. Que representan el cinco, lo espiritual y los cuatro elementos materiales o lo pasional. La realización espiritual del hombre sublima las pasiones cambiando un naipe por otro.  A veces el libro cerrado, la palabra perdida, se asocia al grial, una sabiduría inalcanzable. Pero es una copa y no cuatro: ¿habría un cuatro de copas en la iglesia primitiva antes de su reforma?

Para Fulcanelli, la obra en alquimia se expresa de modo simbólico por un libro abierto o cerrado según que la materia prima haya sido trabajada o solo extraída.

El cinco de oros también significa una invitación a la aventura espiritual, a cruzar el umbral de lo sagrado. Suma del primer número par y del primer impar y medio de los primeros nueve, según los pitagóricos es signo de unión del centro, de la armonía. De la unión o bodas alquímicas entre lo celeste y lo terrestre.

En el interior del templo coruñés de Santiago nos hallamos ante una ancha nave dividida en tres grandes arcos apuntados que sostienen la cubierta, en el testero se ven tres arcos de medio punto, acceso a los ábsides donde estarían los arranques de las ahora suprimidas tres naves iniciales típicas que derivaron en única tras la reedificación del siglo XVI. Se siente una gran fuerza telúrica cerca de la puerta, hacia el mediodía, por donde quizás discurriría la separación entre naves. No sabemos dónde se manifestaba esta energía antes de la reforma.  Pero la energía telúrica transformada en el templo nos puede ayudar a elevar nuestra conciencia.

No es solo la inteligencia lo que nos permite avanzar. Se precisa la voluntad. Saber y querer ayudados por el espíritu, permiten trasformar la piedra bruta, abrir el libro cerrado de nuestros cuerpos y mentes. Y cambiar el cuatro de copas por el cinco de oros.

Así sea.

 

 

 

 

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