Alfonso De la Vega

La Garita de Herbeira

Artículos, solfas y epistolarios

Ovidio, dos mil años después

Se cumplen dos milenios de la muerte en el destierro de Publio Ovidio Nason. Un gran poeta, un escritor merecedor del más alto concepto. Y una figura simbólica o emblemática, muy a su pesar, de las relaciones conflictivas entre la Cultura o el Arte y el Poder.

En compañía de Pomponio Macro, Ovidio viajó mucho por el azaroso y deslumbrante mundo mediterráneo. Atenas, las hermosas ciudades helénicas de Asia Menor, Sicilia. La gran isla, un continente en pequeño por el que han pasado tantas y tan diferentes civilizaciones y culturas, patria de Arquímedes o Empédocles, donde Platón fuese para ayudar a Dion de Siracusa en su experiencia de gobierno. ¿Una antigua tentativa de gobierno de los sabios? En su carta séptima, Platón lo explica así:

Los problemas del mundo nunca tendrán solución mientras los poderosos no se rodeen de filósofos, siendo así que en cuanto poderosos es casi imposible que ellos mismos sean filósofos”. La bella Siracusa cuyo templo dedicado a Atenea en su acrópolis competía entonces con el mismísimo Partenón. Agrigento, la ciudad de los templos a la que Píndaro elogiaba como “la ciudad más hermosa de los mortales”.

Sin olvidar donde fuera raptada Proserpina mientras jugaba con unas ninfas entre papiros: el lago Pergusa no muy lejos del Etna. Una pena que los antiguos y poéticos bosques de laureles hayan sido sustituidos por un circuito para carreras de motos. Y el canto de los pájaros, testigos de la caída del alma, por el estridente ruido de sus motores. Los extraordinarios misterios de Eleusis, una de las instituciones espirituales y filosóficas de la Antigüedad, en homenaje a Proserpina y su rescate por su madre Ceres o Demeter se han desvanecido en el tiempo y apenas ya los himnos homéricos nos los recuerdan. Pero nuestro poeta no parecía muy de acuerdo con algunos de los condicionantes de la celebración profana:

Llegó el aniversario de las fiestas de Ceres la doncella descansa sola en su lecho vacío. Rubicunda Ceres, que coronas de espigas tus finos cabellos, por qué en el día de tu festividad nos prohíbes los placeres?… ¿Quién creerá que se alegra con las lágrimas de los amantes y quiere ser festejada con los tormentos de la continencia?

Ovidio era un caballero y, acaso en consecuencia, pudiera ser considerado un gran feminista, conocía el alma femenina en profundidad. Y un experto conocedor de los entresijos tantas veces insondables del Amor:

“Yo compuse esta obra, yo, aquel, poeta Nason, nacido en la lluviosa comarca  de los pelignos, que se divierte en cantar sus propios extravíos. Así me lo ordenó el Amor. ¡Lejos de aquí, muy lejos, bellezas intratables, no sois público adecuado a mis tiernos versos! Léame la virgen inflamada en presencia de su prometido y el sencillo adolescente que sufre por primera vez las angustias amorosas. Quiero que algún joven, herido por la misma flecha que yo llevo clavada, reconozca, leyéndome, las señales del fuego que le consume, y tras larga admiración exclame: “¿Por dónde este poeta ha penetrado y descubierto  mis ocultos dolores?”

En El arte de Amar Ovidio glosa el anhelo amoroso:

Si te cautiva la frescura de las muchachas adolescentes, presto se ofrecerá a tu vista alguna virgen candorosa; si la prefieres en la flor de la juventud, hallarás mil que te seduzcan con sus gracias, viéndote embarazado en la elección, y si acaso te agrada la edad juiciosa y madura. Créeme, encontrarás en éstas un verdadero enjambre…

Hasta el foro, ¿Quién lo creerá? Es un cómplice del amor, cuya llama brota infinitas veces entre las lides clamorosas. En las cercanías del marmóreo templo consagrado a Venus surge el raudal de la fuente Appia con dulcísimo murmullo, y allí mil veces se dejó prender el jurisconsulto en las amorosas redes, y no pudo evitar los peligros de que defendía a los demás; allí con frecuencia, el orador elocuente pierde el don de la palabra…”   

En efecto, es posible que la causa de su destierro, con el pretexto de la publicación del Ars amandi, fuese una venganza de Livia quien dominaba la voluntad del viejo emperador. En un momento dado el poeta y su obra parecieron peligrosos para el Poder. Fuere como fuere, Ovidio nunca regresaría a Roma.

Ovidio como nuestro Cervantes u otros de los más grandes resultan ser como un faro para la humanidad, una especie de cuásares de la cultura que muestran su luz durante algún tiempo en medio de la oscuridad reinante. Gentes que nos muestran la posibilidad de ser mejores, pero también por eso mismo, con vidas difíciles, el Espíritu enfrentado al Poder.

Un Poder que ahora puede seguir encarnado como antes en un déspota y sus caprichos pero que está consiguiendo nuevas y más peligrosas estrategias y técnicas de dominación. Un Platón y sus filósofos asesores reinterpretado a su maniera por la cuerda de, entre otros, Leo Strauss y sus secuaces neocons desplegados en variados e influyentes Think Tanks. La mentira como arma de los “sabios” que ya no filósofos que controlan la caverna platónica y nos confunden con su juego manipulado de sombras. una sociedad dominada por una élite que mediante técnicas depuradas y sutiles influyan en el comportamiento de la gente y ejerzan el control de los “ciudadanos” convertidos en obedientes esclavos sin que tengan conciencia de serlo.  En estas condiciones el Arte, la Cultura se convierten en peligrosos enemigos del Poder.  De ahí,  un nuevo destierro perpetrado por el Poder contra la Verdad, el Arte, el Conocimiento y la Libertad.

Se achaca a Confucio, la que parece una sentencia orwelliana: “cuando las palabras pierden su significado los hombres pierden su libertad”.

El liberalismo, al menos en su noble significado español de nuestro siglo de oro, ha sido prostituido por la Cultura anglosajona. La defensa de la Libertad, del débil, la lucha por la Justicia y la realización de los valores metafísicos, los derechos civiles, la libertad de pensamiento, expresión, cátedra o imprenta, vienen siendo sustituidas por la libertad del comercio y el dinero y las ventajas del pensamiento único.

En 1964, un humanista nacido en el país del exilio de Ovidio, investigador de la Metapsíquica y relacionado con Eliade, Cioran o Ionesco, consiguió el premio Goncourt por su inspirada novela Dios ha nacido en el exilio. Perseguido por el régimen comunista rumano, Vintila Horia no llegaría a recogerlo. En su obra el escritor rumano habla de Ovidio, de sus temores y anhelos y de una esperanza espiritual: una hierofanía cuya manifestación ha de esperarse. Pero, en realidad, de sus propias peripecias vitales en el exilio por diferentes países: Italia, Argentina, Francia o España, donde murió.

Aquí, en España, la repugnante y mercenaria zurda sorosiana  con la complicidad de una derecha cobarde, corrupta y felona, ante la debilidad y desguarnecimiento de nuestra Cultura actual pretende introducir una nueva ley de desmemoria, manipulación o confusión histórica. Por ella, el linchamiento intelectual y social o la cárcel sustituirán al debate de ideas o la investigación. La mentira al gusto del Poder será oportunamente enmucetada.

Y nuevos Ovidios volverán al exilio a la espera de una nueva consoladora hierofanía.

 

 

 

 

 

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