Alfonso De la Vega

La Garita de Herbeira

Artículos, solfas y epistolarios

Hipotecas sustanciosas

Un curioso vídeo realizado por Periodista digital se está haciendo famoso por lo inusual de su presentación. Una pareja de sesudos expertos pertenecientes a sendas instituciones respetables, de altos y severos organismos como dirían en La Codorniz, anuncian una serie de cuestiones relacionadas con el abstruso tema hipotecario. Lo raro, lo pintoresco, lo que ha llamado la atención del respetable, es que su presentación escapa a los cánones actualmente establecidos.

En efecto, el tema de las finanzas suele tener un aura impostada, mohatrera, de respetabilidad. Reforzada con imágenes de seriedad: trajes, corbatas, pañuelos, vestimentas de marca. Sabemos que la práctica se compadece mal con esa supuesta estricta moral.  Ahí están las múltiples estafas financieras perpetradas durante la pertinaz Monarquía que adornan, como en pabellones de caza, las lujosas salas de trofeos de los impunes consejos de Administración bancarios. Toda clase de estafas, timos o mohatras de nuestra ingeniosa picaresca del siglo de oro se ven actualizados con éxito indudable en la práctica habitual de nuestra oligárquica timocracia coronada. El lector lo sabe bien, aunque él mismo no haya sido una de sus víctimas directas.

La finanza es una mohatra, se basa en el engaño, que rebautizan los teóricos del sistema monetario como confianza. El propio Aristóteles también lo veía así.  En su Ética a Nicómaco Aristóteles critica a “los que se dedican a ocupaciones degradantes, como por ejemplo, la prostitución y otras semejantes, y los usureros que prestan cantidades pequeñas a un interés muy elevado. Todos estos toman de donde no deben y cantidades que no deben. Parece que es común a todos la codicia, pues soportan el descrédito por afán de ganancias, por pequeñas que sean. Pues a los que toman grandes riquezas de donde no deben, como los tiranos que saquean ciudades y despojan templos, no los llamamos avariciosos, sino más bien malvados, impíos e injustos. En cambio el jugador, el ladrón y el bandido están entre los avariciosos pues tienen un sórdido deseo de ganancias.  En efecto, unos y otros se dedican a esos menesteres por afán de lucro y por él soportan el descrédito, unos exponiéndose a los mayores peligros a causa del botín, y otros sacando ganancia de los amigos a quienes deberían dar. Ambos obtienen ganancias por medios viles. Al sacarlas de donde no deben, y todas estas adquisiciones son modos ávidos de adquirir”. El sabio filósofo griego agudamente equipara el negocio financiero, o al menos sus abusos, con la prostitución. Pero no solo Aristóteles, tampoco nuestra mejor tradición de pensadores de lo económico veía con buenos ojos el tema del interés. Un negocio, ese de los prestamistas, siempre sospechoso e impropio de cristianos viejos.

Es con la hegemonía de la civilización de piratas, boxeadores e ironistas como los llamaba Machado, cuando el dinero, “el excremento del diablo” según Papini, que adquiere sabor de deseado y exquisito manjar maloliente. Cúspide hegemónica de la actual organización social al que se subordinan vidas, culturas, necesidades reales, soberanías, dignidades y vergüenzas.  Todo en sacrificio por el negocio y la gloria del NOM.

De modo, que solo cabe felicitar a ambos expertos por mostrarnos la cosa tal como es. Sin tapujos, afeites ni coloretes.  La garantía hipotecaria ha perdido su verdadero sentido de garantía, de entrega a prenda en caso de impago, para convertirse en una condena de por vida para ciertos imprudentes o infortunados hipotecados. El negocio se redondea con la creación de las sociedades de tasación controladas por las propias entidades financieras que supuestamente han de dar respetable objetividad a la frecuente mohatra. Y luego con el empaquetamiento de las deudas más contaminadas a terceros, con lo que la titularidad pasa a otros, generalmente buitres y carroñeros, una vez consumada la fechoría. Lo que pese a todo no obsta para que ciertas entidades financieras lleven torticeramente a los tribunales a los hipotecados como si aún fuesen titulares prestamistas de sus hipotecas.

Ojalá se abra la veda de la publicidad responsable y vayan apareciendo las cosas tal como son. Mi más cordial enhorabuena a ambos pioneros de la publicidad veraz y bien hecha. La pareja científica y filantrópica. Y a Periodista Digital por su audaz promoción de la Verdad y de la dignidad humana.

 

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