Alfonso De la Vega

La Garita de Herbeira

Artículos, solfas y epistolarios

SOMA

Rene Guenon explicaba que lo que caracterizaba al mundo moderno era la pérdida del sentido metafísico de la existencia. Que los logros materiales de Occidente se habían realizado con ese tan alto y lamentable coste.  Sin embargo, en ese mismo mundo moderno son muchos los investigadores metafísicos que por curiosidad, especulación científica o por no resignarse a la desesperación espiritual hoy tan frecuente, buscan alternativas y el propio sentido de la vida. Unos de ellos son los llamados psiconautas, los investigadores con sustancias enteogénicas características de las antiguas tradiciones del mundo chamánico o de ciertas religiones. Criticados por los que consideran este camino un atajo peligroso o acaso virtual o engañoso, sabemos, empero, que el empleo de sustancias enteogénicas forma parte de casi todas las tradiciones religiosas e iniciáticas de la humanidad a lo largo del tiempo.

Cabe recordar aquí por su importancia para la Cultura occidental el kykeon de los Misterios eleusinos. Hoy sabemos que allí se empleaba una sustancia enteogénica, el kykeon. Si atendemos a las últimas investigaciones de Hofmann, Wasson y Ruck, probablemente elaborada a base de cebada, menta y el esclerocio del cornezuelo del centeno o de otra gramínea el Paspalum distichum, abundante en las llanuras griegas, que permitía a los iniciados, llamados epoptes, la visión directa de lo sagrado. Una visión de tal importancia radical que originaba un antes y un después en sus vidas.  Esta forma religiosa de carácter extático fue perseguida por el Cristianismo preponderante hasta la destrucción a finales del siglo IV del santuario de Eleusis con casi dos milenios de historia, del mismo modo que luego perseguiría y acabaría sin contemplaciones con priscilianistas, cátaros, albigenses, alumbrados o cualquier otro movimiento espiritual o religioso considerado como peligroso.

Para muchos lectores la palabra soma está íntimamente asociada con la famosa novela futurista o de ciencia ficción, Un mundo feliz, quizás la obra más conocida de Aldous Huxley. Perteneciente a una importante familia inglesa de políticos, estudiosos e investigadores, Aldous Huxley fue uno de los más conocidos investigadores contemporáneos del fenómeno de la enteogénesis y describe el empleo de sustancias euforizantes como el soma en su famoso Un Mundo feliz. Pero no solo en esta obra, también habla de otra sustancia, la enteogénica moksha, en su crepuscular novela testamento, La Isla. Una obra que deja cierta desolación al lector, como en el caso del 1984 orwelliano, otro texto profético sobre el horizonte sombrío que espera a la humanidad en el futuro, y ya casi en el presente. Huxley había dedicado los últimos diez años de su vida a investigar con este tipo de sustancias. El moksha sería un hongo semejante al teonanácatl mejicano, el empleado por la chamana María Sabina durante su célebre velada con Gordon Wasson, que formaba parte fundamental de la cultura y medicina de la isla asiática Pala donde se desarrolla la novela.

En efecto, los esposos Gordon y Valentina Wasson habían estado recogiendo evidencias durante años acerca del papel de los hongos en las sociedades primitivas lo que les había llevado a formular la conjetura que ciertos hongos habían jugado un importante papel en el origen y desarrollo del fenómeno religioso y en la interpretación de lo numinoso. Dentro de estas investigaciones, en 1952 descubren que cierto culto de hongos había sido documentado por algunos de nuestros cronistas de Indias, lo que les mueve a investigar en Centroamérica. Así, conviene recordar aquí una velada en la sierra de Oaxaca que tuvo lugar el 29 de junio de 1955 y que, al cabo, supondría un antes y un después en la comprensión occidental de la antigua y polémica cuestión de la ingesta de enteogénicos con fines sacramentales de acceso al mundo espiritual. Gordon Wasson convenció a la luego archifamosa chamana y curandera María Sabina para que le permitiera participar en una velada místico- ritualística indígena con “niños santos”, hongos del género Psilocybe. La experiencia místico estético epistemológica  fue deslumbradora, apabullante. Wasson saldría transformado de este profundo contacto con lo numinoso.

Pero violando sus propias promesas de discreción, dos años después, en 1957, Wasson publicó un reportaje en la revista LIFE acerca de sus experiencias en esta velada bajo la dirección y tutela de María Sabina, que tendría importantes repercusiones de todo tipo, incluidas las científicas. Su experiencia rescató de la incomprensión o cierto semi olvido algunos textos de los primitivos historiadores españoles de Indias como la Historia general de las cosas de Nueva España de fray Bernardino de Sahagún o las obras sobre Botánica americana de Francisco Hernández. O los Ritos antiguos de sacrificios e idolatrías de los indios de Nueva España de fray Toribio de Benavente y el Libellus de hierbas medicinales Indias de Martín de la Cruz. Aunque no otros, como el Manual de ministros de indias para el conocimiento de sus idolatrías y extirpación de ellas de Jacinto de la Serna, la Crónica mejicana de Fernando de Alvarado o la Historia de las Indias de Nueva España de Diego Durán.

Por su parte, en sus ensayos Las Puertas de la percepción y Cielo e infierno, Huxley describe sus propias experiencias visionarias asistidas con la mescalina, principio activo del peyote, cactus sagrado de los huichol y de composición bioquímica muy similar al del cornezuelo del centeno y a la LSD. Explica que aunque desconocía el comportamiento fisiológico de esta sustancia en el cerebro parece ser que causaría cambios o perturbaciones en el grupo de enzimas que regula su funcionamiento. De este modo, el cerebro disminuiría su eficacia para focalizar la mente en problemas vitales concretos necesarios para abordar nuestra supervivencia como criaturas y se permitiría la entrada en la conciencia de otros sucesos mentales no necesarios para la misma. Pero haciendo patentes fenómenos espirituales o estéticos que pasarían desapercibidos en estado de vigilia. Además de sustancias como la mescalina, la fatiga extrema o ciertas enfermedades pueden tener también efectos enteogénicos. Lo mismo que el ayuno extremo o la permanencia en grutas o lugares oscuros. En estos casos se trataría de la pérdida del nivel habitual de ácido nicotínico, que actúa como inhibidor de las visiones. Por eso muchos ascetas recurren a ambos procedimientos: su aislamiento en cuevas, en las famosas Tebaidas, o el ayuno. Su motivación sería doble: hacerse perdonar sus pecados y tratar de inducir la experiencia visionaria. También el castigo o sufrimiento que puedan inflingirse mediante, por ejemplo, cilicios u otras disciplinas, podría generar adrenalina, componente de fórmula química parecida a la mescalina.

No es sólo el empleo de ciertas prácticas ascéticas. Como sustituto de la sustancia enteogénica: kykeon, teonanacatl (Psilocybe cubensis), soma védico, peyote, etc; el Catolicismo también adopta una especie de sustancia placebo, la comunión eucarística. Una hierofagia, la ingesta simbólica de Dios. Y, en la medida que Cristo fuera también un hombre, lo que pudiera considerarse una forma de antropofagia simbólica. En las poblaciones precolombinas y en ciertas comunidades indígenas actuales que pueden entenderse como una especie de relicto cultural, las sustancias enteogénicas, hongos psilocíbicos, peyote, ayahuasca, …se asimilan a una deidad. La diferencia principal con la comunión cristiana, no estaría en esa identificación con lo sagrado sino en que en tales casos sí se ingiere una sustancia activa con poder enteogénico real.

Algunos autores incluso van más allá en sus planteamientos. El Doctor Allegro, uno de los investigadores pioneros de los famosos manuscritos de Qunran en el Mar Muerto, pretende en su controvertido libro The sacred mushroom and the Cross que el propio Cristianismo más que hecho histórico procede de la visión enteogénica causada por la amanita muscaria. Aunque tal hipótesis pueda parecer absurda o en exceso atrevida, es cierto que las representaciones de hongos aparentemente fuera de contexto, son extraordinariamente abundantes en frescos y vidrieras de templos cristianos primitivos en diferentes épocas y países.

En su tratado sobre chamanismo, Mircea Eliade nos explica que no hay solución de continuidad en la historia de la Mística. En el éxtasis se encuentra la  “nostalgia del paraíso”. También la Luz interna. Y sin embargo, el chamanismo no sólo es importante por el lugar que ocupa en la historia de la mística. Los chamanes han jugado un papel esencial en la defensa de la integridad física de la comunidad. …el chamán defiende la vida, la salud, la fecundidad y el mundo de la luz contra la muerte, las enfermedades, la esterilidad, la desgracia y el mundo de las tinieblas. Es decir, una fuerza civilizadora, pues, al cabo, toda civilización viva es una manifestación espiritual, pues del Espíritu se nutren sus Instituciones.

 

Pero la palabra soma empleada por Huxley en su famosa novela tiene una antigua tradición en relación con el mundo de la enteogénesis y de lo sagrado.

En el Avesta, libro sagrado del antiguo Irán atribuido a Zoroastro, se hace referencia a una planta sagrada de cualidades enteogénicas a la que llama Haoma /soma. Pero ya mucho antes, en los Vedas, se hacía referencia al sacrificio del soma. Una planta cuya identidad se ha perdido, que al parecer crecía en las montañas más que en el valle del Indo y que mueve a muchas especulaciones actuales sobre su verdadera naturaleza.  Soma es un dios, el que ocupa el tercer puesto por número de himnos a él dedicados en los Vedas, además de una planta. Es el dios que representa y da vida al jugo de la planta soma. El libro III del Rig Veda trata del Soma, de su clarividencia, generosidad, éxitos, inteligencia o sabiduría. También de su importancia ritualística y de las ceremonias de recolección y preparación de la bebida obtenida de la planta para esos fines. Nos dice que es prensada, pero no se sabe a ciencia cierta qué especie botánica se refiere. También parece que muy probablemente dicha planta originaria del culto védico habría sido sustituida por otras a lo largo de los siglos.

El soma posee cualidades que posibilitan la experiencia mística o extática. En uno de los himnos védicos se afirma que “hemos bebido el soma, ya somos inmortales. Hemos conseguido la luz y encontrado a los dioses. ¿Qué podrá hacernos ahora la impiedad o la malicia mortal? El soma permite una experiencia de ensanchamiento o dilatación de a conciencia.: “He dominado el cielo por mi estatura, he dominado la ancha tierra… he rozado el cielo con una de mis alas y con la otra la tierra… soy grande, me he lanzado hasta las nubes, ¿acaso no he bebido el soma?..” y es que el soma proporcionaba un segundo nacimiento, el iniciado, el dos veces nacido.

La identidad botánica del soma védico inicial nos es hoy desconocida. Para el ya citado Gordon Wasson el soma védico sería la Amanita muscaria, el conocido y vistoso hongo de extendida distribución geográfica que en muchos lugares se llama papamoscas u hongo de los gnomos. Pero no siempre ha sido así. Con anterioridad el mismo investigador consideraba que pudiera ser el hongo Psilocybe cubensis o alguno del género Claviceps. Para otros autores como Flattery o Schwartz se trataría, en cambio, del Peganum harmala, hipótesis que también asumía Wasson de no ser el soma algún tipo de hongo. Es la planta conocida en España como ruda siríaca, aún utilizada como enteogénico en lugares remotos como Ladakh. La ruda siria es una planta originaria de áreas desérticas. Es un arbusto con alcaloides enteogénicos que puede llegar a medir un metro de alto. Las flores son pequeñas, blancas, situadas en las axilas de las ramas. Las hojas están divididas en segmentos lineales, estrechos. El fruto es globoso y contiene muchas semillas color café. Pudiera ser un sustituto del soma védico primitivo.

Sobre la controversia de Wasson con los vedistas pueden verse los estudios de Jonathan Ott La historia de la planta del soma después de R. Gordon Wasson, capítulo del libro compilado por Fericgla, Plantas, Chamanismo y estado de conciencia o bien la monumental obra del investigador norteamericano Pharmacoteon, drogas enteogénicas, sus fuentes vegetales y su historia, con prólogo de Albert Hofmann.

Sin embargo, para estudiosos de la Mitología en el siglo XIX, que como es lógico desconocían las posteriores teorías de Wasson sobre los hongos enteogénicos y el soma, esta planta divina era una planta vascular, una fanerógama. Así, Gebhardt en el apéndice II dedicado a la India de su monumental obra de Mitología, Los Dioses de Grecia y Roma o Wilkins en su Mitología hindú sostienen que se trata de la Asclepias o asclepiada acida. “Las mujeres iban a cogerla a la luz de la luna. Los sacerdotes cortaban las partes jugosas del tallo, y después de de machacadas y prensadas filtraban el licor y lo dejaban fermentar obteniéndose así el soma, licor blaquizco y dulce como la miel. Transparente y de agradable olor, se inflama al ser derramado sobre el fuego y se volatiliza”.

Wilkins lo describe así: “La Asclepias ácida es un arbusto desprovisto de hojas. Tiene unas fragrantes florecillas blancas agrupadas alrededor de los extremos de las ramas. Roxbourg dice que proporciona un jugo lechoso más puro que el de cualquier otra planta que el conozca y que este jugo es dulce y algo ácido. Los brotes tiernos son cogidos a mano por los viajeros nativos. Crece en las colinas del Punjab, en el Paso Bolan, en los alrededores de Poona, etc…”

Wilkins explica que “En los versos descriptivos y en los cantos de alabanza a Soma, el jugo propiamente dicho y el dios que se supone que mora en él y se manifiesta por medio de él, no son en absoluto distintos.  Todos los dioses beben…se le atribuyen atributos divinos, se le invoca como a un Dios, se le solicitan bendiciones porque es quien las otorga… Llévame, ¡oh dios purificado! A ese mundo eterno e imperecedero en el que reinan eternas luz y gloria…”

 

En la búsqueda de la metafísica arrumbada sino perdida en Occidente cabe emplear otros somas. El yoga en sus diferentes modalidades.

Quizás sea una de las invariantes del pensamiento indio el pretender que la ignorancia o la ilusión sean la fuente de las formas cósmicas y del devenir universal.  El Cosmos como una ilusión. Para los Vedas la única realidad susceptible de ser pensada es el Ser, es decir, el Uno. Para los Upanishads la palabra sagrada OM identifica a las criaturas con el Uno. OM, sOMa. Algo semejante al planteamiento occidental de “Mi Padre y yo somos uno” o “El Reino de Dios está dentro de ti”. El Uno ha sido llamado con distintos nombres según las diferentes tradiciones religiosas o inciáticas: el Tao, el Único, Brahma, Dios, el Altísimo, el Único Dios, el GADU, el Cósmico, … Siempre la meta del buscador espiritual es hacerse uno con ese Uno.

Los famosos mandalas del budismo lamaísta presentan círculos concéntricos, en el  central suele haber un dios, solo o con su pareja divina. Rodeado de otras deidades en posición circular que forman su séquito o acompañamiento. La zona interior más sagrada se suele hallar inscrita en un cuadrado.  Es la estructura del templo tanto exterior como interior.  El meditador ha de identificarse con la figura divina central. Su identidad es la iniciación. Desde ese centro, desde ese uno, se contempla el mandala externo, la virtualidad de lo que lo rodea.

En Occidente el maestro Ekhart lo explicaba así: “Cuando el alma quiere experimentar algo lanza una imagen frente a sí, y después entra en ella”

Ya hemos comentado antes, citando a Eliade, que toda civilización viva es una manifestación espiritual, pues del Espíritu se nutren sus Instituciones. Quizás tenga razón Rene Guenon con lo de la pérdida del sentido metafísico en Occidente, porque, como dice el Svetasvatara Upanishad: ¿De qué sirve el Rig Veda a quien no conoce el espíritu del que proviene el Rig Veda?

OM, sOMa.

 

 

 

 

 

 

El texto se acompaña con imágenes de

Claviceps purpurea

Un mundo feliz

Hongos psilocybe cubensis

Claves clasificación de la Familia Asclepiadáceas, según Lázaro e Ibiza y Bonnier

El Bosco, San Antonio

Amanita muscaria

Dioses seta mesoamericanos

Texto de Los Vedas

Peganum harmala o ruda siriaca

Asclepias acida

Mandala

Sagrada OM

 

 

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