Alfonso De la Vega

La Garita de Herbeira

Artículos, solfas y epistolarios

Ética y Estética en el desastre español

En 1876 Eugenio Sellés daba a la imprenta su famoso libro La Política de Capa y Espada. Es un libro muy realista no exento de humor en el que se pasa revista a muchos momentos y anécdotas de nuestra historia. En realidad este libro nos da pistas sobre lo que pasaba entonces, sobre lo que pasa ahora y sobre lo que seguirá pasando si, gracias a la providencia divina que no a la inteligencia, patriotismo y honradez de sus dirigentes, España sigue existiendo como nación.  Sellés viene a decir, recordemos que durante la anterior Restauración borbónica, que siempre ha sido igual, o más de lo mismo. Así, por ejemplo, sobre las ahora llamadas clases extractivas, explicaba que “convertidos en hereditarios los privilegios, honores señoríos y rentas que antes fueron personales, quedaron de parte de brazo noble todos los derechos, y de parte de brazo popular todas las cargas de la sociedad civil”.

En realidad, “político aquel pueblo que empezó por aliado de los reyes contra los grandes, y acabó por siervo de los grandes y de los reyes”.

“Tememos menos a las cosas que a los nombres y guardamos más la apariencia que la justicia”. Una frase que bien pudiera escribirse ahora con los últimos escándalos de la audaz prevaricadora vicetodo promotora de un Estado de Derecho de quita y pon según le venga bien a su jefe, un galleguista acomodaticio y sobrecogedor. Toda una estadista de talla, hay que reconocerlo, cuando se sube a una banqueta. Sellés prosigue con la hipocresía y el siniestro papel en la corrupción del entendimiento de generaciones y generaciones por instituciones como la Iglesia Católica, verdadero pilar del Régimen junto a la Dinastía borbónica. La tópica alianza histórica entre el Trono y el Altar.

“Nuestro dogma es el dogma verdadero: proclamamos lo bueno y lo justo, erigimos altares iluminados por todas las virtudes, y sobre los altares el ídolo sagrado; nos prosternamos y a él se levantan reverentes nuestros ojos y fervorosas nuestras oraciones: nuestras conciencias, no; porque luego, penetrados los misterios del culto, ¡cuántos son los adoradores y cuán pocos los creyentes!

Allí lo bueno es lo útil, lo ilícito lo conveniente, la simonía lo usual, la justicia se mide por el provecho, las virtudes se ferian, la dignidad se vende, trafícase con la fe, invéntanse nuevos motes para viejos vicios y a la apostasía se llama abnegación, habilidad a la doblez, a la creencia sustituye el interés del medro, a guerra al culto, el egoísmo al Dios, hasta que al cabo el ídolo rueda empujado por sacerdotes, y de su altar se hace mesa para torpes saturnales donde se sacian todas las concupiscencias del espíritu y todos los apetitos de la materia”.

La descripción encaja con las últimas felonías impunes de la Iglesia catalana amparadas por el Vaticano, su intrigante embajador y el resto de obispos españoles más o menos trabucaires o pancistas del a ver qué pillo del concordato.

Aunque nada tan nuevo si se mira bien nuestra Historia. Carlistas sanguinarios. Curas y obispos trabucaires. Por ceñirnos a los tiempos de Sellés y su obra citada, la falsaria monja de las llagas, el eximio P. Claret, los lucrados sementales de la reina, los banqueros y especuladores corruptos, los reales cornudos consentidores, los gobiernos estultos e inanes, siniestra fauna propia de la carcundia clerical de otro anterior desastre borbónico, tampoco eran mancos, ni desmerecían a los actuales. Pero antes la cosa, la fechoría o desmán, puede que se publicara menos. La gente parecía estar más en la inopia. Quedaba algún rescoldo de decoro incluso en la esperpéntica corte de la reina ninfómana.

Algún amable lector argüirá, no sin razón, que esa tradicional alianza contra natura se ha transformado durante el reinado del Campechano en otra más laica del Trono con la casta mohatrera PSOE y los nuevos grandes del Ibex 35. Sí, pero la casta sacerdotal sigue conspirando como se acaba de demostrar ahora en la Cataluña golpista y antes con la ETA y el PNV.

Hace ya casi un siglo, Corpus Barga preguntaba en la Revista de Occidente, “¿Cuál es la Venus de usted? ¿Cuál es para usted el patrón de la belleza?” Y es que según afirmaba, “preguntarle a usted  por su patrón de belleza es una pregunta de primera necesidad”.

Sobre todo porque “Toda belleza, más o menos desnaturalizada, de cualquier edad, de cualquier civilización, está ya como la griega, en los escaparates”.

Ahora, cabe hacernos la misma pregunta de primera necesidad dirigida a la Ética, a la Moral, no sólo a la Estética. Cuando todo vale, por muy desnaturalizado que esté, es que nada vale nada.

Lewis Munford sostenía en los turbulentos años treinta que la máquina había cambiado muchas cosas, entre ellas nuestra propia forma de verlas.  El cambio no era sólo la introducción de la máquina sino de un alma a ella asociada. Una técnica decimonónica, la fotografía, también contribuye como en una especie de reacción a cierto desenvolvimiento del arte pictórico. Impresionistas, cubistas, futuristas, surrealistas, suprarrealistas, buscan nuevas formas de expresión descodificando las anteriores. Nuevos códigos intentan suplir a los precedentes. La moda surge y se desarrolla como consecuencia de la carencia de patrón o arquetipo de la Belleza. Es una hipótesis. Otra que la corrupción del Arte es otra forma programada de devastación del alma y no cuestión solo de una máquina más o menos.

Pero hoy si hiciésemos la pregunta de Corpus Barga probablemente más de uno no sabría de qué se le está hablando. ¿Estética dice Usted? ¿Ética? En España aún existe mucha gente decente, honrada, competente que es sobre la que pesa el actual tinglado político económico social y que hoy se encuentra desamparada y a la defensiva. Sin embargo muchos de los personajillos de moda y con mayor predicamento en la España actual parecen escapados de la abigarrada zoología almodovariana: Quinquis, macarras, furcias, horteras, políticos dinásticos, rufianes, golpistas catalanes, banqueros desfalcadores, periodistas mohatreros, sorayos, cortesanos, duques empalmados, chulos, invertidos, tribadas, viejas Trotayuntamientos, pijas asaltacapillas, ropillas domesticados de mirada e instrucción sesgada, santiguadores de bolsillos, sobrecogedores, trileros de las ramblas, cursillistas con y sin ERE, sindicalistas verticales, pujolones, golpistas y monopolistas subvencionados, podemitas sorosianos de ambas facciones: con y sin desodorante… no disimulan sino que hacen ostentación de su degenerada condición e imponen modelos de conducta.

En un libro verdaderamente luminoso, lúcido, humorístico, quevediano, ejemplar, La Rebelión de las chusmas, el profesor Hurtado Valero explica con pelos y señales los valores y atributos de la actual chusmocracia patria. Obsérvese, gran signo de los tiempos, que las masas orteguianas se han transformado en chusmas. La genealogía de la chusma, sus dispositivos, su hegemonía, son desmenuzados en un extraordinariamente meritorio ensayo. Una chusma ajena a las preocupaciones de Corpus Barga que también son las básicas de la propia civilización occidental.

Pero ¿tiene que ser forzosamente así? Existe una corrupción estética, amén de la Política. Es verdad que llevamos tres siglos padeciendo las fechorías y devastaciones de una pertinaz Dinastía a la que de ningún vicio ha resultado históricamente ser ajena.  En todo caso, ¿Por qué lo toleramos, lo hemos tolerado y lo seguimos tolerando?

Dicho de otro modo, parafraseando a Corpus Barga, ¿Cuál es nuestra Minerva?

Después de la Estética, la primera corrupción consiste en pudrir el entendimiento. Cuando se asocia la moral a un código religioso cerrado y este falla o se desacredita por el acceso generalizado a una mayor información sobre el origen de ese código o sus consecuencias históricas, suele producirse una anomia personal y social que termina fomentando la corrupción. Se pudre el entendimiento cuando se asocia moral a religión, o las legislaciones positivas, y no a la propia naturaleza humana y sus exigencias. Quizás sea esta una posible explicación de porqué la corrupción impune resulta más abundante en los países de tradición católica. Creo que eso mismo también es lo que nos quiere decir Sellés.

 

La vuelta a la Moral ilustrada como forma de combatir la impostura ética y estética de la posverdad.

El barón Holbach fue un enciclopedista ilustrado, encargado de los artículos sobre Química en la Enciclopedia, que estudió a fondo problemas filosóficos, epistemológicos o sociales como es el de la Moral. De forma revolucionaria para la época, sus obras fueron prohibidas, trató de fundar la Moral en la naturaleza del hombre, no en las exigencias de códigos religiosos ajenos a la Razón. La Moral ilustrada resulta así de carácter universal, propia de los hombres, simplemente en tanto en cuanto hombres, no como miembros de una nación, etnia o confesión religiosa determinados. Y, al cabo, busca la felicidad, no la represión basada en imposiciones o criterios sobrenaturales o de revelación. Se trata, pues, de una moral de carácter verdaderamente laico.

En su libro La Moral universal, Holbach expone de modo muy brillante sus logros. Un libro que pese a tener más de dos siglos podría utilizarse como un perfecto manual didáctico para una genuina educación para la ciudadanía, libre de sectarismo u oportunismo político.  Publicado por primera vez en Ámsterdam en 1776, sería considerado un libro subversivo y peligroso para la oligarquía absolutista de la época. Su primera versión española se debe a Manuel Díaz Moreno y se publicó ya en 1812, varios años después de la muerte de su autor, pero coincidiendo, creo que no por casualidad, con la constitución que fijaba y promovía la nación como sujeto político. Un autor que no es nombrado en la portada ni en el frontis, y un traductor que sólo se atreve a poner sus iniciales lo que nos da idea de cómo estaba entonces el asunto, con la Santa Inquisición aún vigente gracias a los desvelos del rey felón. El felón por antonomasia, que de un modo u otro lo son todos. En esa primera edición aparece un bello pero solitario grabadito que recoge una idea atribuida a Séneca: “Amad, para ser amados“.

Holbach insiste en varias partes de la obra en la Moral como búsqueda y condición para la felicidad.  Así, por ejemplo: “La Moral es el arte de hacer al hombre feliz por medio del conocimiento y práctica de sus deberes. O bien: La Moral es la ciencia de la felicidad para todos los hombres”.

El texto está lleno de perlas, algunas de carácter político y plena actualidad:

“La Moral para tener una base invariable debe establecerse sobre un principio común…el amor de sí mismo, la intención de estar bien en cualquier momento…

Todo gobierno justo ejerce una autoridad legítima a la que el ciudadano virtuoso está obligado a obedecer, pero el gobierno injusto ejerce un poder usurpado. Bajo el despotismo y la tiranía no hay autoridad no hay más que usurpación y latrocinio público.

La sociedad se ve forzada a sufrir el yugo que le imponen el crimen y la violencia…

La autoridad legítima es decir, la que reconocida legalmente por la sociedad contribuye al bien de ella.

El buen ciudadano es el que no puede tolerar en su patria un poder que pretende hacerse superior a sus leyes.

El buen ciudadano es el que dentro de su esfera contribuye de buena fe al interés general, porque reconoce que su interés personal no puede separase de aquel sin peligro ni daño de sí propio.

El ciudadano debe obedecer a las leyes que tengan por objeto la conservación, la seguridad, el bienestar, la unión y el reposo de la sociedad. 

El que obedece ciegamente los caprichos de un déspota no es un ciudadano, es un esclavo. No hay ciudadano bajo el despotismo ni ciudad para los esclavos.

La verdadera ciudad, la verdadera patria, la verdadera sociedad es aquella donde cada uno goza de sus derechos sostenidos por la ley. Donde el hombre es más poderoso que la ley, la justicia se ve obligada a callar y la sociedad no tarda en disolverse.

El cortesano que decía que él no llegaba a comprender como era posible resistir la voluntad de su señor hablaba como un esclavo criado con las máximas del despotismo oriental, según la cual el sultán es un dios, a cuyos caprichos es un delito oponerse, aún cando sean contrarios a la razón.

La tiranía es el gobierno de la injusticia sostenido por la fuerza”.

Toda una serie de cuestiones que también forman parte de la mejor tradición clásica.

Así la visión del emperador estoico Marco Aurelio: “No son ni la elocuencia, ni las riquezas, ni los placeres, ni la gloria lo que hacen feliz al hombre, sino sus acciones. Para que estas sean buenas, es menester conocer el bien y el mal…ser feliz es formarse uno a sí mismo una suerte agradable, la cual consiste en las buenas disposiciones del alma, en la práctica del bien, en el amor de la virtud…” “No puedo apreciar una felicidad que sólo se ha hecho para mí”.

O la de Cicerón: “Nadie debe obedecer a los que no tienen el derecho de mandar”.

 

Pero, ¿qué hacer? Con planteamientos más modestos que los citados de Holbach, Marco Aurelio o Cicerón me pregunto cómo completar tal visión. La intención de estar bien en cualquier momento de nuestra vida nos lleva a una serie de recomendaciones personales para hacer el trago más llevadero. Así, propongo entre otras:

Formarse e informarse. Leer sobre filosofías y religiones de todos los tiempos para informarse (Templar la mente con diferentes ideas).

Adoptar una sola doctrina elegida entre las demás, pero sin despreciar las otras.

Aprender a comprender, admirar y conmoverse con el Arte.

Ver poco la televisión, sobre todo los telecuentos de noticias y menos aún leer la tóxica prensa mohatrera de papel. Una prensa que ha renunciado a su labor de informar y formar a la opinión pública.

Comprender, esto es muy importante, que formamos parte de un juego internacional. Que somos títeres y víctimas de acontecimientos que se generan en centros de Poder fuera de nuestras fronteras. Que muchas de las cosas que nos suceden tienen su explicación en intereses, políticas y decisiones ajenas a los españoles. Es fundamental tener una idea de geoestrategia para comprender lo que pasa no ya en el mundo sino en la misma España. Sin esta visión no parece posible poder entender las corrientes políticas profundas que mueven a nuestros aparentemente absurdos próceres.

Cuidar la dieta. La agricultura industrializada nos está envenenando. Este es otro de los grandes escándalos silenciados por el Poder.

No participar en campañas gubernamentales. Ahora parece que nos van a meter una constitución canallesca made in Soros. Hay que denunciarla.

Tratar de evitar ser cómplices del mantenimiento del tinglado. No votar y buscar las soluciones legales que permitan pagar menos impuestos.

Mantenerse en la vida en una posición modesta, ni opulenta ni mísera, (aura mediocritas horaciana). No llamar demasiado la atención, renunciar a famas y glorias mundanas.

Tratar de ser indiferente hacía todo y frente a todo. Los políticos y oligarcas dinásticos no merecen más que nuestro desprecio, en especial la lamentable Dinastía borbónica, pero hay que procurar no envenenarse mentalmente con las bajas tasas vibratorias en las que medran.

Tratar de contemplar sin emocionarse en la medida de lo posible y con espíritu emancipado las diferentes luchas humanas.

Comprensión del vacío (lo que no deja de ser practicar lo anagógico, elevación de lo material a lo espiritual).

Y acaso la más importante, intentar mantener una tasa vibratoria elevada, mediante la meditación, el aprecio por el Arte, la recta conducta y los pensamientos positivos.

Estos planteamientos estoicos, propios de la Moral universal pero adaptados a nuestra circunstancia histórica presente, pueden contribuir a ayudarnos a ir sobrellevando nuestra peripecia y circunstancia. Eso si Soros, nuestros políticos prostituidos en los diferentes niveles de dominación y la globalización instrumento del sionismo internacional no nos lo impiden.

 

 

 

 

 

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