Alfonso De la Vega

La Garita de Herbeira

Artículos, solfas y epistolarios

Y el Rey al final habló

Si el lunes criticaba el extraño silencio real, hoy hay que glosar que lo haya roto mediante un discurso institucional en defensa de la constitución y afirmando su compromiso con la unidad y permanencia de España.

Como debe ser. Sólo faltaría lo contrario. Aunque en la España actual cualquier cosa puede pasar y son instituciones de la Monarquía quienes están atacando a la Nación.

Sin embargo, hay un problema lógico, político y jurídico. Y es que es precisamente la actual constitución con su demencial Título VIII y su sistema autonómico la que provoca el menoscabo y al final la amenaza de destrucción de la unidad y permanencia de España.  Cosa que se está constatando ahora dramáticamente en una Cataluña a la que la Monarquía viene consintiendo toda clase de vulneración de derechos civiles, vejaciones, despilfarros y desfalcos.

Por tanto si se quiere preservar, como es deseable y exigible, dicha unidad y permanencia tal cosa se ha demostrado incompatible con el autogobierno.

Su llamada a asegurar el orden constitucional lo es también de atención a otras dos instituciones monárquicas que además de la Generalidad catalana están incumpliendo escandalosamente sus deberes: Su propio Gobierno y el Tribunal Constitucional. Estulticia, cobardía, cálculo egoísta, falta de patriotismo, corrupción, felonía, complicidad bajo cuerda … el amable lector podrá sacar sus propias conclusiones acerca de los motivos de tan lamentables, escandalosas, conductas de esas instituciones que deberían combatir la sedición.

Llama la atención también que el rey no se haya solidarizado expresamente con las Fuerzas de Seguridad a las que la incompetencia y / o felonía de su Gobierno ha dejado casi a merced de las hordas catalanistas, que junto con los traidores que las azuzan desde las instituciones monárquicas catalanas delinquen con total impunidad.  Fuerzas de Seguridad cuyo nivel de indignación con el Gobierno es fácilmente comprensible.

Sin embargo, hay que aplaudir que al final una Autoridad constitucional, la máxima, se atreva a defender a la Nación. Enhorabuena.

 

 

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