Alfonso De la Vega

La Garita de Herbeira

Artículos, solfas y epistolarios

Santa María de Cambre y el Temple

Invito al amigo lector a un breve paseo por el espacio y el tiempo en una especie de ribera sacra norteña, un lugar de la antes conocida como Mariñas dos Frades, nombre que lo más seguro es que se refiera más que a los frailes de los monasterios cluniacenses a la propia presencia del Temple, cuyos caballeros se habían establecido en la Puebla del Burgo, muy cercana de La Coruña. Y también de Cambre, la antigua Calambre. Y, en especial, por su actual iglesia parroquial de Santa María de Cambre, hermosa construcción románica del siglo XII acabada en el XIII que es lo que nos queda del antiguo monasterio benedictino fundado hace más de mil años y que ha sufrido muchas transformaciones y a veces penosas vicisitudes a lo largo del tiempo. Entre las que cabe destacar, la devastación del pirata Drake con ocasión del sitio de La Coruña o luego por las fuerzas napoleónicas del mariscal Soult. Sin olvidar las consecuencias, tan indeseables para el patrimonio artístico español, de la desamortización de Mendizabal.

Parcialmente reconstruida en el siglo XIX tras la campaña napoleónica que tantos estragos produjo, la preciosa iglesia románica hoy rehabilitada luce su majestuosa belleza junto a la plaza principal del pueblo y puede ser admirada desde todas las direcciones excepto por una, donde la casa rectoral, una edificación adosada de escaso valor estético construida en solar antes ocupado por el antiguo monasterio destruido, la afea y dificulta su perspectiva.

Su planta basilical, de cruz latina y distribución del espacio arquitectónico con el claustro ubicado en posición meridional se asemeja en pequeña escala a la catedral compostelana. Desde el Oriente sorprende su girola con cinco ábsides, rara solución arquitectónica en el románico gallego. Es muy notable, tanto por su rareza como por la elegancia con la que ha sido resuelta, dicha girola o deambulatorio que consta de cinco ábsides dotados de arcos apuntados. Su existencia puede tener que ver con las procesiones rituales de los monjes que en otros monasterios se realizaban en el claustro, más que con las numerosas visitas de peregrinos y fieles como en el caso de Compostela dado que no era un centro de peregrinación. La girola es de tramos trapezoidales de dimensiones alternadas. Da acceso a cinco capillas de planta ultra semicircular. Cada una con cinco ventanas y crucerías de fuertes nervios. Al parecer en una de ellas se ubicaba antiguamente la famosa hidria, de la que luego hablaremos. Las naves con cubierta de madera se apoyan en seis pilares de planta cuadrada con columnas adosadas y cuatro más fuertes en el crucero. Los de la girola son columnas monocilíndricas.

El exterior acusa su estructura interior por dos grandes contrafuertes que en la fachada principal  marcan la triple nave, contrafuertes correspondientes a los arcos en las laterales.  La puerta de Poniente o del Perdón aunque muy bella resulta más convencional, en la línea de las llamadas de peregrinación.  En las basas cabe encontrar monstruos semejantes a los existentes en las del Pórtico de la Gloria compostelano que admiten una interpretación tántrica. (Vosotros Nº 4). El Pórtico presente restos de arranques como de un cuerpo avanzado, acaso semejante al hoy demolido de la colegiata coruñesa de Santa María. En el tímpano figura el cordero místico, el agnus dei representativo del fuego, que aparece casi siempre en los templos románicos en una u otra posición. Sobre él una rosa formada con losas caladas en círculos. Pero también otras representaciones muy sugestivas como luego veremos.

El interior, mayor del que cabría presumir desde el exterior del templo, ofrece una elegante majestad que recuerda la que cabe admirar en la palentina de san Martín de Frómista. Esbeltos pilares coronados con bellos capiteles románicos de distintas decoraciones incluidos algunos de los bestiarios románicos clásicos, entre los habituales lotiformes. Cabe destacar algunos zoomórficos situados en sendas columnas de la nave central y el lateral norte. Animales mordiéndose entrelazados junto a aves o seres humanos con expresión de espanto.  O bien un rostro humano entre las garras y las fauces de una fiera, rodeado de hojas de acanto.

El templo ha sido estudiado por muchos autores. Entre ellos cabe citar por ejemplo a Sa Bravo, Ángel del Castillo, Chueca Goitia, Vila da Vila, o Lámperez.

Vicente Lampérez, catedrático de la Escuela de Arquitectura de Madrid fue autor de uno de los mejores inventarios de nuestra arquitectura sagrada medieval española y alzó un plano de su planta. Por esa época asesoraba en la remodelación y ampliación del vecino pazo de Meirás, ya que su esposa, Blanca de los Ríos, era muy amiga de su propietaria heredera, la condesa de Pardo Bazán.

Santa María de Cambre es un templo que nos depara otras sorpresas de gran interés. La más original o insólita quizás sea su hidria, considerada por la tradición local una rara reliquia traída desde nada menos que de Jerusalén por los vecinos caballeros templarios cuando se vieron obligados a abandonar Palestina. Fue depositada en Santa María del Temple y trasladada luego a Cambre con ocasión de la disolución oficial de la Orden.

En 1519 habría sido mencionada en cierto pleito. A finales del siglo XVII fue solicitada por el abad de San Martín Pinario, del que a la sazón pertenecía el prior de Cambre, pero los vecinos se negaron al traslado y consiguieron evitarlo.

Sa Bravo cita un texto obtenido de las Memorias del Arzobispado de Santiago escrito por el cardenal Jerónimo del Hoyo que recoge las impresiones de una visita en 1607: la iglesia es muy grande y muy capaz y la casa está muy reparada. Hay en la capilla mayor al lado del Evangelio una de las hidrías en que Cristo Nuestro Señor convirtió el agua en vino en el milagro de las bodas”.

La hidria supuestamente evangélica es un bello y singular recipiente de piedra en forma de monumental copa o pila bautismal que al parecer estaba situado en el ábside sudoriental y hoy puede admirarse en la parte nor-occidental del templo, junto a la entrada.  Muestra multitud de ralladuras al parecer provocadas por devotos que querían conservar o utilizar su polvillo para aprovechar sus supuestas propiedades terapéuticas en virtud de su supuesto protagonismo evangélico. En efecto, según la piadosa tradición citada la hidria habría sido usada por el Salvador durante las bodas de Caná para convertir el agua en vino.

La de Cambre no sería la única hidria conocida. Parece ser que habría tantas hidrias evangélicas “auténticas” por el ancho mundo como fragmentos del lignum crucis. El de la hidria de Cambre tampoco es el único caso de tradiciones templarias relacionadas con hidrias o con ciertos recipientes más o menos mágicos capaces de transformar agua en vino y viceversa, vino en agua. Así, respectivamente, la leyenda de la copa de Nuestra Señora del Temple en Maderuelo o la de Caravaca de la Cruz, ambas relacionadas también con los templarios. Que la supuesta reliquia proceda de los controvertidos monjes caballeros acaso pudiera tener que ver con cierta antigua tradición heterodoxa según la cual la famosa boda descrita en los Evangelios pudiera en verdad haber sido la del propio Jesús con María, la hermana de Lázaro o la Magdalena, lo que explicaría su iniciativa durante el banquete, asaz atrevida si sólo asistiera como un invitado y no fuera uno de los contrayentes o responsables de la organización del mismo.

Como el lector recordará dentro del ciclo del grial existen relaciones de asociación entre el caldero mágico, la hidria, que como el propio grial representaría simbólicamente el “mundo de la cosa en sí”, la caída del rey pescador y la Orden del Temple.

En su tesis de licenciatura sobre la arquitectura y escultura de la iglesia de Cambre Margarita Vila da Vila realiza un detallado estudio estético de nuestra hidria. La autora considera que la hidria no es un elemento relacionado con nuestra propia tradición. Concluye que probablemente sea hierosolimitana pero de una época muy posterior a la evangélica.

Pero prosigamos con nuestra visita al templo para comentar más cuestiones raras o heterodoxas que no suelen encontrarse en otros textos que parecen olvidar que un templo es una especie de artefacto espiritual capaz de elevar nuestro plano vibratorio y de conciencia.

Una importante curiosidad iconográfica es la pareja de figuras demoníacas existentes en las mochetas de la puerta meridional, hoy reconstruida, que en su momento sería de comunicación del templo con el antiguo claustro.  Parecen devorar o quizás aplastar a sus víctimas, en todo caso ambas poseen carácter intimidatorio. Y es más notable y elaborada la situada en la jamba occidental que en la oriental. Se asemejan a ciertas miniaturas medievales como la initium o capital inicial de la letra T del folio 163 del libro IV del Códice Calixtino, conocido luego como Historia Turpini. También recuerdan más vagamente la iconografía moderna habitual que suele ilustrar La Metamorfosis de Kafka.

Su simbolismo probablemente se encuentre relacionado con el llamado guardián del umbral. Un asunto que merece un comentario aparte.

En efecto, dentro de la Tradición esotérica universal, en su proceso evolutivo hacia la iluminación o desenvolvimiento espiritual, el buscador entra en una región llamada Amenti por los egipcios, Hades por los griegos, Kamaloca por los hindúes védicos, Purgatorio por los cristianos o plano astral por los esoteristas occidentales.  Una región donde se ven las formas siniestras de los elementales que parecen disuadir al buscador de proseguir su viaje espiritual. En todo caso, el umbral sería el punto de paso o transición entre el espacio profano y el sagrado. Un punto que da lugar a ciertas complicaciones aparentes o reales para ser traspasado hacia la plenitud espiritual que simboliza el espacio sagrado del interior del templo y en el que determinadas almas no evolucionadas pueden ser retenidas. Probablemente es a este mismo fenómeno al que se refiere también el llamado Libro tibetano de los Muertos o Bardo Thodol, en el que se ofrecen una serie de instrucciones al alma del moribundo para no ser atrapada en ese círculo de espanto y proseguir su desenvolvimiento espiritual, en este caso, post mortem.

La entrada al templo simboliza el acceso a un espacio y tiempo sagrados diferentes de los profanos. A cada plano vibratorio, a cada mundo, corresponde un diferente estado de conciencia y se accede desde diferentes vías. Tal acceso del yo a los planos de lo sagrado se opera en un punto, de modo que tal paso del umbral puede ser consciente o inconsciente. Para vivir en esos planos superiores es preciso disponer de los cuerpos o vehículos adecuados a tales vibraciones respectivas. Existen varias formas. Una de ellas es la invocación a determinadas deidades de protección. En este caso el buscador se intentaría colocar bajo la protección de entidades tales como los antiguos genios protectores, los santos y ángeles del Cristianismo o los bodisattwas del Budismo mahayánico. Una de estas variantes las constituirían los guardianes del umbral que operan en el plano astral inferior, un círculo de sufrimiento, pasiones y espanto. En la iconografía budista se asocian a los guerreros de aspecto terrorífico que protegen a los budas o deidades situadas en lo sagrado. Aquí en Cambre las formas son repugnantes pero su superación, dominando el miedo infundido que simbolizan, abre paso al templo desde el Sur. Sea como fuera, constituyen un aviso de la comprensión de la muerte como un paso a otra forma de existencia en un mundo dimensional diferente.

En la parte superior de la arquivolta de la fachada de Poniente se encuentra un personaje barbudo tocado con un raro gorro, situado entre dos leones y con un libro abierto. Esta representación es relativamente frecuente en capiteles y canecillos románicos. Pero ya no lo es tanto que aparezca con las piernas cruzadas, haciendo bocina con ambas manos, con un libro abierto y con la cabeza cubierta por una especie de gorro frigio o quizás bonete judío. Podría tratarse de Daniel, como en el caso de El Pórtico de la Gloria compostelano que también aparece con la pierna derecha en escorzo y los píes cruzados según una conocida posición iniciática. Sin olvidar que en el propio parteluz la figura sedente del maestro Santiago tiene un báculo que se asemeja a un mallete y también se encuentra entre sendos leones amansados. Sin embargo, tanto Daniel como Santiago presentan filacterias en lugar de libros. También recuerda el de cierto capitel situado junto a la jamba septentrional de la Puerta de Poniente de la más cercana iglesia de Santiago situada en la ciudad vieja de La Coruña.

Dentro de los dos principales significados de un símbolo tan polisémico como es el del león en la escultura románica: Activo como devorador o guerrero y pasivo como fiera dominada, los leones gallegos son amansados por el personaje cuya maestría sobre su propio yo se quiere resaltar. Pero no hay que olvidar que determinadas representaciones medievales son de carácter polisémico y a veces trasmiten mensajes ocultos dentro de otros más conocidos u ortodoxos. Así, la de Cambre probablemente tiene un significado heterodoxo: podría representar la figura de un mago, un alquimista espiritual dominando la naturaleza con el mutus liber en las manos y sus propias pasiones, ambos leones, domeñadas por el conocimiento y la voluntad.  En todo caso, el artista constructor le da una importancia relevante al situarlo donde lo hace.

¿Tiene alguna relación simbólica con las dos figuras demoníacas de los machetes de la otra puerta, o con la del rostro entre las fauces del capitel citado? Es posible. En la ya citada cercana iglesia de Santiago en La Coruña existe una figura semejante en idéntica posición, ubicada bajo una cruz templaria. Pero en este segundo ejemplo el personaje parece realizar un signo de horror semejante al que podemos contemplar en algunos cuadros de El Giotto o de los caballeros de El Entierro del Señor de Orgaz. ¿Qué sentido puede tener? La ubicación en la puerta de Poniente, la del ocaso del Logos representado por el sol, también conocida como del Perdón, podría indicarnos una advertencia sobre la muerte, al menos la espiritual.

También un capitel del interior de la iglesia visigótica del siglo VII de San Pedro de la Nave en Zamora muestra otra figura parecida de Daniel con los brazos abiertos entre dos leones. Y en la iglesia románica de Villanueva de la Torre (Palencia) o en la más próxima de Nuestra Señora de Lugás en Villaviciosa (Asturias). En el caso ya comentado de la iglesia de la capital coruñesa existe un capitel con la imagen clásica de Daniel pero no con dos sino con cuatro leones situados a su izquierda. Un número de rara frecuencia en arte románico que existe también en otro capitel de la iglesia palentina de Resoba, si bien en actitud orante sin sombrero ni libro abierto.

Pero, ¿por qué habría de haber dos Danieles casi juntos en la iglesia coruñesa de Santiago?

Otro sugestivo capitel de la Portada del Perdón es el de san Miguel o la pesada del alma. Se trata de un motivo iconográfico románico muy tradicional cuya representación gallega más clara e interesante se halla en la portada del convento situado en la recoleta plaza de las Bárbaras también en la ciudad vieja coruñesa. Su origen como el de buena parte de la iconografía tradicional cristiana se encuentra en Egipto, en las antiguas representaciones de Osiris y del Libro egipcio de los Muertos.

Pero probablemente estas representaciones nos advertirían del límite de lo sagrado. De otro plano de vibración cósmica del que corresponde a los profanos que están presos siempre en un plano de realidad ilusoria o virtual. Lo que se ha venido en llamar modernamente “la Matrix”. Un aviso de la entrada a otro plano de conocimiento y del logro alquímico, de la consecución de la Gran Obra.

Para Jung (Psicología y Alquimia) la alquimia tiene un componente de desarrollo espiritual, de proceso de individuación, de superación del Inconsciente, y la misión más importante de la Cultura (Psicología y Religión) consistiría en, de modo parecido a la mayéutica socrática, hacer patente en el consciente humano el arquetipo de Dios o de lo sagrado, de esa parte numinosa del ser que yace en nuestro inconsciente individual y colectivo. Jung entiende también que no habrá ocurrido nada esencial mientras que lo religioso continúe siendo una creencia en una forma exterior o código teológico de carácter externo. Es decir, mientras no se convierta en una experiencia del alma. Más allá de cualquier confesión religiosa determinada, el mysterium mágnum no existe solo en sí mismo sino que se funda en el alma humana.

Santa María de Cambre es una pequeña joya del patrimonio arquitectónico español.  Además del goce estético, el viajero puede tener aquí otra ocasión para reflexionar sobre la condición humana y disfrutar de las posibilidades que ofrece este templo gallego, todo un artefacto mágico y simbólico de desarrollo espiritual.

 

 

 

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