Alfonso De la Vega

La Garita de Herbeira

Artículos, solfas y epistolarios

Onomástica

La vida del santo de mi nombre, el fundador de los Redentoristas San Alfonso María de Ligorio, cuya festividad se celebra hoy el día uno de agosto, nos muestra aspectos de gran interés a los estudiosos de los fenómenos metapsíquicos.

Como es conocido, e influyó en su posterior canonización, el “milagro” más famoso de San Alfonso María de Ligorio fue un desdoblamiento astral de que le permitió asistir a la muerte del Papa Clemente XIV en Roma mientras permanecía en Nápoles.

¿Qué fenómeno es el que se trasmite con el “milagro” de San Alfonso María de Ligorio? Lo que se expresa es un fenómeno metapsíquico: la experiencia de la percepción del plano astral por personas en estado de hipersensibilidad que puede hacerse más general mediante una persona dotada de facultades mediúmnicas o especiales. Esta percepción astral se asocia a la muerte. Cosa que enunciada así, tan de sopetón, puede mover a incredulidad sino sonrisa suficiente del lector más racionalista, que no investigador ecuánime racional. Pero este tipo de fenómenos han sido estudiados por muchos científicos de talla internacional, que en un principio trataban de demostrar que se trataba de fraudes o supercherías, hasta darse cuenta que dicha hipótesis del fraude bien pudiera explicar algunos, o muchos, casos pero no todos. Así, por ejemplo, entre otros, Sir William Crookes, descubridor del elemento químico talio, el naturalista Russell Wallace, Geley, el reverendo Stainton Moses, el astrónomo Flammarion, el alienista Lombroso, Oliver Lodge o el Profesor Richet, catedrático y Premio Nobel de Medicina de 1913. Este notable y valiente profesor de Fisiología en la Sorbona dedicó gran parte de su vida a la investigación de estos fenómenos extraños que el bautizó con el nombre de metapsíquicos. Sin embargo, el término Metapsíquica que voy a seguir utilizando comenzó a ser sustituido desde el congreso de Utrech en 1953 por el más conocido hoy de Parapsicología, empleado en Alemania.  Se pretendía desligarlo etimológica y simbólicamente de la metafísica para mejor resaltar lo empírico o fenomenal.

El doctor Richet define la Metapsíquica como la ciencia que tiene por objeto los fenómenos mecánicos y psíquicos debidos a fuerzas que parecen inteligentes o a potencias desconocidas latentes en la inteligencia humana. También asegura que está establecido, es decir no es una simple hipótesis sino un hecho, que: “existen vibraciones o fuerzas en el Universo que conmueven nuestra sensibilidad y determinan ciertos conocimientos de la realidad que nuestros sentidos normales no han podido dar”. Carlos Richet descubrió, gracias a sus propias experiencias durante décadas como profesor e investigador, al menos cuatro importantes fenómenos: Criptestesia. Telequinesia. Ectoplasmia. Premonición.

Estas definiciones están recogidas de su Tratado de Metapsíquica de 1922, versión española de Editorial Araluce, prologada por el Doctor Ferrán, que constituye uno de los más importantes tratados científicos sobre este tema.

La Antigüedad ya tenía noticias de la existencia en el hombre de muchos principios y cuerpos diferentes. Tal era la creencia de los zoroastrinos, la de los egipcios y la de los griegos. También parece encontrarse en la iconología sumeria con sus conocidas e inquietantes figuras aladas. Y desde luego en la Iglesia Católica primitiva, sin olvidar el priscilianismo, aquí en Galicia.

Un moderno gran investigador de estos fenómenos, Sir Arthur Conan Doyle,  autor de la famosa saga del investigador Sherlock Holmes, médico, estudioso del mundo del esoterismo, achaca a la ignorante beatería hipócrita dominante ciertos ataques de un clero cristiano que sacrifica el Conocimiento al Poder ya que “es sorprendente que al leer los primitivos escritos de los Padres de la Iglesia, hallemos que éstos poseían ya completamente el conocimiento psíquico y de las ciencias psíquicas. Los cristianos primitivos vivían en íntimo y familiar contacto con los seres invisibles, y su fe absoluta y constante se fundaba en el conocimiento positivo y personal que adquirían con dicho contacto”.

Sin embargo, la Iglesia Católica cuenta infinidad de casos parecidos, además del de San Alfonso María de Ligorio. Así, por ejemplo, entre ellos:

San Agustín en La ciudad de Dios habla de un caso de desdoblamiento en forma animal el del padre de Prestantius. Este había comido un alimento envenenado y quedó como dormido varios días sin que fuera posible despertarle. Cuando despertó al cabo de varios días relató lo que creía haber soñado. Se había transformado en caballo y había estado llevando provisiones a unos soldados a Rhetia, dando detalles que se pudieron comprobar.  San Agustín trata de explicar el hecho: no creo que sean demonios. “Más bien creería que en este hombre el elemento de la imaginación que se transforma en fantasmas, tomaba el aspecto de las cosas exteriores, bajo la acción del pensamiento o de los sueños, y aunque incorpóreo revistiendo con prontitud maravillosa la imagen de los cuerpos, creería digo que este elemento, cuando los sentidos permanecen amodorrados o cerrados puede de manera que no se explica, presentarse a los sentidos de otro con forma corporal. Así mientras su cuerpo yace en cualquier parte, viviendo aún, pero con los sentidos encadenados más fuertemente que durante el sueño, el fantasma de su imaginación, incorporado, por decirlo así a los rasgos de cualquier animal, aparece ante los sentidos de otras personas, y el mismo se ve, como se ve en los sueños, llevando fardos bajo aquella forma…” (Lib, 18, c23)

El papa San Clemente celebraba misa en Roma cuando de pronto pareció que se durmió con profundo sueño, que duró tres horas. Cuando despertó dijo al pueblo que por orden de San Pedro había ido a Pisa a consagrar un templo. Todos los fieles le habían visto en Pisa durante el oficio que se había celebrado el mismo día y a la misma hora en que dormía en Roma.

En 1571, San Francisco Javier se hallaba en un navío que iba del Japón a China y que fue sorprendido por una tempestad terrible. Quince hombres que habían bajado a una chalupa fueron arrebatados y desaparecieron. Cuando el temporal amainó, la tripulación se preocupó por el bote, pero San Francisco Javier que estaba en oración les dijo que no se preocuparan, puesto que aparecerían pasados tres días. Efectivamente, así fue. Rescatados los desaparecidos, indicaron que no habían tenido miedo porque el santo había estado todo el tiempo con ellos, guiando la pequeña embarcación. La tripulación del navío también aseguraba que éste no había abandonado la nave en ningún momento.

Para explicar estos extraños fenómenos más allá del recurso al milagro se barajan por la Iglesia Católica dos hipótesis:

Los partidarios de la bicorporeidad real o desdoblamiento, que admiten que el alma se puede separar del cuerpo, alejarse de él y aparecer lejos, tomando la materia del medio ambiente para constituirse un cuerpo que es exactamente el doble del que permanece inanimado.

Los partidarios de la representación, la mayoría, que creen que el alma no abandona jamás el cuerpo sino en la muerte, y que es un ángel el que toma las apariencias del cuerpo para ejecutar por sí mismo los actos que se atribuyen a la fantasma. También puede darse el caso que el individuo se traslade en cuerpo y alma, y entonces es el ángel quien toma su lugar como durmiente.

El primer caso coincidiría con las ancestrales técnicas y prácticas chamánicas de desdoblamiento inducido, en este caso de los chamanes, de carácter voluntario. De modo semejante el místico extático sumido en el sueño del éxtasis permanece inerte con apariencia de muerte, mientras que en otra parte aparece vivo y ocupándose del cumplimiento de su misión. El alma tendría la facultad de separarse del cuerpo mientras el éxtasis durase. Tal vez los místicos alcanzan la visión de este otro plano dimensional cuando hablan de ser trasportados al tercer cielo (San Pablo) o a la séptima morada (Santa Teresa) por citar algunos famosos dentro del ámbito del Cristianismo auque el fenómeno de la Mística sea universal. La antes citada Santa Teresa de Ávila estuvo a punto de ser enterrada viva en cierta ocasión durante un éxtasis experimentado durante su juventud en el que parecía muerta. ¿Por qué no muere, si no está el alma? Porque no se habría separado totalmente del cuerpo permaneciendo unido a él de forma sutil. Para algunos autores cristianos hay que distinguir entre alma y espíritu. Se llama espíritu cuando tiene conciencia de su elevación y de las maravillas que Dios ha obrado en ella, cuando se purifica, se separa de la tierra para vivir hacia Dios. Se llama alma cuando se une a su cuerpo para animarle para conservar en él su vida vegetativa y animal.

La Tradición enseña características de la constitución del hombre que explicarían los fenómenos de bilocación o desdoblamiento astral. ¿Cómo está constituido el hombre? Evidentemente del cuerpo material o bioquímico. Pero ¿existen más cuerpos? Las religiones establecen que existe también un alma o espíritu.

Las escuelas y concepciones esotéricas sostienen la existencia de una especie de intermediario entre uno y otro que está en comunicación con ambos. Tal sería el Ferner de Zoroastro, el Zelén de Ruach de los cabalistas, el nefest de la Biblia, el arqueo de Paracelso, el periespíritu de los espiritistas, el cuerpo astral de teósofos y alquimistas…

Ahora bien, este elemento intermediario también puede dividirse a su vez según las diferentes escuelas esotéricas. Suelen dividir esta tipología ternaria a su vez en otras tres de las que sus límites contiguos se solaparían dando lugar a una constitución septenaria del hombre. La doctrina de la multiplicidad de cuerpos, vehículo cada uno de un alma ya era defendida por Prisciliano y en general por la Gnosis. Dentro de esta visión antropológica las almas irían descendiendo cada una en su plano hasta cada vez mayor grado de materialización.  Tras la muerte, el proceso sería contrario, si bien afectado por la metempsicosis. Por ello los priscilianistas negaban la resurrección de los cuerpos como defiende el Cristianismo oficial. Según Murguía el priscilianismo arraigó en Galicia gracias a la tradición panteísta celta, cosa que objeta Menéndez Pelayo en el sentido de que el segundo era materialista y el primero de orden idealista pues la materia era obra defectuosa de un demiurgo malo.

Ahorro al amigo lector la  farragosa enumeración de los distintos términos con los que cada escuela los designa porque nos importan más los fenómenos que sus teologías. Pero, a efectos descriptivos para la mejor comprensión del fenómeno, adoptó aquí la siguiente clasificación según el nivel de materialización y supervivencia de cada cuerpo que resulta vehículo de manifestación en su plano correspondiente del superior: Cuerpo físico. Doble etéreo. Cuerpo astral. Cuerpo mental. Cuerpo causal.  Cuerpos espirituales superiores o de alta vibración, inaccesibles a la investigación empírica. Según la terminología de los teósofos el espíritu sería el cuerpo mental y el alma el cuerpo astral. El cuerpo glorioso llamado así por San Pablo sería la combinación de cuerpo astral y cuerpo mental.

El doble etérico se disuelve pocos días después de la muerte del cuerpo físico. Por eso no se deberían incinerar los cadáveres hasta al menos pasados tres días desde el fallecimiento. El cuerpo astral, que posee forma humana, se mantiene en su plano durante mucho más tiempo. El cuerpo mental es una especie de aura especialmente brillante en la cabeza.  El Dr. Baraduc afirma haberlo fotografiado en forma de bola luminosa. El cuerpo causal no parece poseer forma definida ni se ha podido fotografiar. Sería la frontera de las manifestaciones perceptibles por el presente conocimiento humano.

Fuere como fuere, desde luego en la biografía de San Alfonso María de Ligorio hay cuestiones de gran interés para el que quiera estudiarlas libre de prejuicios.

 

 

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