Alfonso De la Vega

La Garita de Herbeira

Artículos, solfas y epistolarios

Otra petición a Santiago

Dentro del eterno retorno del calendario anual de festejos y efemérides hoy se celebra en Galicia, coincidiendo con la fiesta de Santiago Apóstol, el Día de la Patria galleguista.

Cuando el inmigrante exiliado Santiago llegó a estas procelosas costas tras un azaroso viaje en peligrosa patera de piedra conducida por ángeles navegantes, estaba muy lejos de pensar que existiese cosa tal como una Patria gallega. Ni acaso que fuese transformado luego junto a su pareja asociada San Millán en patrono de la Caballería cristiana en su lucha secular contra el Islam. En realidad, nada muy original, pues representa una oportuna actualización mitológica de otras leyendas similares como la de los Advines vedas, transmitidas por el mitraísmo a través de Persia, o las de Cástor y Pollux del mundo helénico.

Han pasado muchas cosas desde entonces. Gracias a la destrucción por parte del Imperio, y sus comparsas bélico financieras, de los países laicos mediterráneo ribereños empleando terroristas mercenarios y luego a la acción mediante la tapadera de Fundaciones y ONG mercenarias de famosos genocidas filántropos, se está produciendo una invasión de musulmanes en la antigua Europa. Todo un programa de desestabilización que es de temer habrá de tener graves consecuencias para la identidad europea y para el régimen de derechos civiles y separación de la Iglesia y del Estado derivados de la Ilustración.  Una separación, por cierto, no del todo vigente en Compostela cuando se celebra el pintoresco espectáculo de la Ofrenda al Apóstol por parte de autoridades civiles. Pero Santiago es ahora un personaje políticamente incorrecto, tan malvado o casi como Le Pen o cualquier otro denostado partidario de mantener la naturaleza secular de Europa controlando la actualmente imparable invasión musulmana.

Inmersos en un proceso acelerado y al parecer imparable de devastación, disolución o desmembramiento de los Estados Nación europeos tradicionales, cuando casi un siglo después de su redacción se relee el Plan del barón Kalergi no puede uno por menos que pensar que estamos ante una auténtica profecía.  Parece que se va cumpliendo fatalmente.  Kalergi, años antes que Hitler, promovía un proceso de dominación a través de criterios racistas, aunque opuestos a los del jefe del nacionalsocialismo. Se trataría de promover una nueva esclavitud a través de un proceso de mestizaje forzado de la población europea con inmigrantes de su periferia que traería la degradación de la raza haciéndola más susceptible de ser avasallada por el Poder.

Desde luego, algo parecido insinuaba también nuestro Vicente Risco cuando pontificaba sobre la “superioridade indiscutibel da nosa Raza sobre das razas morenas euroafricanas da Iberia, e pol o tanto, a inxusticia de que sexamos domeñados e gobernados por iles.”

Los sectores más inteligentes del galleguismo enmucetado oficial piensan, con razón, que es preciso, y además urgente, ir renovando la vieja y obsoleta historiografía galleguista basada en ensoñaciones o prejuicios románticos de carlistas revenidos, de meapilas o del pijerío de niños bien de la arruinada pequeña burguesía rural decimonónica, por otra más propia de la problemática del aquí y ahora. Y desde luego, menos risible.

Lo es, por ejemplo, la apropiación galleguista de ciertos personajes históricos. En Illo tempore había un liberal en La Coruña que era el general Díaz Porlier, que hoy aún mantiene pese a la Ley de Memoria histórica una estatua en la ciudad. Un mártir gallego pero nacido en Cartagena de Indias descendiente de un canario de La Laguna de familia relacionada con Flandes y con vinculaciones en el Perú.

Luego los malvados castellanos inventaron las cuatro provincias gallegas sólo por fastidiar: O antigo Reino de Galicia desapareceu como unha tarta cortada en cachos. A esto se opondría el gran intelectual Faraldo que no resultó “mártir de Carral” por los pelos ya que huyó a tiempo.  Claro que el jefe de esta sublevación típicamente nacionalista gallega era el comandante Solís, un liberal andaluz, destinado en La Coruña que se pronunció contra el régimen despótico del general Narváez, valido de la reina ninfómana.

Para qué seguir con más ejemplos. Algún galleguista de pro pudiera hacer un ejercicio de humildad clarividente y ver lo que los más ilustres próceres gallegos han aportado a la Política española. Han sido muchos y durante mucho tiempo los que han gobernado o influido en España.  Así, Pablo Iglesias o el general Franco. Sin olvidar al también ferrolano Canalejas. A Eduardo Dato o a Portela Valladares y Casares Quiroga. O el bizarro Mariano el de los sobres, heroico martillo de supremacistas catalanes. Aunque no presidentes del Gobierno, cabe recordar a Fraga o al simpático general Martínez Anido, promotor del pistolerismo patronal y la guerra sucia. De todos ellos, destaca Canalejas como un gran político que pudiera haber hecho mucho y bueno por España de no haber sido vil y oportunamente asesinado.

Las cosas están cambiando, mucho y rápido.  Pero las hordas podemitas con su clarividencia de topo no parece que se aclaren mucho sobre lo que está sucediendo en el mundo, de la importancia y servidumbres que impone la geoestrategia internacional. O algunos, los mercenarios sin escrúpulos, quizás sí.

El galleguismo de la Junta y sus instituciones satélites parásitas cada vez se muestra más obsoleto. La cosa está ya tan manoseada y tanto se ve la urdimbre remendada del tapiz que su mantenimiento podría llevar al traste todo el negocio de granjería montado sobre ella para ordeñar sino saquear presupuestos públicos. Lo que no obsta para que en la escuela se adoctrine a la más tierna e indefensa infancia con tópicos, mentiras y cintas de vídeo. Quizás sea en la educación, hoy en manos de fanáticos y sectarios, donde se manifiesta de modo más feroz el presente proceso de devastación que sufre España.

Se practica toda una especie de típica y anacrónica franquista Formación del espíritu nacional al galleguista modo que sigue envenenando a los jóvenes gallegos, víctimas de la LOGSE, la autonomía, los nacionalistas de todos los partidos y el pilla pilla. Para el ignorante niño “formado” con estos mimbres no existen ni Cela, ni Valle Inclán, ni la Pardo Bazán, ni Fernández Flórez, ni Torrente Ballester, ni Camba, ni…¡España como ámbito histórico común!

Todo está tergiversado descontextualizado como si Galicia hubiese sido siempre una isla sin apenas contacto con el resto de España o de la civilización occidental. Y menos mal para esclarecimiento intelectual del admirable y querido público que, como ha declarado un eximio prócer de la cosa galleguista enmucetada: “Rosalía es noso Cervantes”.  Nada más y nada menos.

Más allá del oportunismo histórico de la utilización de personajes legendarios para arrimar el ascua a nuestra sardina, conviene rescatar cierto espíritu tradicional, en el verdadero sentido de la palabra, hoy desacreditado por la propaganda. El de que es preciso potenciar nuestra conciencia y la voluntad para salir adelante porque nuestra propia evolución material, intelectual y espiritual, así como la existencia misma de España y de la Europa de la Ilustración y los derechos civiles se encuentran amenazadas.

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