Alfonso De la Vega

La Garita de Herbeira

Artículos, solfas y epistolarios

Reinado de Alfonso XIII, notas sobre la guerra de África y el Desastre de Annual

Ahora que la integridad de España se encontraría de nuevo en grave riesgo inmediato, al parecer ya todo estaría desatado y bien desatado y el apaño perpetrado, probablemente a falta de ajustar los detalles o ver cómo y cuándo se explica la traición a los súbditos, no está de más recordar algunos otros sucesos lamentables provocados por la antinacional y corrupta dinastía borbónica que tantas desgracias ha traído a la Patria.

Más que de memoria, al cabo algo subjetivo, es mejor intentar conocer y recordar la verdad histórica, algo más objetivo, dentro de las dificultades de acceder a la realidad, tan mediatizada por tantos intereses parciales.

Uno de estos desastres históricos de España fomentados y agravados por los Borbones fue la aventura imperial africana del primer cuarto del siglo pasado, una especie de consoladora sustitución de la pérdida de las últimas posesiones españolas en América y Filipinas con la que el vanidoso e inepto Alfonso XIII trataría de compensar los desastres de 1898.

En esta absurda aventura imperialista militar en África promovida por la Corona existen varios hitos de graves crisis especiales, con importantes consecuencias para todo el sufrido Reino. Las más notables fueron la de la llamada Semana Trágica de Barcelona en 1909 y la del Desastre de Annual en 1921, ambas en julio. Un mes en el que especialmente parecen estallar muchos problemas crónicos de España.

De la primera cabe recordar la matanza del tristemente célebre Barranco del Lobo en el que la columna del general Guillermo Pintos fue exterminada por cabilas moras al mando del competente cabecilla rifeño Abd- el- Kader. La posterior leva forzosa de jóvenes pobres o de clase media que no podían reunir los seis mil reales para librarse del matadero africano provoca la insurrección de Barcelona con un centenar de muertos e importantes consecuencias políticas posteriores que condicionarían el reinado de Alfonso XIII.

Ahora vamos a dedicar unas líneas al desastre de Annual en el que perecieron el propio general favorito y recadero de Su Majestad, el Comandante general de Melilla Fernández Silvestre, y no menos de diez mil compatriotas víctimas de su incompetencia y de la estulticia alfonsina y en el que también a punto estuvo de caer la ciudad de Melilla y su población civil en manos de la morisma más feroz y sanguinaria.

Tras este desastre hubo varios intentos de tapar las responsabilidades por osadía, incompetencia e incluso corrupción, del propio rey y de buena parte del ejército. La censura, la tergiversación de los hechos para encubrir las responsabilidades del Borbón, e incluso el recurso final al golpe de Estado promovido en la sombra, (como el más reciente del 23 F), por el propio rey y ejecutado por el general Primo de Rivera. Con él se impidió que el Expediente oficial elaborado por el general de división Juan Picasso, quien había luchado por encontrar la verdad de los hechos, llegara a tener merecidos efectos devastadores para la Corona.

Como cabría suponer, la actuación de nuestros políticos monárquicos de la época cabe calificarse de verdaderamente de heroica y altamente comprometida con la Nación. El general Picasso presentó su famoso Expediente al Parlamento. El 10 de julio de 1923 se formó una Comisión de Responsabilidades que debería emitir su resolución en 21 días. Pero visto el cariz que tomaba el asunto para la Corona, sus señorías, con audaz prudencia, decidieron irse de vacaciones hasta la otoñada. (Si se me permite el inciso, ahora parece que se pudiera repetir parecida jugada con ocasión del golpe del estado anunciado y al ralentí con que nos amenazan los supremacistas catalanes que engordan trincando impunemente del presupuesto). Pero el 13 de setiembre el rey y Miguel Primo de Rivera perpetran el golpe de Estado y naturalmente la cosa queda aparcada sine die.

Sobre las peripecias y contenido del Expediente Picasso, que consta de 10 piezas y  2418 folios, puede consultarse, por ejemplo, el documentado libro de igual título publicado en Méjico por Diego Abad de Santillán. O el posterior de Juan Pando, Historia secreta de Annual.

En todo caso, el Expediente resultaría imposible de asimilar por el Régimen borbónico.

 

Pero, dejemos por ahora el Expediente Picasso y volvamos a 1921, unos días después de producirse la tragedia.  Cabe traer a colación el testimonio interesantísimo, a veces sobrecogedor, de personas que vivieron la situación como protagonistas o como testigos. Así por ejemplo, el periodista y corresponsal de guerra Juan Guixé  o el teniente coronel Pérez Ortiz, uno de los pocos supervivientes de Monte Arruit. Autores respectivos de dos importantes y valientes libros documentos, El Rif en sombras. Lo que yo he visto en Melilla, (Madrid 1922)  y De Annual a Monte Arruit. Dieciocho meses de cautiverio. Crónica de un testigo (Melilla, 1923), escrito y publicado este último tras su liberación de un cautiverio de dieciocho meses en terribles circunstancias.

Dice el teniente coronel Pérez Ortíz, (el segundo por la derecha en la foto de los oficiales prisioneros liberados) en su libro citado:

“Escribí esta crónica para darla publicidad. La idea de hacerlo así me nació durante mi largo cautiverio, dolido del abandono y desatenciones de unos, de la falta de caridad, de la odiosa calumnia, de las sangrientas burlas de otros. He padecido sed de justicia y he sufrido resignado la ofensa y la ingratitud, esperando mejores tiempos, confiado a la Providencia. No puedo tolerar el engaño ni los inmerecidos privilegios. En esto soy rebelde y lo seré siempre. La mentira, la más infame violación del orden moral, no puede prevalecer jamás ni argumentarse como necesidad de patriotismo. El callar es también un delito en los códigos cuando por hacerlo se otorga veracidad a lo que es falso y se pretende presentar como cierto. No, que no se escriba así la historia, que no se diga esto irónicamente.

Confieso que esta crónica encierra toda mi venganza; no consentir que nadie se engañe…

Para que yo señalase a los responsables del vergonzoso derrumbamiento necesitaría se me contestasen algunas preguntas.

¿Por qué se ocuparon Annual, Sidi – Dreis, Igueriben y Abarrán estando vendidas con un largo desfiladero a retaguardia, desfiladero que era la única vía de comunicación?

¿Se había pensado en la difícil situación de estas y otras posiciones?

¿Hubo imprudencia en la acción política por no apoyarla debidamente la militar, o en ésta por desacierto en la anterior?

¿Se tenía la noticia, y quién la tenía, si así era, del probable levantamiento del territorio?

Caso de resistirse aisladas todas las posiciones, ¿se las hubiera podido siquiera abastecer o, simplemente, mantener en comunicación con la plaza?

¿Cuál hubiera ido la línea de resistencia en caso de retirada? ¿Melilla?

¿Qué organización era la nuestra que en diez y nueve días, del 21 de julio al 9 de Agosto, y sin poder estorbar el enemigo el desembarco, no pudo saltar a la Restinga una columna y recorrer 25 kilómetros de terreno llano para auxiliar a los sitiadores de Monte Arruit?

¿Es verdad que se contaba con hombres y no con soldados?

¿Tan mala era la instrucción y tan escaso e incompleto el material que estos miles de hombres no estaban en condiciones de arrollar en un llano a inferior número de enemigos y con menos elementos?

¿No había en España más que dos aeroplanos?

¿Por  qué en lugar del ridículo envío de paquetes no arrojaron bombas en Monte Arruit?

¿Se sabía en Melilla cuando se recomendó la capitulación de esta posición el resultado de lo pactado en Zeluán?

¿Quién consistió las imprudencias, es es que las hubo, y quién el abandono de toda previsión?

Cuando estas preguntas y muchas más se hayan contestado podrá juzgarse en justicia…”

Al cabo, y gracias entre otras a las gestiones del magnate vasco afincado en Cádiz, Horacio Echavarrieta cerca del cabecilla Abd el Krim, se llegó a un acuerdo para un  canje de prisioneros y el pago de cuatro millones de pesetas como rescate y así se consigue la liberación de los militares prisioneros supervivientes. Al infame Alfonso XIII, co- causante de la tragedia, se le atribuye la frase: “parece resultar muy cara la carne de gallina”.

 

El libro crónica del corresponsal de guerra Juan Guixé tiene un gran interés, sobre todo para el lector de hoy por lo que cuenta en sus últimos capítulos. La especial psicología del rifeño, explicada por uno de sus notables. La situación de vicio e inmoralidad en la ciudad de Melilla, plena de burdeles, fracachelas y juergas, pero ayuna de bibliotecas. Los abusos sobre la población civil del militarismo allí dominante. La imprevisión e incompetencia de muchos altos mandos militares que no tuvieron en cuenta ni la preparación de las tropas ni menos la logística o necesidades de armamento moderno para combatir a los rifeños rebeldes en un terreno tan difícil desde el punto de vista militar. La censura militar que escondía o daba una versión desdibujada de los problemas y peripecias reales. O el problema de lo que Guixé llama “la dualidad del mando y el despotismo de tercero” (alusión encubierta al rey) con las desavenencias entre el comandante de Melilla el cortesano, protegido y amigo personal del rey, Fernández Silvestre, un hombre fanfarrón, impulsivo, acostumbrado a hacer las cosas por c… y su jefe el general Berenguer, Alto Comisionado en Marruecos, quien parece que habría sido incapaz de controlar a su supuesto subordinado: “Berenguer era menos antiguo que Silvestre en el empleo de general… la contextura de los dos generales opuesta de un modo irreductible. Berenguer es la reflexión y la ponderación mismas, con la añadidura de la cultura, encarnadas en un militar de perfecta sangre fría y de valor sereno a prueba.  Los dos hombres jamás podían entenderse. Berenguer, de alto comisario, había pacificado casi toda la zona de Ceuta y Tetuán, sin bajas apenas. Cautelosamente, con pie firme, avanzaba y planeaba ya la sumisión de los Beni-Urriaguel (una de las cabilas sublevadas más activas mandada por Abd el Krim) y el extender de un modo efectivo el protectorado a Alhucemas. ¿Quién de los dos llegaría antes? De ahí los avances temerarios de Silvestre hasta Labran y Annual…”

Prosigue más adelante Guifré criticando las infaustas actuaciones de Alfonso XIII: “En todo esto ha sonado el nombre de una alta personalidad, quizá la más alta por jerarquía, que no por entendimiento y autoridad, de la nación española. Hace tiempo, mucho tiempo, quizá prematuramente, que esa personalidad, es por culpa suya o no, traída y levada en los asuntos políticos. Se le atribuye la protección dispensada al general Silvestre y se añade que a ella se debe que España esté empeñada en la guerra de Marruecos. … comprendemos que en todo esto hay algo de turbio y hasta es muy posible que se exagere acerca de esa elevada intervención. Ahora bien, ¿de quién es la culpa de que eso suceda? Principalmente del régimen de clandestinidad en que vive la política española. Por causa de ese régimen clandestino se aplicará … la mordaza de la censura y se sigiló cuanto se pudo, todo lo concerniente a Marruecos…

El resultado de sigilar los hechos y sus causas, de fomentar e imponer el silencio en torno a ellas, es, a mi juicio, la falsificación de la historia. España, por esta causa, tiene una historia adulterada, deformada, mixtificada. Los sucesos se velan, se difuminan del modo más incoherente y disparatado; se descoyunta la lógica de las conductas y de los motivos sociales y lo que es acción liviana, lamentable y oprobiosa, se convierte en página heroica, hecho glorioso, (¿Igual que en el 23F, por cierto?) o se olvida entre enramaje de la omisión y la vaguedad. La habilidad arbitrista y maquiavélica discurre también expedientes para salvar situaciones comprometidas, a primera vista inevitables. El ardid de leguleyo y la cazurrería caciquil de nuestros políticos es fértil en estos artilugios. …

España daría una prueba de vitalidad y de sano amor a sí misma, discutiendo a la luz del día las responsabilidades, caiga quien cayere. Pero no lo hará. No tiene aquel pulso fuerte de los pueblos que caminan en la historia hacia un plano ascendente. Más bien se halla en un plano inclinado. Políticamente, ello me parece harto evidente, por desgracia…

No tenemos fuerza, este es un argumento, aparte de otras razones fundamentales de doctrina, para persistir en nuestra actitud frente al problema de Marruecos. Y como no tenemos fuerza de nada sirve que nos obstinemos en engañarnos a nosotros mismos, siguiendo la fatal trayectoria que viene costándole a España el achicamiento de su personalidad y que viene a ser una especie de liquidación española en el mundo. Esta debilidad nuestra nace de la desorganización del país, de la incultura general y de la falta de ideales. Si no tenemos fuerza, carecemos también de aptitud…”

No es de extrañar que un escéptico Guifré antes las posibilidades reales de rectificación de nuestra conducta y la escasa confianza en nuestra capacidad de enmienda, propugnase la retirada: “¿Somos capaces de cambiar? Sino, lo más fecundo, lo más cauto, mirando al presente y mirando a la historia, será el abandono”.

La psicología rifeña

Pero en la guerra conviene comprender al otro bando. Pese a la ideología buenista hoy dominante introducida por multiculturalistas o feministas, un testimonio de gran interés, y acaso aún de cierta actualidad, sobre la peculiar idiosincrasia de los moros al menos ce esa época es el que recoge el corresponsal tras sus conversaciones con algunos notables rifeños asimilados.

“El moro, suelen decir algunos españoles en África, tiene una mentalidad contraria a la nuestra. El del Rif no es siquiera heredero de una civilización opuesta a la europea; está sin civilizar y el Corán no sirve sino para estimular en él su barbarie nativa y hacerle fanático peligroso. Es, al lado del europeo, un malhechor, un bandido. En el rifeño todos los males y defectos de un pueblo desahuciado se agravan. El rifeño es un ser aparte, y aún dentro del Rif, entre las cabilas, hay diferencias enormes de psicología. ..el moro vulgar suele ser bandolero, tiene el instinto despierto del malhechor, para el cual, cosa natural es el robo y el crimen….no respetan la ancianidad ni la mujer, ni la debilidad física, sino cuando hay algo que las defienda.

En el hogar, el moro es un pequeño sultán. Practica la poligamia y las mujeres deben trabajar para él. El amor carece de espiritualidad (como revela esta conversación en Melilla):

— Manuel, por Dios grande, que ayer conocer a tus hijas, y estar cosa güena, güena. ¿Cuántos años tiene la mayor?

Trece

Manuel, tú estar tontón, si tu venderla a un moro rico, darte por ella cuatrocientos o quinientos duros —

Y prosigue el autor, “Yo no he visto pueblo que con mayor altivez y aparente desprecio de lo ajeno, lo codicie con más pasión y en cuanto puede trate de apoderase de lo que codicia. Es un género de hipocresía que el moro disfraza con orgullo y el británico con el ideal, pero en ambos, avasalladora.

El rifeño se arroja al robo con pasión. El moro desarrapado se entrega siempre que puede al merodeo y el bandidaje. El moro rico roba de otra manera, usando su fuerza guerrera y feudal y de la credulidad de los demás… la mayoría de las guerras, o de los movimientos de guerrilla que perpetuamente reproduce, los inspira, más que el fanatismo y la xenofobia, la esperanza de botín…

Es una equivocación suponer que le mueve el patriotismo que no siente ni comprende.

Su arteria y su astucia son muy grandes y lo mismo su ductilidad e impresionabilidad. .. yo creo que en ninguna parte del planeta es más fácil encontrar tan gran número de gentes dispuestas a traicionar como en el Rif. Esto explica que los mismos que estuvieron recibiendo los beneficios de la dávida española durante años, sin cosecha, se lanzaran  despanzurrar españoles y a estuprar niñas de estos.

¿Cuál ha de ser la reciprocidad de unos seres que no comprenden la compasión ni el que un país o una cabila, la cabila Hispania, como ellos dicen, asuma la empresa de suscitar entre ellos la riqueza, el progreso, el derecho de gentes?

No comprenden porqué razón España gasta el dinero y sus vidas para entrar y establecerse en el Rif, poseyendo ella por lo que le dicen e infiere, tantas tierras, tantos hombres y tanto dinero. España está tontona.

Solo la codicia del rifeño es superior a su odio. Por codicia, el español que de otro modo sería muerto irremisiblemente pasa a ser como un animal doméstico al que se prodigan cuidados para cotizarlo en el mercado. El prisionero será vendido por un buen rescate…

El testimonio de un jefe de cabila asimilado a España, Mizzian llamado El Bueno, también resulta esclarecedor.

Le pregunta el corresponsal:

Dime, ¿Cómo te explicas la traición?

Por exceso de confianza. Yo soy moro y los conozco. Los españoles habéis tratado al moro de una manera inadecuada, impropia…. En vez de agradecer lo que vosotros hacéis por él, se ríe en su interior de vosotros.

Entonces, ¿qué política crees tú que hay que seguir con el moro?

¡La de la fuerza! ¿No han matado ellos? ¿No han robado ellos? Aquí me tienes a mí, ahí tienes a mi hijo cuya cabeza han pregonado en 15.000 pesetas. ¿Crees tú que si el moro pudiera no arrasaría Melilla y nos pasaría a cuchillo a todos? Mira hay que llevar el palo en una mano y en la otra mano… el palo también. Créeme todo lo que sa no hacerlo así es perder tiempo, es dejar caer el prestigio de España y es derramar mucha sangre española. Si queréis ahorrar sangre, hay que pegar fuerte a esos bandidos…”

Una receta curiosa, sin duda, sobre todo viniendo de donde viene.

 

El llamado Desastre de Annual es un suceso más, aunque desde luego muy significativo, de un desastre mayor: el de la mortífera aventura imperialista borbónica en Marruecos. Y también de los viejos problemas endémicos que debemos sufrir los españoles bajo la Monarquía.  Un Régimen político oligárquico, corrupto, apátrida, que fomenta vicios e ineptitudes y los mantiene a lo largo del tiempo como garantía de su propia supervivencia. Otra vez se demostraría que el Régimen borbónico no resulta demasiado compatible con la verdad.

El Informe Picasso elaborado y escrito por un general honrado, digno y valiente podría haberse considerado como algo bueno del que podría honrarse la institución militar más lúcida y comprometida con la Nación. Pero era demasiado insólito en un mundo de incompetencia, corrupción y componendas; demasiado veraz  y contundente para ser asimilado por un Régimen corrompido como la Monarquía, que dio un golpe de estado para mantenerse.

 

 

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