Alfonso De la Vega

La Garita de Herbeira

Artículos, solfas y epistolarios

Cuarenta años (y un día)

Es curioso como cierto importante país que tiene nombre de Sociedad Anónima aplica la ley del embudo. En lo que parece un tinglado de falsa bandera para hostigar al incómodo presidente Trump se le reprocha al polémico prócer y su entorno el que la Rusia del malvado Putin hubiera influido en las últimas elecciones de noviembre.

Sin embargo, a este hipócrita país con nombre de Sociedad Anónima le parece de perlas intervenir en los asuntos internos de otros muchos países, y no solo de, por ejemplo reciente, la mal llamada primavera árabe sino también de España.

Una intervención destinada a facilitar la entronización de un tenderete cleptocrático coronado al servicio de sus intereses estratégicos. El magnicidio del presidente Carrero, que se oponía a sus planes para nuestro desgraciado país, justo el día después de haber recibido al siniestro Kissinger y a uno de los directivos de la CIA en Europa, en una reunión que le resultaría fatal una vez que se negase a seguir sus órdenes, conforma un hito estratégico fundamental para nuestra evolución política posterior. Se trataba de entronizar a un personaje sin escrúpulos, perjuro, colaboracionista, fácilmente chantajeable, dispuesto a satisfacer sus exigencias como fuera con tal de acceder al deseado momio prometido.

Abandono del proyecto de bomba atómica española, cesión del Sahara al sultán moro, apoyo a los intereses sionistas, la OTAN y a la ampliación de algunas bases americanas, eliminación del sector público en actividades estratégicas, y en lo que se refiere a la politeia o estructura de Poder político, tuneado en profundidad del Régimen para darle una apariencia de democracia homologable. Y debilitamiento inducido de la Nación al fomentar los nacionalismos caciquiles y cleptocráticos periféricos y fomentar una España postrada, corrupta, embrutecida, crecientemente balcanizada y manejable para los intereses geoestratégicos del gran poder mundial.

La inmaculada constitución fue una carta otorgada porque el pueblo español nunca fue depositario de verdadera soberanía, ni menos protagonista de un proceso constituyente. Pero para llegar al actual engendro constitucional, a ese apaño, tuvieron que compincharse los píos opusdeístas con los falangistas de nómina y cerrado escalafón y llegar a un trato con fuerzas de la oposición mohatrera como las comandadas por el súper agente Isidoro.

Las posibilidades de una verdadera transformación en profundidad del sistema político se vieron arrumbadas, la Ruptura democrática saboteada a mayor beneficio de las oligarquías patrias y la tranquilidad imperial.

Cuando, cuarenta años después, se contemplan las nutridas colas de ingenuos y esperanzados españolitos dispuestos a votar por primera vez en décadas, cabe preguntarse qué fue de esa ilusión por mejorar que se ha transformado con el tiempo en otra ilusión: la de que vivimos en una democracia.

En realidad, hemos sido estafados otra vez más. Oligarquía, corrupta, apátrida y coronada, es la tipología que mejor se acomodaría a la siniestra realidad política actual. Un régimen, sin separación de poderes ni verdadera libertad política, secuestrado por mafias y bandas depredadoras con la Corona como clave de arco, que pone en entredicho no solo el futuro de la sociedad española sino la propia continuidad de España como nación.

Un régimen de Monipodio que ofrece, eso hay que reconocerlo, espectáculo teatral como el de estos días en el Parlamento mientras nos santigua los bolsillos. Quizás porque no existe soberanía, por ese carácter vicario del poder aparente, se distrae al distinguido público con juegos de trileros entre bandas mafiosas mientras monopolios y administraciones variopintas, inútiles, superfluas o redundantes le desvalijan.

Por eso, quizás la primera misión para intentar modificar algo las cosas sea tomar consciencia de que desgraciadamente no tenemos soberanía. Que somos títeres. Que nuestros supuestos representantes son agentes de falsa bandera al servicio de intereses opuestos a los nuestros. Que sus peleas son exigencias del guión, necesarias para mantener el saqueo.

Cara a la resolución de este aparente final de régimen es preciso intentar reconocer las nuevas mohatras. Si hace cuarenta años lo que primaba era apuntalar la estabilidad en esta parte del Mediterráneo, hoy a los poderes fácticos internacionales globalizadores les interesa una España balcanizada, dependiente por endeudada, embrutecida, con su cultura en almoneda y usurpada por lo peor de la anglosajona.

¿De ahí la sustitución, en la falsa izquierda títere, de la PSOE del agente Isidoro por la Podemos del agente Iglesias?

Mariano y Pablo se necesitan mutuamente. Su mohatra no podría sostenerse sin el otro. Nos distraen con sus riñas televisadas, no por distintas ideas para aumentar la dignidad y el bienestar de los españoles o promover y asegurar el mejor futuro de España sino por la simple y reconfortante poltrona, que permite satisfacer la vanidad propia, la impunidad, el mangoneo y el reparto de botín entre sus secuaces respectivos. El tópico “quítate tú que me pongo yo”.  Seguido del no menos habitual: “Y tú más”.

Mariano y los golpistas catalanes también se retroalimentan antes sus hinchadas respectivas. Sin olvidar el chantaje de los tinglados jesuíticos vascos que acaban de sacar onerosa tajada de la ambición por seguir a cualquier costa.

Sobre Mariano y la grandes finanzas internacionales, más de lo mismo. Cada minuto que pasa Mariano en la poltrona moncloaca manteniendo el tinglado, la deuda española se dispara, suma y sigue, y los españoles cada vez somos más pobres y dependientes. Un gobierno deuda-adicto que engorda en proporción geométrica la gusanera para mayor negocio y granjería de nuestros acreedores.

Dirá algún lector, no todo es tan malo, hemos progresado en estos cuarenta años. Claro que sí, también Zambia. Pero, ¿cuál sería nuestra posición actual si tuviéramos un régimen decente medianamente orientado al Bien común? Hemos perdido posiciones respecto a nuestra situación hace cuarenta años.

Sin embargo, ¿está hoy todo atado y bien atado?

Todo es posible en este Reino arrebatacapas pero mientras nos distraen con sus riñas escenificadas o sus dímes y diretes sucede que los más importantes servicios secretos del mundo están formando a los que están organizando los golpistas catalanes.

No tenemos soberanía.

Si entonces la figura del Borbón parecía clave para esos intereses ajenos ahora no lo parece tanto. Quizás ya sea amortizable según en qué escenarios futuros. De suyo, al anterior Borbón se le obligó a abdicar a toda prisa tras una reunión Bilderberg. El futuro de España, ahora como hace cuarenta años, dependerá otra vez de lo que decidan fuera.

 

 

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