Alfonso De la Vega

La Garita de Herbeira

Artículos, solfas y epistolarios

Zama no es cunnus, ¿o sí?

Unos breves apuntes sobre el Amor, la Mística en la Poesía española y el problema del lenguaje

El Dante decía que “el Amor mueve el Sol y las estrellas”. Lo mejor de la Poesía española de nuestro siglo de oro también está inspirada por el neoplatonismo. Los ecos del Simposio o El Banquete de un Platón que probablemente conoció fragmentos de la sabiduría esotérica pitagórica a través de Filolao. Y la Hermosura, no olvidemos que es una especie de estrella que guía hacia el Amor.

También en Oriente. En los Tantras, como en los sistemas gnósticos, la simbología sexual es muy importante y es una consecuencia natural de su concepción del cosmos como un ser viviente.

En La Galatea Cervantes explica que la belleza es de dos maneras, corpórea e incorpórea. León Hebreo en sus Diálogos de Amor, obra fundamental del neoplatonismo citada por Cervantes en el prólogo a la segunda parte de El Quijote,  dice que “La Hermosura es gracia que, deleitando el ánimo, lo mueve a amar.”

Fray Luis de León muestra en su famosa Oda a Salinas la idea central de la Estética neoplatónica, no sin ciertas reminiscencias pitagóricas sobre la música de las esferas:

A cuyo son divino   

Mi alma, que en olvido está sumida

Torna a cobrar el tino

Y memoria perdida

De su origen primera esclarecida

—-

que el vulgo ciego adora

la belleza caduca engañadora

traspasa el aire todo

hasta llegar a la más alta esfera

y oye allí de otro modo

de no perecedera

música que es la fuente y la primera

Y en su Tratado sobre Los Nombres de Cristo explica que “La poesía inspiró Dios en los ánimos de los hombres para con el movimiento y espíritu della levantarlos al cielo, de donde ella procede, porque poesía no es una comunicación del aliento celestial y divino”.

En la undécima lira del Cántico, añadida con posterioridad por San Juan al primer manuscrito de Sanlúcar, se afirma que:

Descubre tu presencia

Y mateme tu vista

Mira, que la dolencia

De amor, que no se cura,

Sino con la presencia y la figura

Canciones de la esposa es el nombre original del Cántico Espiritual de Juan de Yepes.

De esta preciosa obra, para algunos la máxima expresión de la Poesía española, Juan de Yepes escribió dos versiones: es absolutamente cierta su autoría del manuscrito de Sanlúcar de Barrameda, de 39 liras, conocido también como Cántico de Ana Jesús. Se trata de la gran figura femenina del Carmelo reformado (priora del Convento carmelita de Granada) a las que están dedicados tanto los comentarios del Cántico como los de la Exposición del Libro de Job de Fray Luis de León. Perseguida y penitenciada por el Santo Oficio, se exilió en Francia y Bélgica, llevando consigo un ejemplar del Cántico que sería editado mucho más tarde, ya en 1627, en Bruselas.

El Poder de entonces veía con reticencias el problema del Amor, la unión tántrica, gnosis, como opuestos a sus mecanismos de dominación, la ortodoxia.

El neoplatonismo, la gnosis se relaciona con ciertas tradiciones del hinduismo y el budismo tántrico.

El Tao que puede ser expresado no es el verdadero Tao”,

El budismo zen considera inútil el estudio de los diferentes cánones o textos sagrados y propugna el camino de la meditación. Si las verdades espirituales son inefables, y en todo caso, incomunicables, la meditación supera a los sentidos, y con ellos a la manifestación de la realidad ilusoria. Más que razonar o permanecer en el mundo de la sola erudición, lo que hay que hacer es meditar, porque en y durante su sereno silencio, la mente ha de cesar, de interferir en el verdadero conocimiento.

De aquí su recurso a extrañas o paradójicas formas de expresión en el límite del lenguaje poético. El arte como camino espiritual, o de acceso y disfrute a lo sagrado. Algo que por otra parte no es exclusivo de la tradición zen, sino de las formas místicas de expresión. Así, por ejemplo, en la poesía de Rumi o en la de nuestros Ibn Arabí o Juan de Yepes.  Probablemente la última lira del famoso Cántico espiritual del poeta abulense pueda ser considerada, diferencias formales o de estrofas aparte, como una especie de haiku zen que trata de fijar un contacto fugaz con lo numinoso inexpresable.

En todo caso, como explica magistralmente el propio Juan de Yepes reconocido luego como San Juan de la Cruz en el Prólogo:

“Sería ignorancia pensar que los dichos del amor en inteligencia mística (cuales son las presentes canciones) con alguna manera de palabras se puedan bien explicar porque el espíritu del señor que ayuda nuestra flaqueza, (como dice San Pablo) morando en nosotros pide por nosotros con gemidos inefables, lo que nosotros no podemos bien entender ni comprender para lo manifestar: porqué quién podrá escribir lo que a las almas amorosas, donde el mora, haze entender? Y quien lo que las hace desear? Y quien finalmente lo que las hace sentir?  Cierto nadie lo puede…

… y los dichos de amor es mejor declararlos en su anchura, para que cada uno de ellos se aproveche según su modo, y caudal de espíritu que abreviarlos a un sentido a que no se acomode todo paladar, y así aunque en alguna manera se declara no hay para que atarse a la declaración, porque la sabiduría mística, la cual es por amor, de que las presentes canciones tratan, no a menester distintamente entenderse para hacer efecto de amor…  “

Al hacerse inteligibles las experiencias yoguitas trasmutan la conciencia normal, y quedan abolidas las construcciones verbales y las estructuras de pensamiento.

Este es un aspecto común a todo lenguaje místico. Y al ligarlo a la dificultad de fijar una ortodoxia representa un riesgo para cualquier sistema de poder o dominación. Por eso los místicos no suelen ser bienquistos por el Poder religioso, aunque en ocasiones éste trata de asimilarlos.

El budismo tántrico al menos la tradición que dice proceder más directamente de las enseñanzas de Buda se considera como una forma de meditación, una teúrgia, una identificación del practicante con Buda y de ese modo se adora como si tal. El budista tántrico pretende suprimir la actividad mental, adentrarse en el Nirvana, alcanzar el estado búdico. Pero el método es distinto, toma un camino que puede considerarse directo como es la magia y los ritos erótico-místicos. Para ello necesita el concurso de una deidad femenina, una consorte sagrada.  El rol de tal Tara o Shakti sería así servir para alcanzar la liberación completa.

Dentro de esta interpretación el acto sexual realizado en ciertas condiciones ritualísticas y espirituales sería el método de liberación a practicar. Así, la unión sexual con la consorte sagrada, análoga a la primitiva u originaria de Shiva con Shakti, rememoraría las delicias de la unidad, y recrearía un cuerpo sutil, el Cuerpo del goce supremo.

Una idea quizás no tan exótica para Occidente ni acaso muy diferente a la que expone Platón, inspirado en la tradición pitagórica, en su diálogo sobre el Amor conocido como El Banquete. El Amor es una gran potencia, a veces ignorada, que puede volver a unir el andrógino originario, luego separado en dos, y con él la anhelada plenitud perdida.

Huxley en La Filosofía perenne explica, tomado de los Upanishad, la relación entre Atman, alma o principio individual, y Brahma, principio absoluto con la expresión tan tvan asi, que viene significar Tú eres eso.

Wu wei es un concepto taoísta retomado por el zen. Viene a significar, negación y actuar, coger, reaccionar, hacer.

Con el wu wei se intenta conseguir una relajación cuyo equivalente mental sería una desconexión, un desistimento.

Recibir pero no conservar. Dejar el espíritu en paz. Cabalgar sobre el viento.

En la medida que el místico es testigo y agente del poder espiritual es mal visto por el poder político y material, incluido el religioso establecido, al que de algún modo pone en evidencia de alguna suerte más o menos grave o profunda de impostura. Místicos y poderosos se llevan mal cuando no devienen, gracias al Poder, en enemigos irreconciliables. Así lo vieron dentro del Islam Avicena o nuestro Ibn Abentofail en su novela El Filósofo autodidacto.

Sin embargo en virtud del azar, las conveniencias o las circunstancias, el Poder eleva, enmuceta o degrada y destruye al místico. El Cristianismo institucionalizado convierte a Juan de Yepes en San Juan de la Cruz. A Teresa Cepeda en Santa Teresa de Ávila. Ambos investigados e incluso acosados en vida. Por el contrario, el quietista Miguel de Molinos muere preso en las cárceles romanas de la Inquisición. Su Guía Espiritual, también otra obra maestra, es condenada. La Iglesia no transige aún menos con su Defensa de la contemplación. Molinos comprende que el terreno es resbaladizo e intenta protegerse con sendos capítulos en los que explica las diferencias de su concepción con la de los alumbrados o trata de confirmar la contemplación con las autoridades de los doctores de la Iglesia. Otro gran libro muy cercano a las tradiciones espirituales de Oriente, y en consecuencia a la Tradición sagrada universal.

El fenómeno es general con las diferentes autoridades religiosas y no solo del Catolicismo. Así, por ejemplo, Jacob Boehme también fue considerado una amenaza por los sacerdotes luteranos.

Para terminar esta breve incursión en la Mística y sus conflictivas relaciones con el Poder establecido cabe recordar las peripecias de Fray Luis de León con motivo de su versión del Libro de los Cantares de Salomón que atrajo la persecución sobre su autor. En el Prólogo de su traducción Fray Luis expresa que “Cosa cierta es y sabida que en estos cantares como en persona del Rey salomón, y su Esposa la hija del Rey de Egipto debaxo de amorosos requiebros explica el Señor la Encarnación de Christo y el entrañable amor que siempre tuvo a su Iglesia, con otros secretos de gran misterio y peso”.

Debido a la naturaleza inefable del fenómeno místico caben diversas interpretaciones de sus traducciones al lenguaje. Así, el Poder puede intervenir para atacar a Fray Luis olvidando el sentido alegórico espiritual de la obra, de carácter místico pero también tántrica o de sexualidad sagrada y enreda con aspectos marginales como el significado de la palabra zama. Cunnus, para San Jerónimo, es decir, “zama era el nombre propio con que en hebreo se nombran las vergüenzas de la mujer que en castellano tiene su nombre” y que más bien serían las guedejas para el maestro de Salamanca. En 1573 Fray Luis se ve obligado a dar una respuesta exculpatoria desde su prisión y dirigida a sus émulos.

Al final, Fray Luis de León consiguió salir libre pero quedaba la lección de su encarcelamiento para aviso de místicos y otros navegantes.

 

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