Alfonso De la Vega

La Garita de Herbeira

Artículos, solfas y epistolarios

Macron desborda la Línea Maginot

No hubo remedio, el candidato del Gran Capital, empleado de la Banca Rothschild, manijero de la globalización y el NOM, ha ganado las elecciones francesas. Y con un margen tan grande que ni siquiera quepa la duda, cada vez más razonable en estos azarosos tiempos modernos, de la comisión de oportunas trampas, con o sin INDRA, en el recuento electrónico de los votos. Y es que “quien tiene padrinos se bautiza”, con perdón por poner un ejemplo tan poco políticamente correcto para la fauna sorosiana.

Que el candidato Rothschild sea el favorito y el elegido por ese uno por ciento aproximado que ejerce y se beneficia especialmente de su dominación globalizadora sobre el planeta o bien de sus círculos de control, acaso otro diez por ciento, tiene su coherencia. Pero que sea votado por sus víctimas actuales y futuras merece muchas reflexiones y seguro que las habrá cuando tengamos algo más de perspectiva.

Pero cabe adelantar ahora algunos comentarios a vuelapluma.

Así la creciente validez de las tenebrosas visiones de Orwell acerca de la siniestra dictadura mundial que se nos viene encima. El ejercicio de la neolingua por parte de los mercenarios medios de manipulación de masas se comprueba que hace estragos incluso en países con cultura política como Francia.

Consignas difamatorias como extrema derecha, xenofobia, homofobia, antieuropeísmo, populismo, totalitarismo, fascismo…resultan eficaces pese a su primitivismo y falta de objetividad o sustancia. Todo lo que se opone a la hegemonía sin cortapisas morales, institucionales o legales del Gran Capital financiero internacional va a ser fatalmente acusado con tales sambenitos.

No importa que existan consideraciones importantes que realizar. Así, por ejemplo, el derecho al mantenimiento del propio orden nacional. Orden que tiene que ver con la soberanía, con la cultura, con las instituciones nacionales, con la protección del trabajo y la gente común contra las agresiones imperialistas de la usura internacional. Uno de cuyos instrumentos es forzar emigraciones masivas o la promoción del llamado multiculturalismo. En esta fase el imperio crea desorden, entropía, a fin de desmantelar el orden de cada Estado y arrojar sus elementos y recursos aprovechables en el magma liberticida del NOM.

Una reflexión que atañe a todas las instituciones nacionales, incluidos los partidos políticos como instrumentos de control e integración de la población. Se habla quizás impropiamente de partitocracia. En realidad los partidos son instituciones mercenarias corruptas, engañosas, degradadas, al servicio de la oligarquía. Su poder, más allá de lo que nos muestran los habituales trileros y manipuladores de la comunicación, es vicario. Mera representación.

Se acaba de comprobar en Francia. El candidato Rothschild, en nómina de esta filantrópica Casa de usura y esclavitud, fue ministro francés “socialista” de Economía. Así está de degenerado el “socialismo” europeo que no tiene empacho ninguno en patrocinar y blanquear la carrera de un agente confeso del enemigo. Sin olvidar aquí tampoco a nuestras castizas puertas giratorias por las que las empresas de la timba IBEX agradecen los servicios prestados a nuestros meritoriamente encumbrados próceres.

Pero, ya digo, basta que el Gran Capital y sus instituciones globalistas instrumentales hayan visto en riesgo su dominación en Francia para que se dejen de partidos, mandangas y zarandajas y coloquen directamente a uno de los suyos prescindiendo de la parafernalia partidaria pero haciendo ostentación de un poder que hace “ofertas que nadie puede rechazar”.

Hombre en nómina, joven y guapito de cara para asegurar mejor el voto femenino, pinturero gestor de currículo tuneado, con labia de vendedor de crecepelo, acostumbrado a soltar embustes a caño abierto y sin despeinarse, siempre dispuesto a hacer lo que el amo exija en cada ocasión.

Nuestros partidos políticos acaso debieran empezar a poner sus barbas a remojar. Y no solo nuestro bizarro valido Mariano, tan soso, tan fláccido, tan burdo, tan degradado, tan trotón, con tan poco sex appeal o credibilidad, al que los amos pueden dar por amortizado en cualquier momento. Si bien colaboran con la Causa usurera generando déficits, deuda y esclavitud, son caros, roban mucho, trastornan con sus desfalcos, embrollos, leguleyeces, “otro sí digos” o dímes y diretes la correcta asignación de recursos, como diría un tecnócrata. Puede que en un futuro no muy lejano ya no hagan falta para representar la función, cuando el Gran Capital puede sacarse un candidato de la chistera y hacerlo medrar según convenga. Salvo, claro está mientras se quiera que dure el tenderete, Podemos construcción ex nihillo de servicios secretos que es preciso cuidar como estratégico recambio mohatrero como en otro momento de crisis se cuidó al agente Isidoro y su equívoca banda. Un buen asustaviejas de probada eficacia. Sin olvidar en la bandería confesadamente pro IBEX la promoción a bragas quitadas de la chica sureña del Santander.

Pero volviendo a la cosa teórica del asunto conviene resaltar la cuestión del orden dentro del sistema. Luwding Bertalanffy es uno de los intelectuales que desarrolló la Teoría de Sistemas. Una forma de entender de modo abstracto y lúcido muchas de las cosas que ocurren en la Naturaleza, la Sociedad, la Política, la Cultura y las Artes que tienen principios, leyes y conductas isomorfos cuando se conocen con el suficiente nivel de abstracción. Un sistema puede ser teórico o real. Conceptual, científico, metodológico. Político, económico, cultural o social. También puede ser un organismo vivo, una célula, un tejido o grupo de células. Un país con su instituciones y sus fronteras…

Porque una de las primeras cuestiones es, obviamente, poder distinguir el sistema de lo que no es el sistema. De ahí que exista un límite, frontera, criterio de distinción, membrana de separación entre cada sistema y su entorno. Por ejemplo, Francia no es EEUU, ni Libia, ni España. Ni una célula del tejido de una planta o un animal es un virus.

Los sistemas pueden ser cerrados si están completamente aislados de su entorno o abiertos si interrelacionan con el mismo. Organismos vivientes, países no absolutamente autárquicos, ecosistemas naturales son ejemplos de sistemas abiertos. Los sistemas tienen información. Poseen un orden que les hace distinguir unos de otros así como entre los elementos de un mismo sistema. Lo contrario de la información es la entropía, el desorden o incapacidad de distinguir un estado de otro. Los sistemas abiertos intercambian energía, materiales e información entre sus propios elementos y con su entorno. Y están ligados a la Gestalt, la totalidad, lo que interactúa, lo holístico…

Cuando las naciones poseían una cierta soberanía sus sistemas políticos y su idiosincrasia institucional obedecían a alguna de los expresados en la famosa tipología de Aristóteles a la que ya hemos hecho referencia en otras garitas, pero cada con su propia personalidad, cultura e historia. Tenían un orden propio. Y también sus partidos a su vez con un cierto orden más o menos coherente con su real o presunta ideología.

Pero ahora todo es distinto. Ese orden nacional se está vaciando, y rotos los límites o fronteras sus elementos pasan a engrosar el magma global que está promoviendo la presente etapa del NOM.  Así, un empleado de la siniestra Banca Rothschild se convierte gracias a la varita mágica de los media y la credulidad del gentío votante en honrado prohombre socialista, nada menos que todo un ministro francés de Economía. Y ahora además, vaciados y puestos patas arriba los partidos clásicos nacionales históricos, en flamante candidato y presidente por y para la oligarquía internacional, sin disimulo ideológico que valga. Una oligarquía sin fronteras, ni moral, ni apego siquiera a la historia, la cultura o la lengua común de cada nación. A la que ve como rebaño a esquilmar y aplicar sus recetas de usura, deuda y sometimiento, que trasciende la visión francesa o de las cosas, para constituir problema fundamenta para la supervivencia de las naciones.

Es desde esta perspectiva de los sistemas desde la que se puede comprender mejor lo que está pasando en este momento histórico tan apasionante pero también tan peligroso en el que se encuentra la civilización occidental.

Un sistema cerrado es un régimen autárquico, sin comunicación con el exterior. Pero no parece que tal cosa tenga que ver ni con la clásica Nueva Derecha francesa de Benoist ni tampoco con el partido de Le Pen. Más bien su visión tendría que ver con la de los sistemas abiertos de membrana semipermeable. La que permite intercambio de información, materiales y energía entre el sistema y su entorno. Pero, dentro de las posibilidades y conveniencias para la permanencia del sistema.

Cuando los poderes globalistas occidentales provocan invasiones, destrucciones masivas, hambrunas y genocidios para la destrucción del propio orden de las naciones agredidas a fin de apropiarse de sus recursos y continuar con la agenda globalista es normal que se produzcan tremendas emigraciones de las poblaciones afectadas. Y que se trate de atender a las víctimas. Pero otra cosa es que todo ello se produzca asaltando fronteras, costumbres e instituciones, más allá de lo que cada sistema nación puede asimilar. Intentar mantener el orden interior de acuerdo con las tradiciones de cada nación no es extrema derecha, ni populismo, ni xenofobia como nos venden, con éxito. La conveniente tolerancia hacia lo diferente no es multiculturalismo. Es lo opuesto. El multiculturalismo que los globalistas pretenden imponer contra las tradiciones e instituciones de cada sistema nación viene a significar que todo es equivalente. Y cuando todo vale, ya nada vale nada.

Es un primer paso para el crecimiento del magma globalizador. Un estado entrópico en el que la clase media,  formadora y mantenedora de las instituciones que permiten el orden nacional es desestabilizada y luego arrasada con vistas a impedir la continuidad de la nación en el tiempo. Si el orden es arrasado, las poblaciones se encuentran indefensas ante los poderes e instituciones globalistas al servicio de la plutocracia financiera internacional.

Todo este proceso recuerda el que se produce cuando un virus infecta a una bacteria. Desbordada su membrana celular, el virus descodifica el código genético de la bacteria para imponer su propio código. La bacteria emplea sus recursos en replicar el mensaje genético del virus hasta que finalmente muere. Y los nuevos virus continúan infectando más bacterias.

Las elecciones francesas de ayer, vistas desde la Teoría de Sistemas, nos resultan muy reveladoras, nos muestran cómo actúan los virus políticos. Como su crecimiento se hace a nuestra costa.

La famosa Línea Maginot era el límite de un sistema defensivo cerrado.  Fue fácilmente desbordada por el enemigo. Pero es peor cuando los globalistas desbordan y atacan desde dentro del sistema empleando nuestros recursos e instituciones para destruirnos. No nos gustan ni convienen los sistemas cerrados. Sin embargo, es preciso recuperar sin tardanza nuestros códigos genéticos y las membranas semipermeables de nuestros sistemas abiertos.

Los amos de Macron acechan y van ganando.

 

 

 

 

 

 

 

 

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