Alfonso De la Vega

La Garita de Herbeira

Artículos, solfas y epistolarios

Unamuno, ochenta años después

La pasada noche de san Silvestre se han cumplido ochenta años de la muerte de don Miguel de Unamuno y Jugo en su residencia salmantina donde se encontraba bajo arresto domiciliario tras el conocido incidente en la Universidad con el famoso general Millán Astray acaecido durante la celebración de la fiesta de la Hispanidad de 1936.

El Rector de la Universidad de Salamanca tuvo la gallardía de hacer honor a su nombre, actuar como tal y defender públicamente la Razón y la Cultura, el sentido de la Libertad y de la Universidad, ante las impertinentes declaraciones de un Millán Astray desaforado. Lo que se sabe menos, porque no se suele contar, es el digno comportamiento que tuvo la mujer de Franco, doña Carmen Polo, defendiendo a don Miguel, y saliendo con él y acompañándolo para protegerle. Un gesto que le honra.

La trayectoria política de don Miguel no deja de ser interesante tanto en lo personal como en relación con las peripecias históricas españolas de su época. Liberalismo, socialismo, republicanismo, desencanto y amargura finales. Unamuno combatió la carcundia clerical vasca de jesuitas y PNV, el nacionalismo ventajista y retrógrado que tan bien narra otro escritor noventayochista, don Vicente Blasco Ibáñez en El Intruso.

Entre las dos Españas prefería el majestuoso tilo de los liberales bilbaínos al rústico roble nacionalista.

Como es sabido Unamuno sufrió destierro durante la Dictadura de Primo de Rivera en la isla canaria de Fuerteventura. Vivió un tiempo en su capital, llamada entonces Puerto de las cabras, en vez del más fino actual de Puerto del Rosario. Se fuga a Paris y regresa más tarde a España.

De su etapa ideológica republicana es interesante y poco conocida su correspondencia con el insigne poeta Antonio Machado, quien le confesaba su desencanto con “las repugnantes zurdas españolas”.

Más conocido es su descontento con la marcha de la Segunda República que tanto había contribuido a traer, junto con otros conocidos intelectuales.

Aunque el término de generación del 98 no está perfectamente delimitado, ni en el tiempo ni en sus integrantes, Unamuno siempre figura como indiscutible.

Es admisible creer que ahora nos encontramos en otra crisis con grandes similitudes con la del 98.  Pero también con importantes diferencias. Una de ellas es que hoy no parece que haya intelectuales de la talla de Unamuno para denunciar los abusos del Poder, ni menos aún, la búsqueda del sentido metafísico de nuestros males como nación civilizada. Ni la Universidad es hoy la que era.

Pero sabemos que esto de las crisis en España y de España constituye un problema recurrente. A principios del siglo pasado, Joaquín Costa estudiaba también la problemática del liberalismo español y su relación con la oligarquía y el caciquismo. Costa se quejaba del liberalismo formal, una cáscara hueca de legalidad y derechos formales pero que encubría una mohatra práctica al servicio de caciques y oligarcas.  Propugnaba como alternativa un nuevo liberalismo “orgánico, ético y (que) atienda a crear y afianzar dichas libertades con actos personales de los gobernantes principalmente, dirigidos a reprimir con mano de hierro, sin piedad y sin tregua, a caciques y oligarcas… haciendo de un Estado peor que feudal una nación de ciudadanos libres de hecho, con justicia y autoridades que protejan por igual sus personas, sus derechos y sus intereses”

El liberalismo no puede perder un componente espiritual, metafísico y humano, dedicado a satisfacer las necesidades reales de la gente. El valor de uso por encima del valor de cambio. Y un obstáculo para evitar el cautiverio contra el que también nos prevenía Cervantes.

Así, don Miguel de Unamuno, en respuesta a esta encuesta y en la misma concepción cervantina, había propugnado la importancia de los hombres y no solo de las ideas. Decía don Miguel: “vida interior necesitamos… no tanto leyes como personas nos hace falta, no ideas sino hombres. …el instrumento con que los hombres hacen hombres son las ideas, y que sin hombres no hacen ideas las ideas. Pero aquí hombres necesitamos…y ¿se hace hombres con la palabra?, creo que sí. La palabra es el gran ariete contra el caciquismo

Hombres e ideas, ideas y hombres. Unidos por la voluntad y en defensa de la Palabra. El gran desafío de la Cultura. Nuestro gran desafío de hoy para vencer la zozobra y tribulación que nos acechan. Sentir nuestros problemas y ofrecer respuestas a nuestra crisis actual es quizás el mejor homenaje que podemos ofrecer al maestro Unamuno en el ochenta aniversario de su muerte.

 

 

 

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